La felicidad

Qué sencillo es ser feliz. Sencillísimo oigan. Sólo dos cosas bastan: la primera, un fugaz periplo gallego. Por corta que sea la estancia, algo debe tener aquella tierra que recarga el espíritu y lo deja henchido de felicidad. La segunda, volver a casa y encontrarse con buenos tebeos.
Hago rápida descripción de los ingredientes: mi paso por tierras gallegas se debió a la buena nueva del vigésimo aniversario de la librería Komic de Santiago de Compostela. Su dueño y señor tuvo a bien invitarme a dar unas charlas y yo, que me apunto a un bombardeo cuando la cosa consiste en visitar Galicia, no dudé ni un momento. Así que allí aterricé para una cortísima estancia que permitió constatar que el personal gallego es sencillamente encantador. Pío resultó ser un cicerone excepcional (sin olvidar la fundamental contribución de Xaime), uno de esos tipos que uno no duda en calificar de buena persona y agradable conversador, al que pronto se unirían Fran Bueno y David Rubín, mis dos compañeros de invitación celebradora. El primero, al que no conocía, demostraba que su fama de buenazo y gran tipo (además de gran dibujante) era completamente cierta. El segundo, me confirma que es uno de los autores más inteligentes que tiene el tebeo de Pirineos para bajo y que su futuro es mucho más brillante que su presente, que ya es decir. Tertulias maravillosas que espero no arruinasen mis charlas y verborreas sobre la visión del tebeo gallego.
Pero la cosa no acabó aquí, porque la fiesta continuó y por la tarde noche tuve el placer de volver a saludar a la gente de Ourense y A Coruña (Óscar y el gran Roberto, el mejor guía que se puede tener en esas tierras para el buen yantar y buen estar) y a blogueros insignes como el Sr. Punch habitual por esta página desde sus inicios, ya era hora que le pusiera cara al “nick”-; Felipe, responsable de esa genialidad llamada Uroloki o la gente de +quecómics o Zona. Sin olvidar, por supuesto, la suerte de conocer a Mariano Casas, autor de las inclasificables (y muy recomendables) Historias de Mariano.
Ya se sabe, día completo, día Comansi. Mis agradecimientos a todos los que allí me recibieron y agasajaron casi como un hermano.
Pero mi felicidad podía ser todavía mayor: nada más llegar a Valencia, mi librero preferido resulta tener dos maravillas esperándome: el tercer volumen de la genial recopilación de Gasolina Alley y el maravilloso y espectacular volumen de las planchas dominicales de la misma serie que ha hecho Peter Maresca. Libro gigante, gigantísimo, del mismo tamaño que el anterior dedicado a Little Nemo y en el que, de nuevo, Maresca hace una labor absolutamente impresionante de recuperación, consiguiendo que veamos las planchas no sólo al tamaño original, sino con el mismo color con el que fueron impresas. Servidor, que profesionalmente ha trabajado en cosas de esto de la teoría de la reproducción del color, sabe lo complejísima que es esta tarea. Pero es que si maravilloso es el continente, el contenido ya es de babeo compulsivo. King cambió radicalmente de discursos en las planchas dominicales y pasaba del costumbrismo realista de las tiras diarias a una explosión de imaginación y fantasía, en la Walt y Skeezix pasean por paisajes desbordantes que parecen sacados de Slumberland. Razón más que sobrada para disfrutarlas, pero a las que hay que añadir la impresionante arquitectura formal, con continuas experimentaciones sobre la narración y composición de páginas. Muchas de las planchas de King muestran recursos narrativos que décadas después serán considerados como “modernos”.
Me retiro a seguir maravillándome.