La poesía y la historieta

Se dice, y yo creo que se dice bien, que la poesía y la historieta tienen lenguajes muy similares (y no sólo lenguajes, porque a nivel comercial tienen también muchas similitudes). Ed Park lo resume perfectamente en la introducción a la serie de adaptaciones de poesía a la historieta que ha comenzado a publicar The Poetry Foundation. Su texto da en la diana de la comparación y los ejemplos que pone son casi perfectos: existe una clara equivalencia entre la forma de abordar la composición visual de la página de un dibujante y la de elegir y distribuir las palabras un poeta. La poesía, al igual que la historieta, marca ritmos de lectura y establece estructuras espaciales que son fundamentales en su lenguaje. La forma toma protagonismo total y deviene en parte indisoluble del discurso, en un nivel de importancia superior al de la narrativa. Buen ejemplo es que dan de las tiras diarias, en el que el autor debe hacer un ejercicio de síntesis narrativa y compositiva próximo al de los haikus japoneses.
Y, por supuesto, el gran ejemplo, del que hace poco hablaba y comentaba en la misma línea: Krazy Kat, una obra que sólo tiene sentido entendida como un gran poema visual, en el que todos y cada uno de los elementos son parte indistinta de un mensaje que incluye sensaciones visuales, sonoras e intelectuales. De hecho, me ha encantado ver una frase que yo digo muchas veces: Krazy Kat se debe leer en voz alta, es la única manera de captar toda su esencia.
Se estrena en esta serie de adaptaciones David Heatley, que adapta el poema de Diane Wakoski “Belly Dancer.”

Recordemos que no es una iniciativa nueva, ya que sins entido publicó dos libros que adaptan poemas: Plagio de Encantes y Tapa Roja, en este caso sobre poesías de Jesús Cuadrado.
Vía La Petite Claudine

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