Los niños mimados quieren seguir siendo niños

Menuda la ha montado en Francia Alain Finkielkraut. En una reciente entrevista a Liberation,  Finkielkraut hablaba sobre los peligros que corre la cultura hoy en día, y cuando le preguntaron sobre la BD, responde “que hay tantos libros a leer, lienzos a admirar, que no tengo tiempo que perder en ese que se llamaba antes los ilustrados. La belleza de los libros es que no tienen imágenes, que ofrecen camino libre a la imaginación. Cuando me cuentan una historia, tengo necesidad de que me den a pensar, que me den ganas de parar la lectura y levantar la cabeza, no que dibujen por mí a los héroes. Los niños mimados quieren seguir siendo niños.”
Aunque coincido con mucho de lo dicho en la entrevista (sobre todo en aquello que identifica la peligrosa tendencia de suponer que pensar es malo), es evidente que su boutade sobre la historieta es exagerada y sin lugar. Lo que ha merecido una carta abierta de la ACBD que, me temo, sigue con la misma argumentación de siempre: que si Maus es una obra maestra, etc.
Me parece que, a estas alturas, el discurso de la historieta debería ser algo más sólido que basarse siempre en la obra de Spiegelman para justificar su mayoría de edad. Y de hecho, me sorprende que las argumentaciones siempre vayan por ese camino. Es indudable la magistralidad de la obra de Spiegelman, pero para determinar la importancia de la literatura o la pintura nadie recurre a Cervantes o Velázquez, ¿por qué ocurre así en la historieta? ¿Será cierto que todavía no se merece la historieta su mayoría de edad?

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