Simple

naranjo.jpgA veces, las cosas más sencillas son las más difíciles. Cuando intentamos contar algo, damos vueltas y vueltas, olvidamos la importancia de la simplicidad. En una extraña paradoja, en estos tiempos de vida acelerada, que nos obligan a lo telegráfico, a la síncopa de letras alteradas vía telefónica, la síntesis parece un ejercicio tan complejo y difícil que rara vez se práctica, sustituyéndola por una suerte de protocolos sociales resumidos ya pactados que ahorran dinero y sentimientos. Escribimos “Tq” o “TSpro” sin saber muy bien si esas taquigráficas expresiones no han dejado por el camino aquello que expresaban.
Aunque siempre hay alguien que demuestra saber cómo despojar al mensaje de todo lo fútil para quedarse con la esencia pura, como hace Gaspar Naranjo en De cómo te conocí, te amé y te odié, recientemente editado por Bizancio Ediciones. Historietas minimalistas, de apenas una página, reducidas a veces a tan sólo una viñeta, donde el autor cuenta eso que llamamos enamoramiento. Y lo hace con una sencillez aplastante: su dibujo se reduce apenas a unos esbozos de finísimas líneas, los trazos para que sus dos personajes sean no sólo reconocibles, sino tremendamente expresivos, sintetizados en una forma simbólica que permite a cualquiera verse representado en ese hombre y esa mujer básicos, en una Adán y una Eva que nos contarán sólo con sus gestos cómo el amor nace, crece y muere. Traslada al lector precisamente la síntesis perfecta de esos momentos únicos: la primera vez que vemos a nuestro amor, la primera cita, el primer beso y el arrebato de la pasión. Siempre con humor, buscando dejar desnudas las ideas y logrando que leamos cada página siempre con una sonrisa, en un seguido de entregas de una frescura desbordante y deliciosa.
Sólo por lo anterior, el álbum sería una lectura de lo más recomendable pero, además, Naranjo nos sorprende en cada página porque su aparente simplicidad resulta ser tan sólo un hábil truco de prestidigitación visual. Los trazos aparentemente apresurados, la limpieza de su página, esconde sorpresas que pasan desapercibidas a simple vista. Cuando comenzamos a ver la página más allá de las apariencias encontramos unas complejas tramoyas, que el autor maneja con sorprendente sabiduría. Es cuando percibimos que la composición de la página rompe las estructuras establecidas, que los ritmos visuales no siguen las normas comunes y nos llevan de arriba abajo, de abajo arriba, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, que se entrecruzan y vuelven sobre sus pasos, que forman círculos y atajos. Un inteligente trabajo de equilibrios compositivos, donde la narrativa se torna más visual que nunca en la búsqueda de esa síntesis pura, pero sin perder ni un ápice de su frescura.
Un tebeo recomendabilísimo tanto para pasar un buen rato de agradable lectura como para disfrutar de la inteligencia de un gran autor. (3+)


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Enlaces:

Ficha del autor en la web de la editorial
Portafolio de Gaspar Naranjo

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