¿Arte? contemporáneo

bobdeler.jpgNo se me ocurre mejor descripción de Bob Deler, la obra de Hernández cava y Keko recientemente publicada por Exit que su portada: el protagonista, ante un gran lienzo en blanco que sólo él admira mientras el resto de espectadores lee el rótulo que la acompaña: “Lienzo en blanco. Técnica mixta”.
Una mordaz descripción de la separación que se puede dar entre el arte y el pueblo, de ese ombliguismo autoreferencial en el que cae el arte moderno y, en extensión, todo el andamiaje creado a su alrededor para poder vivir de él. Bob Deler, el personaje creado por Hernández Cava, se antoja como una especie de paradójico y ambiguo protagonista de este mundo del arte. Sin que nunca sepamos cuál es su verdadero oficio, Deler aparece tanto como crítico máximo como desfacedor de entuertos, como instigador de las más absurdas definiciones como depositario de un sentido común que parece definitivamente perdido en ese mundo. Quizás, como bien indica Rosa Olivares en el prólogo, es que Bob Deler es alguien que sabe demasiado, que ve todo desde la perspectiva de quien conoce perfectamente cuándo se han sobrepasado los límites del absurdo o cuándo realmente nos encontramos ante una chispa de creación original. Una perspectiva que permite una visión contundente y demoledora del mundo del arte. Cava firma diálogos que parecen escritos con ácido sulfúrico, que queman con cada una de sus palabras y con conclusiones que sobrepasan ampliamente la ironía para llegar al mazazo de un martillo pilón del que no se escapan críticos, galeristas, coleccionistas, políticos, artistas o advenedizos que pasaban por allí. Una visión del mundo del arte deprimente y terrible, que llega a su máximo exponente en la última historia larga “Por si las moscas”, donde los museos se convierten en inmensos estercoleros, almacenes de mierda y moscas…y no precisamente de Piero Manzoni.
Un tebeo de inteligente guión que Keko, sin duda uno de los mejores dibujantes de los que disponemos en este país nuestro, multiplica y amplifica sin límite. Con su habitual calidad, Keko consigue atmósferas imposibles, incluyendo todo tipo de referentes, ya explícitos, ya sutiles, en sus viñetas.
Un tebeo de lectura obligatoria antes de entrar en ARCO. (3+)

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