Están aquí otra vez…

¿Os acordáis de los zombis de amarillo que inundaron esta mi ciudad hace unos meses? ¡Pues han vuelto! Multiplicados por diez, en hordas incontenibles más peligrosas que nunca… Ahora visten de negro, con extraños blusones (debe ser una variación de la sotana, en una evolución de la casaca amarilla esa de antes) y, lo que es peor, van armados hasta los dientes. Sobre todo los más pequeños, que portan consigo toneladas de material explosivo, que van tirando allá por donde pasan, destrozando tímpanos y paciencias de los pobres ciudadanos. Servidor no piensa salir ni a la puerta de la calle, que los zombies enanos estos pueden inmolarse en cualquier momento, sabedores que sus cuerpos inundados por la podedumbre no sufrirán la explosión. He hecho acopio de provisiones, de tebeos, libros y deuvedés para conseguir pasar unos días encerrado. Me da miedo mirar por la ventana, no sea que localicen nuestro refugio, pero lo poco que he podido intuir de su errático comportamiento me hace pensar que en breve la cosa puede ir a peor, que estos son capaces de quemar la ciudad. De hecho, han montado extraños altares funerarios en con formas de gigantescas figuras humanas, que a buen seguro quieren prender para rustir a sus víctimas antes de devorarlas. Lo que no entiendo, porque yo creía que los zombies gustaban de la carne humana cruda, aunque quién sabe, seguramente Adriá también se ha zombificado y les da ideas…
Espero sobrevivir…

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