Lecturas. El Bruto 3

¿Se puede mezclar el encanto de Alicia en el País de las Maravillas con un maravilloso combate a la japonesa entre Godzilla y King-Kong? Dicho así, la respuesta más lógica es que no, que ni de coña oigan. ¡Ay!, pero es que el universo de El Bruto es una especie de excepción en la continuidad del espacio-tiempo creativo donde todo es posible. O eso o que Eric Powell es una especie de oligrofrénico perturbado, claro.
Dos posibilidades bien diferentes, a fe mía, que sólo tienen un punto en común: el goce para los sentidos que es la lectura del último volumen de El Bruto que acaba de editar Norma. No sé si es que tengo un momento espiritual especialmente confuso (en el que, con seguridad, nada tiene que ver la panzada que me he pegado a ver cine de ciencia-ficción serie Z estas navidades a resultas de la aparición de la maravillosa Planeta Prohibido en DVD), pero la verdad es que he disfrutado con este volumen como un enano. Comenzando con la particular versión de “Hellboy en el país de las maravillas”, y terminando con ese monumento a la serie Z que es el episodio del Hombre Lagarto, en el que Powell homenajea sin pudor a los tebeos de la Golden Age y sus interminables textos de apoyo a la vez que se marca un psicodélico cóctel a medio camino entre una película de terror de los cincuenta, un episodio de los Power Rangers y la delirante King-Kong contra Godzilla. Pero sin olvidar los momentos románticos e incluso introspectivos de las historias que completan el tomo. Cuatro buenas historias, de lectura en algunos momentos hilarante y que demuestran que la vena retro-terrorífica-homenaje que abrió Mignola con Hellboy tiene en Powell a su mejor (y aventajado) alumno. Muy divertida. (2+)