Cincuenta años con Mortadelo y Filemón

Cincuenta años… Los personajes más famosos de nuestro tebeo cumplen ya medio siglo con una salud absolutamente envidiable, convertido en representación icónica ya de los tebeos españoles. Si a cualquier habitante de esta piel de toro le preguntáis que os diga un tebeo, con casi toda probabilidad se referirá a la creación de Francisco Ibáñez. Su éxito es indudable. Difícilmente se puede encontrar un equivalente en nuestro tebeo, con una popularidad que ha permanecido constante durante estas cinco décadas y con un nivel de ventas que hace palidecer a cualquier otro tebeo.
Porque, en el fondo, cuando lloramos sobre la situación del tebeo en España y la triste situación de los autores españoles, cometemos siempre, de forma consciente o no, un terrible olvido: el de Mortadelo y Filemón. La realidad, nos guste o no, es que en este país se venden muchísimos tebeos, millones de ellos. La gente no ha olvidado el tebeo, sigue comprándolos y devorándolos… los de Mortadelo y Filemón, claro. 170 títulos vivos en catálogo, que se reeditan continuadamente en ciclos de dos años, generando una cifra de negocio de vértigo. De hecho, no sería exagerado decir que sólo esta serie de Ibáñez es responsable de casi un 15-20% de las ventas de tebeos en nuestro país. La ecuación es obvia: ser autor de tebeos en España es un negocio millonario… si te llamas Francisco Ibáñez, claro.
Es verdad que la serie lleva años instalada en una rutina mecánica y repetitiva, con historias que aunque tengan todavía cierta capacidad de provocar unas sonrisas, son tan predecibles como olvidables, pero lo que es indudable es que el fenómeno Ibáñez es fundamental para el tebeo español. Es el equivalente al Astérix francés, un motor del mercado que permite que el tebeo se introduzca en todas las casas y que siga siendo parte indisoluble de la cultura popular de este país. Es muy probable que la crisis del tebeo que se dio en los 90 hubiese sido todavía más profunda de no contar con esta pareja de alelados agentes resistiendo impertérritos en los quioscos.
Aunque hoy la serie sea tan sólo una sombra de lo que fue, Mortadelo y Filemón es una obra que merece una reivindicación clara y sin prejuicios, que recuerde su mejor momento (desde las primeras historias de Pulgarcito a esas genialidades que son El sulfato atómico, Valor y al toro, Safari callejero, Chapeau el esmirriao o Contra el gang del chicharrón, por mucho que el autor abomine de ellas) y que respete su papel de impulsor de la industria del tebeo en el momento actual, pese a que esté lejos de su calidad actual.
Así que, ¡Felicidades!

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