Lecturas. Las dos caras de Mark Millar

¡Pero qué listo es Mark Millar! O mejor, si se quiere, ¡qué pillo es el jodío! Porque es la única explicación que se me ocurre para esa extraña dicotomía esquizofrénica que suponer que el mismo guionista firme simultáneamente tebeos como The Authority y The Ultimates, radicalmente distintos.
En el segundo volumen de The Authority Millar aborda un corrosivo alegato sobre el género superheroico, pleno de referencias y con un mensaje vitriólico, que queda claramente demostrado en el brillante primer arco argumental de este guionista. Si Moore reivindicaba en El día del Juicio la necesidad de la vuelta a los superhéroes de siempre y su rechazo a la línea actual del género, en la saga “El nacimiento”, Millar le responde con la lectura contraria, matando literalmente toda una época de los tebeos con ese enfrentamiento simbólico entre este supergrupo del siglo XXI y los héroes creados por el terrible villano Jacob Krigstein (inspirado claramente en el nombre real de gran Jack Kirby, Jacob Kurtzberg), con sospechosas (o clarísimas) reminiscencias de los Vengadores clásicos, paradójicamente, la misma serie que escribe en Marvel. Un mensaje directo que se complementa con dosis salvajes de violencia gratuita y con frases tan taxativas como “No somos un supergrupo de cómic que se ve inmerso en peleas sin sentido con supercriminales absurdos mes tras mes para preservar el orden establecido”.
Millar usa los superhéroes y a sus lectores, se permite cambiar a los miembros del grupo sin miramientos (siguiendo, eso sí, los pasos de Milligan, aunque sea de lejos), matarlos, resucitarlos o hacerlos amantes posesos, en un juego cínico en el que la provocación llega, por supuesto, al terreno político, con brutales críticas a los gobiernos manipulados por las grandes corporaciones. No se puede decir que el mensaje sea nuevo (es más, me atrevería decir que entra dentro de los tópicos más manidos) e incluso tampoco lo es en el mundo de los superhéroes, pero hay que reconocerle a Millar que mezcla sin reparos ni vergüenza lo que muchos otros hicieron antes con la suficiente habilidad como para que la lectura de The Authority sea de lo más divertida. A lo que hay que añadir la gran labor de Quitely, que sin ser un dibujante brillante, proporciona un estilo sucio y urbano perfecto para la historia (que nos hace añorar lo que habría sido esta historia con un dibujante verdaderamente brillante como Juan Giménez, por ejemplo). Un tebeo a leer, aunque en el global de consideración del tebeo baje enteros la flojísima contribución de de Tom Peyer y Dustin Nguyen. (2+)
Pero lo curioso es que, tras el duro ejercicio físico de la salvajada, Millar se pone el traje de ejecutivo, mira las audiencias y al grito de “Pan y Circo” se lanza sin miramientos a la piscina de The Ultimates con discurso y estilo opuestos. Si bien es cierto que la violencia desatada sigue estando ahí como principal hilo conductor, ahora su propuesta básica se trastoca y transforma en un alegato profundamente patriótico. En el primer arco argumental de la serie, Millar creaba lo que se podría denominar el “tebeo de palomitas” siguiendo un clarísimo concepto: hay que sacar pasta. Y eso se consigue, primero, generando una serie que tenga una fácil adaptación cinematográfica y, segundo, con un argumento milimétricamente diseñado por ordenador con los ingredientes de cualquier película de palomitas blockbuster: efectos especiales, grandes peleas, un poco de amor, algún toque sexy y un discurso compatible con los tiempos post 11-S. Lo hizo, y bien, porque si hay algo que reconocerle a este primer arco es que es precisamente lo que buscaba: un espectáculo de fuegos de artificio tan entretenido como olvidable, perfecto para pasar un buen rato sin mayores miramientos y con un bol gigante de palomitas en nuestras tripas.
Pero agotar un modelo tiene problemas, como se demuestra en el segundo arco argumental de esta serie que está publicando Panini. La fórmula funcionó la primera vez, pero esta segunda, agotada la idea, se repite de forma escandalosa. Millar usa exactamente la misma estructura argumental que en el primer arco, incluso con coincidencias temáticas (hay que atrapar y encarcelar a Hulk/Thor, batalla espectacular con Hulk/Thor, etc…) que hacen que el globo se desinfle a velocidad de infarto. A lo que hay que añadir que la falta de ideas hace que los mensajes patrióticos de la primera aquí se exageren y huelan en exceso, fuera de lugar. Y como a perro flaco todo son pulgas, para colmo el espectacular Hitch pasa por un bajón y la necesidad de producir a velocidad adecuada para la industria se traduce en una pérdida de calidad evidente del dibujo respecto a la primera saga (lo de Dillon ni lo comento, es infumable hasta decir basta). El resultado es que la segunda saga de The Ultimates es indudablemente entretenida para un lector esporádico que no conozca la serie o el género, pero que desprende un molesto tufillo para el aficionado ya curtido en estas lides. (1-)
Dos tebeos que demuestran la indiscutible picardía y olfato de Millar, que cambia de chaqueta a la velocidad del rayo según lo jugoso de la oferta, capaz de firmar un discurso antiamericano en un tebeo y proamericano en otro, o de matar en un editorial al grupo de superhéroes que ensalza en otra. Lo dicho, el jodío es listo.