Y luego nos quejamos…

A veces, demasiadas, el ombliguismo del mundo del tebeo nos lleva a considerar que los problemas de la historieta acaban y empiezan dentro de las limitadísimas fronteras de este mundillo. Quizás es una reacción natural, tribal si acaso, pero es indudable que los mimbres de los que están hechos los problemas de la historieta son comunes a los de otros problemas de la sociedad. Son simples consecuencias de gravaes cuestiones que, por una simple cuetsión de escala, en el reducido universo comiquero se transforman en apocalípticas soflamas. Un reduccionismo en el que caemos todos, yo el primero.
Basta ver uno de los titulares de hoy de EL PAÍS para comprender cómo se trasladan los problemas de la sociedad al tebeo: “La lectura lastra la educación de los jóvenes”. Una noticia derivada del demoledor informe PISA y que demuestra que si no se leen tebeos es porque, simplemente, no se lee. En general y sin prejuicios previos. Se podría aquí hablar de la cortedad de miras de una clase política que no ve en el tebeo una excelente herramienta de introducción a la lectura en el niño, pero quizás sería tan sólo una egoísta simplificación de un gravísimo y crucial problema, el del la creciente aculturalidad de nuestra sociedad (que, no lo dudemos, entronca con el discurso antiintelectual que hace poco se comentaba en filocomic).
Pero volviendo al tema en cuestión, basta ver un poco levantar la vista para comprobar que lo que consideramos horrores de la situación de la historieta no son más que repeticiones a escala de lo que pasa en otros campos de la cultura. Si nos quejamos de la falta de ventas del tebeo, sirva como comparación que la gran mayoría de los libros publicados en España difícilmente superan ventas de 1000 ejemplares (vaya, como los tebeos). Los autores de literatura, salvo las contadísimas excepciones de los bestsellers de turno, se dedican a otras tareas para poder asegurarse el condumio diario. Es verdad que hay muchos más autores que viven de la literatura que del tebeo, pero una simple regla de tres lleva de la una a la otra.
Odiosas comparaciones que no quitan que, por lo menos en algunos casos, las quejas sean fundamentadas: desde la falta de consideración a la cultura del tebeo a la nula equiparación de las ayudas institucionales, pero la comprobación de lo ocurrido con artes “serias” como el cine, el teatro o la literatura no permiten ser muy halagüeños en los resultados.