Bienvenidos a Zapiburgo

Toda una agradable sorpresa el debut en España de Alfonso Zapico con Café Budapest. Tras la desconocida en nuestro país La guerre du professeur Bertenev (Editada por Paquet y que recibió el Prix BD Romanesque en el FestiBD Ville de Moulins 2007), Zapico publica esta obra que se centra en el análisis de la problemática judeo-palestina dirigiéndose directamente a la génesis del conflicto, desplazando la acción al momento de la creación del estado de Israel en 1947 y mostrando, con bastante rigurosidad, todo lo ocurrido en ese convulso periodo. Zapico, hábilmente, toma como protagonistas a una familia de judíos húngaros que, tras el holocausto, deciden trasladarse a Jerusalén en busca de un futuro que les permita olvidar el pasado. Pese a que la historia busca cierta coralidad, el autor centra el peso de la trama sobre dos figuras, el joven Yechezkel y su tío Yosef. Una elección interesante, en tanto en cuanto le permite jugar con dos aproximaciones radicalmente distintas al problema: la de la ingenuidad del joven violinista frente a la experiencia sobrada de su tío, ya curtido en las luchas sindicales como anarquista. Dos ejes sobre los que se desarrollará un doble discurso: por un lado, la denuncia radical de la violencia y la exclusión como forma de reivindicación. Por otro, un sentido alegato por la unión y la superación de las diferencias de credo y raza.
Con un clara deuda en el apartado formal de la nueva generación de autores franceses (con Sfar, Blain y Peeters a la cabeza), Zapico va construyendo un relato donde sobresale con fuerza la componente de cuidada documentación histórica y escenográfica, un trabajo que se reconoce exhaustivo (aunque con algunos errores, si no me equivoco, el edificio de la UN no existía en 1947) y que se manifiesta en el más que destacable trabajo gráfico, tanto escenográfica como narrativamente.
Personalmente, el único problema que le puedo encontrar a la obra de Zapico es un cierto exceso de ingenuidad en los resultados de su análisis. Es evidente cierta vocación de parábola moral en las intenciones y objetivos de Café Budapest, pero a la vista del enquistamiento y posterior desarrollo histórico del enfrentamiento entre judíos y el mundo árabe, algunos de los planteamientos utilizados por el autor se revelan como bienintencionados, pero insuficientes. Reclamar la igualdad de los seres humanos por encima de los credos es una reivindicación sensata, lógica y, me atrevería a decir, necesaria, pero al ser enmarcada en un escenario donde ya sabemos que ha fracasado estrepitosamente, resulta en una llamada ímproba. Es quizás en esa línea donde el uso de tópicos y de alguna exageración en el argumento, que en otras condiciones no hubieran supuesto ningún inconveniente y serían de fácil asimilación por la trama, desenfocan en ocasiones el objetivo inicial de Zapico. Trabas que, posiblemente, tienen más que ver con un lógico ímpetu guiado con la ambición del todavía autor debutante (pese a que hoy dos obras publicadas sean una experiencia increíble), casi obligado siempre a reclamar el cambio del mundo, que con deficiencias del trabajo del autor.
En cualquier caso, aunque sea inocente, es difícil no participar del llamamiento que hace el autor, henchido de ese ímpetu que todo debutante tiene por cambiar el mundo con unos argumentos que, en su sencillez, son universales. Es verdad que la realidad ha demostrado ser muy cruel con la utopía, pero quizás no es mala política reivindicarla de vez en cuando. Si encima se hace desde una historia que, pese a los pocos problemas antes mencionados, está bien contada y contagia al lector en muchos momentos, ¿qué más se puede pedir? (2-)
A ver si se publica pronto en España la priemra obra de este más que prometedor autor, al que tendremos que seguir muy de cerca. Por cierto, no os perdáis la web de Zapico: Zapiburgo.

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