La mejor generación de autores de los últimos veinte años

En mi visita a Santiago, un periodista me preguntó: “¿Qué te parecen los autores gallegos?” y la respuesta fue instantánea: “la mejor generación de autores de los últimos veinte años en este país”. Una aseveración radical, pero que creo no excesiva, como intenté demostrar en la charla que di con motivo del vigésimo aniversario de la librería Komic, en la que hice una comparación con la que, según creo, es la otra gran generación de autores: la valenciana de los 80. Si bien han existido y existen impresionantes autores fuera de estas comunidades, creo que las dos únicas corrientes que se pueden articular de forma explícita como movimientos generacionales son la generación nacida en Valencia a finales de los 70 y que explotó en los 80 con el nombre de “nueva escuela valenciana” y a la que actualmente existe en Galicia alrededor de los colectivos BDBanda y Polaqia. Dos generaciones con similitudes y diferencias que pueden ayudar a entender el porqué de su génesis y los peligros a los que se enfrenta.
La generación valenciana de los Sento, Micharmut, Daniel Torres, Manel Gimeno o Mique Beltrán nació en los activos fanzines contraculturales de los 70, iniciativas que nacían en el ambiente de rebeldía cultural predemocrático tras la muerte de Franco. Unos autores que tuvieron en Miguel Calatayud a un guía estético y espiritual, perfecto preceptor para la ruptura formal que plantearon y que supuso una de las grandes renovaciones artísticas del tebeo europeo. Su éxito en las revistas de los 80 (sobre todo en la cabecera Cairo y, ya posteriormente, en los títulos de Complot), fue todo un referente para los autores valencianos que los siguieron (con las geniales Ana Juan y Ana Miralles a la cabeza). Sin embargo, tras el crash de las revistas de finales de la década de los 80, esta activa generación de autores desapareció prácticamente de la historieta. Con la excepción puntual de Daniel Torres, que sí ha seguido ligado a la historieta (aunque su principal dedicación ha sido en los últimos años la ilustración y la animación), el resto se ha dispersado en diferentes actividades, con retornos esporádicos a la historieta (como el caso de Manel Gimeno).
La pregunta es obvia: ¿se puede dar la misma situación en Galicia?
Desde luego, las coincidencias son obvias: autores aglutinados alrededor de fanzines, éxito rápido y presencia tutorial de un gran autor, en este caso, Miguelanxo Prado. Incluso existe coincidencia en la existencia de una publicación infantil autóctona: Camacuc, la única revista en valenciano y por autores valenciano, antecede en casi 15 años a Golfiño.
Sin embargo, esta apariencia de igualdad esconde diferencias fundamentales: en primer lugar, los autores gallegos se han estructurado alrededor de colectivos bien organizados, como Polaqia y BdBanda, una forma de actuación ya derivada de las primeras experiencias gallegas de los primeros noventa, con el Frente Comixario a la cabeza. Una circunstancia divergente que marca importantes disparidades a la hora de abordar su estudio, ya que la inmersión en grupos definidos permite un mayor florecimiento de nuevos autores, apoyados siempre por aquellos que tienen mayor experiencia. Los dos colectivos se han dedicado a una autoedición de calidad, con los fanzines BdBanda y Barsowia como cabezas de lanza de experimentación y entrenamiento de sus autores. Sin embargo, ésta no parece que sea la circunstancia definidora de las características del actual crecimiento del tebeo en Galicia. A finales de los 90 aparecen en la Comunidad Valenciana movimientos bien estructurados alrededor de colectivos (Como Vacas, 7 Monos o Epicentro) que comparten muchas de las características ya citadas incluyendo calidad-, pero que no consiguieron establecerse definitivamente.
Aparece ahí la primera de las grandes diferencias entre el movimiento gallego y el que se ha dado en el resto de comunidades: no sólo es necesario que exista un grupo de autores con ilusión y ganas, es preciso que existan elementos aglutinantes y motivadores. Y ahí, Galicia ha tenido dos aspectos fundamentales: los salones y el apoyo institucional.
Los salones y jornadas, con las Xornadas de Ourense y Viñetas desde O Atlántico como principales exponentes de la amplia oferta que se da en Galicia, han servido como nexo de unión y contacto para los autores. Citas de obligado cumplimiento a las que hay que añadir la fuerte vinculación de ambas citas con el movimiento fanzinero. Las Xornadas de Ourense han destacado siempre por su espectacular apoyo al fanzine, siendo responsabilidad suya algunas de las catalogaciones más exhaustivas de este tipo de publicaciones, pero también alentando a la presentación de fanzines en sus jornadas. Una característica que también ha destacado la cita coruñesa, siempre volcada en los autores gallegos. En la Comunidad Valenciana las citas brillan por su ausencia (con las honrosas excepciones de la Unicomic de Alicante más centrada en el tebeo americano- o las recientes Jornadas de Castellón todavía incipientes), impidiendo ese canal de comunicación entre autores que favorezca la colaboración mutua.
Pero además, esas actividades han tenido siempre apoyo institucional. Seguramente inconstante e insuficiente, pero presente. Mientras que en Valencia y alrededores las actividades relacionadas con la historieta apenas han tenido apoyo (salvo, claro está, que sean dedicadas a la Fórmula 1 o a la Copa América, ya se sabe de la amplia y longeva relación entre automovilismo, vela y tebeos…) las instituciones gallegas han destacado por su apoyo a las jornadas (recordemos que, además de las citadas, hay salones de solera en Cangas, Pontevedra, Arteixo…) o la prolija cantidad de certámenes, concursos y premios (entre los que destaca poderosamente en prestigio Premio castelao), pero también por la participación activa en la promoción del tebeo gallego. Incluso privado, ya que la falta de apoyo de una publicación tan carismática como Camacuc en Valencia contrasta con la realidad de Golfiño como suplemento de un periódico de gran tirada.
Pero, sobre todo, hay que referenciar especialmente la fundamental labor del portal de Banda Deseñada de Culturagalega.org, la única iniciativa que permite tener un listado completo de autores, obras y certámenes que se celebran en Galicia. Una actividad que se extiende a la promoción efectiva, patrocinando la presencia de autores gallegos en las citas más importantes nacionales (como el Salón del Cómic de Barcelona) o internacionales (como Angouleme).
Una diferencia clave y fundamental, que desvía la balanza claramente hacia el lado gallego y puede explicar la situación actual del tebeo en Galicia.
Sin embargo, los peligros siguen estando ahí: la falta de infraestructuras editoriales propias hacen compleja la supervivencia de estos autores (pese a que aparecen interesantes propuestas como Faktoría K, Xerais…). Los colectivos, como BDBanda o Polaqia pueden pseudoprofesionalizarse, pero los autores cometerían un grave error si pensasen que ésta puede ser una salida. Un error aumentado y multiplicado si se piensa que se puede vivir sólo del mercado en gallego: si bien es necesario y, a mi entender, obligatorio, que exista una oferta cultural en las lenguas propias (catalán, gallego, vasco…), sería absurdo no reconocer que, hoy por hoy, es un mercado exiguo que impide la profesionalización. Es más, puede crear la falsa sensación de mercado por la subsistencia a través de subvenciones. Es indudable que éstas son importantes para el comienzo de proyectos, pero los autores no pueden plantear su futuro profesional sólo a través de subvenciones y premios. Es insostenible y el resultado se resume claramente en el famoso dicho: “pan para hoy y hambre para mañana”.
Es obligado el paso a la profesionalización, hay que dejarse de la utópica visión del artista que vive ajeno a su entorno. Es una situación que, posiblemente, algunos pueden asumir, pero que asegura el fin del movimiento gallego de historieta (y, en general, de cualquiera).
¿Qué se puede hacer?
La solución, desde luego, es compleja. Por un lado, está claro que la actividad promocionadora de la actividad artística y cultural está funcionando perfectamente, pero por otro, se está bordeando un comprometido momento donde se genera un “tapón” de autores si no se les da salida profesional. La salida, obviamente, es concebir estructuras y mecanismos de apoyo a la profesionalización. Los primeros pasos son correctos: el apoyo a las “misiones comerciales” a salones. Pero esta actividad no se debe quedar ahí. Es probable que sea necesario buscar el establecimiento de agencias de promoción de los autores, que actúen dinámicamente, de forma preactiva en el fomento de los autores. No vale con llevar un stand a un salón. Hay que ir a ferias como Frankfurt (como ha hecho Ficomic con los autores catalanes) o Bolonia donde se den a conocer a los dibujantes y se busquen oportunidades de publicación. Ya que el mercado español es insuficiente, abramos el mercado extranjero a los autores. Yo no tengo ninguna duda de que autores como David Rubín, Miguel Porto, Emma Ríos, Diego Blanco, Kiko Da Silva y otros muchos pueden codearse de tú a tú con lo más granado del tebeo europeo. Pero difícilmente lo harán si los editores no los conocen.
Son ideas lanzadas al viento, pero sería terrible que, dentro de veinte años, ninguno de esos autores siguieran en la historieta y fuesen tan sólo recuerdos de momentos gloriosos.