¡Zombis!

Servidor es bien conocido por esos interneteros mundos como un gafapastoso, que lo mínimo que lee son tebeos sobre adaptaciones filosóficas de Kant dibujadas por artistas vanguardistas ucranianos con subtítulos en arameo. Por lo menos, ojo. Y no deja de ser cierto, porque no escondo yo mis filias y pasiones por tebeos de esos que admiten la dichosa etiqueta sin ningún tipo de rubor. Sin embargo, en un (creo) sano ejercicio de psicopatía de los gustos, no amago tampoco otra de mis pasiones preferidas: el género de terror. Soy un devorador nato de todo tipo de producciones del género, desde los ejercicios de elevada intelectualidad hasta los subproductos más deplorables que ni siquiera llegan al calificativo de basura. Vamos, que soy capaz de tragarme una película del indescriptible José Mújica Marins para pasar después a un inquietante tebeo de Suehiro Maruo sin inmutarme.
El caso, y voy entrando en materia, es que uno de los subgéneros del terror que me parece más interesante es el de zombies. Tanto las versiones más próximas a su origen legendario, con Tourneur o la maravillosa La legión de los hombres sin alma a la cabeza, como las que siguieron a la apasionante reescritura sociológica de Romero en La noche de los muertos vivientes. De hecho, creo que el género de zombies es, dentro del terror, uno de los que permite con más facilidad trasladar mensajes complejos y elaborados, logrando ahondar con facilidad en las inconsistencias y miserias del género humano. Que se lo digan a Robert Kirkman, por ejemplo, que está haciendo un excelente descenso a los infiernos del ser humano en su recomendabilísma Los muertos vivientes.
Semajente introducción permite comprender sin problemas el porqué de estar enganchado desde hace meses a Apocalipsis Zombie, Cronica en español de la llegada de los no muertos, una sorprendente adaptación de los relatos clásicos de zombies que tiene la particularidad de adaptarlos a escenarios reconocibles (culpa todo de mi señora, que fue a que me contagió el vicio de AZ). Manuel Loureiro, su autor, ha conseguido un relato que consigue poner los pelos de la nuca como escarpias gracias a la constante combinación de normalidad y próximidad con la que relata la llegada de los zombies a España. Buen conocedor del género y de sus múltiples vertientes, toma una estructura casi de documental ficcionado, recordando en muchos momentos a las geniales incursiones del hijo de Mel Brooks en el género (con esas indispensables Zombie Survival Guide y World War Z: An Oral History of the Zombie War a la cabeza -por cierto, de la que se espera adaptación cinematográfica-), pero siempre con un matiz personal y diferenciado, “a la española”, en suma.
Y enganchado como estoy a la dosis semanal de AZ, mi alegría por el anuncio de la versión novelada en papel de la obra no puede ser mayor. Dolmen acaba de anunciar que en breve estará disponible en las librerías Apocalipsis Z, con una espectacular portada de Enrique Corominas, que ha captado perfectamente el espíritu de la novela.
Que aunque no tenga que ver con tebeos, se la recomiendo efusivamente, oigan… (por cierto… ¡adaptación al cine y a la historieta, ya!)