Josep María Beà en Mondo Brutto

Atentos a la impresionante entrevista a Josep María Beà que ofrece el Mondo Brutto de este mes. Sencillamente imprescindible.

Un pequeño avance de una entrevista larguísima y genial en muchos momentos:

MB: Leí que a esa edad enfermaste por lamer tebeos. ¿Es cierto o una broma surrealista?

BEÀ: Es cierto. Era todo tan triste aquellos años. Esperaba con ansiedad a que el distribuidor llegara al quiosco con el fajo de tebeos. Cuando tenía el ejemplar en mis manos, lo primero que hacía era oler la portada en busca del aroma especial de la tinta de imprenta, y entonces me apetecía lamerlo, sobre todo el rojo, y empezaba a lamer la portada hasta que quedaba descolorida. Un día empecé a encontrarme mal a causa de los pigmentos tóxicos que había en la tinta de imprenta. Mis padres me llevaron al médico y de allí al Hospital Clínico de Barcelona. Estuve ingresado una semana, recluido por lamer los tebeos que más me gustaban. Se lo confesé al médico y me aconsejó que no lo hiciera más. Por un momento me convertí en una pequeña celebridad en la planta donde estaba internado: el niño que lamía tebeos, el lamedor de tebeos.

MB: Regresando a las revistas de la transición, la mayoría desaparecieron de golpe.

BEÀ: Un día voy a entregar a la editorial Garbo mis 10 páginas semanales y descubro que ha cerrado. Todas sus revistas, de golpe, han ido a la quiebra. Y me quedo a cero, sin nada. Pero los dibujantes ya estábamos como blindados a estas cosas. Llegas a casa y le dices a tu esposa con toda tranquilidad: «oye, que no tengo trabajo, ya buscaré algo». Así que miro en La Vanguardia y veo un anuncio: “Artemar, empresa de arte para EEUU, busca pintores al óleo”. Así que me planto en la dirección de la Barceloneta que venía referenciada. Una cosa supercutre. Llamo y me abre un tipo con una camiseta cochambrosa.
— Hola, venía por lo del anuncio…
— ¿Tú sabes pintar?
— Si —, respondo mientras me arrepiento de no haber llevado un currículum.
— Pues pasa, pasa.
Entro y buff, noto un olor a pescado que tumba.
— Aquí pintamos mejillones. Tenemos tres tipos. El mejillón simple, en el que se pone solamente “Recuerdo de Lloret”. Los pagamos a 25 pesetas la unidad. El mediano: “Souvenir de Blanes” y un torero, a 75 pesetas. Y luego el atómico.
Y va y me saca un pedazo de mejillón que me digo “joder, de dónde lo ha sacado, estos no los pilla ni el Costeau”.
— El atómico —, prosigue el tipo, — lleva “Recuerdo de la Costa Brava”, torero, Manola y guitarra española. Lo pagamos a 100 pesetas la unidad. Todo esto se vende en tiendas de la costa y los excedentes de exportan a los Almacenes Sears de Estados Unidos. ¿Cuántos quieres?
— ¿Qué?
— Que te los doy ahora.
— Pues déme, no sé, 50 simples, 50 medianos y 15 atómicos.
Y mientras el tipo lo busca, llega otro con un saco lleno de mejillones pintados y le pagan al contado, un fajo billetes arrugados. Así que cojo mi saco y lo meto en el coche. Llego al estudio y le digo a mi socio Manel: «tenemos trabajo», y vuelco la gran mejillonada. No veas qué peste. Y eso que estaban lavados… de hecho, se podía ganar más si los lavabas tú mismo, pero no molaba nada. Enseguida nos dimos cuenta de que lo más rentable eran los sencillos. El mejillón atómico daba mucho trabajo y no salía a cuenta, pero claro, había que coger de los tres.

MB: ¿Así que nada de cómic?
BEÀ: A veces me proponen una segunda parte de “Historias de la Taberna Galática”, pero hay un miedo demasiado grande a una caída. He visto la decadencia de los Caniff, Robbins y no quiero que me pase lo mismo. No he conocido a nadie que me haya dicho «he disfrutado dibujando tebeos». No es algo divertido. Es duro. Idear la historia, planificarla, dibujarla… El músico es el único artista que desde el escenario ve la respuesta de la gente, nosotros nos pasamos años encerrados en una habituación, en soledad. No es divertido.

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