Simple (II)

Hice yo hace tiempo una entradita comentando la obra gaspar Naranjo, en que hablaba de la belleza de lo sencillo. Repito hoy, porque toca hablar de varias obras que, de una forma u otra, tienen en la sencillez su mayor don.
Vayamos por partes:
Insekt, de Sascha Hommer, es un sorprendente relato que pervierte las normas del cuento clásico, partiendo de elementos comunes, como la ingenuidad y la inocencia, para darles la vuelta por completo. Lo hace con un planteamiento original y subversivo: ¿Y si lo que le ocurrió a Gregor Samsa no fue un hecho aislado? ¿Y si una parte del mundo se hubiese transformado en espantosos y repugnantes insectos? Ya de por sí, el planteamiento de Hommer es sugerente, pero le da una nueva vuelta que lo hace todavía más inquietante: ¿Y si nadie lo supiese? Imaginemos por un momento: la ciudad está rodeada de contaminación y podredumbre. Un espeso humo negro lo invade todo, hasta tal extremo que es imposible distinguir cómo es la persona que tenemos delante.
¿Qué ocurriría en este caso? Kafka planteó una parábola del rechazo a la diferencia, pero en Insekt se le da una inteligente vuelta de tuerca, en el que el miedo a un aspecto diferente queda completa y totalmente interiorizado como una repugnancia que nace tan sólo de tabúes y miedo internos. Un desasosegante punto de partida que es acrecentado por la elección del autor de transformar toda la historia en una especie de versión inversa de El patito feo, haciendo que sean niños los protagonistas. Tan inocentes e ingenuos como posibles exponentes de la máxima crueldad, aquella que se hace cuando los conceptos del bien y del mal ni siquiera están definidos. Y nosotros, lectores, que podemos verlo todo pese a la negritud que todo lo impregna, asistimos inútiles al drama del pequeño Pascal. Sin poder intervenir, pero sufriendo la injusticia de algo que, en el fondo, sabemos que está dentro de todos: el miedo a lo diferente. Pese a la dureza de su mensaje, Hommer dejará todavía una puerta abierta a la esperanza. Aunque, quizás, esa esperanza es todavía más angustiosa.
– Si hay un tebeo que siempre creí que jamás sería editado en España es American Elf, de James Kochalka. Desde hace años, Kochalka desarrolla un diario en su página web, cuatro viñetas en las que su versión élfica nos cuenta su rutina diaria. Su dibujo sencillo, infantil, es el perfecto vehículo para la desbordante imaginación de Kochalka y su inusual capacidad para seguir viendo la vida desde los ojos vírgenes de un niño. Las actividades más vulgares son para él un reto continuo, es capaz de emocionarse con el vuelo de una mosca o con el descubrimento de una plantita, transformar un ruido en la noche en una pesadilla sin fin o convertir el vuelo de una paloma en la antesala de toda una historia sin fin. El mundo de Kochalka es una especie de nueva Historia interminable de Ende, donde cada ocurrencia rutinaria es la puerta a mundos infinitos. Hasta la pesadez de la obligación diaria de dibujar es utilizada por el autor como inspiración de historias diferentes. Pero todo, paradójicamente, sin perder nunca de vista la realidad. Esa ingenuidad permanente se mezcla con un punto de infantil gamberrismo, intentando siempre reírse de sí mismo, consiguiendo que el humor sea su ancla en la realidad. Un referente que se irá ampliando con sus seres queridos, desde su gatito a su mujer y su hijo. Me atrevería a decir que es absolutamente imposible leer American Elf sin esbozar una sonrisa.
En cualquier caso, mis enhorabuenas a Apa-Apa por atreverse a editar esta obra, indudablemente minoritaria, pero encantadora.

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