El antídoto para Arrugas

Arrugas es un tebeo magistral, ya lo he comentado por algún sitio. Con sobrados méritos y virtudes para ganar el premio del Salón y los que se pongan por delante, pero que no puede evitar que su lectura nos lleve a un estado que no me atrevería calificar de depresivo, pero si de “preocupado”. Cuando uno pasa la última página de este álbum, no puede evitar darse cuenta de que el reloj es inasequible al desaliento y, lo peor, que lo llevamos puesto.
Pero, afortunadamente, tenemos Río Abajo, de Pascal Rabaté (Norma). Un creador visceralmente ecléctico, que es capaz de pasar de adaptar una obra de Alexis Tolstoi, interpretar un tema costumbrista en África del Sur, adaptar una novela infantil de Dick King-Smith o reemprender el viaje que Antón Chéjov hizo por Rusia en 1930 para acto seguido ponerse en el pellejo del viejo Emile, un anciano que pasa sus días pescando tranquilamente en un pequeño arroyo, en compañía de su amigo Edmond. La discusión con los amigos del bar, la exageración ante el pescatero sobre el tamaño de las capturas… La vida de Émile es feliz. Rutinaria y sin emociones, quizás, pero para quien ya las ha vivido todas, lo único necesario para pasar un buen día es poder levantarse al día siguiente.
Hasta que Edmond desapareció. Justo después, eso sí, de descubrirle a su compañero algunos pequeños secretos. Detallitos picarones, quizás, sin mayor importancia, pero que abrieron los ojos a Emile. ¿Podría volver a vivir o la vida ya se había acabado definitivamente?
Rabaté nos va enganchando en así la aventura de Émile, que comenzará un largo viaje (con no pocas conexiones con la maravillosa Una historia verdadera) que le dará las respuestas que andaba buscando. Lo hace sin prisas, que Émile es ya mayor, pero sin pausas, que no es cosa de perder el poco tiempo que queda. Transmitiendo al lector ese redescubrimiento de la vida, contagiándolo de las ganas de vivir y descubriendo que ese dicho que nos anuncia, cual publicidad de gran almacén, que “la vida comienza a los setenta” es mentira. Que la vida se acaba, jodidas cosas de la naturaleza, pero las ganas de vivirla no se acaban nunca.
Un mensaje vital, rebosante de contagioso optimismo, de esos que dejan como efecto secundario una sonrisa de felicidad de oreja a oreja que permanece durante horas.
Arrugas y Río Abajo. Dueto perfecto. Con el primero reflexionaremos, nos emocionaremos y pensaremos sobre nuestro futuro. Con el segundo nos reconciliaremos con ese futuro. (3+)

A ver si alguien se anima a publicar en España el resto de la obra de este autor, comenzando por la corrosiva La Marie en Plastique.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation