El Papa que da (más) hostias

Battle Pope no es un buen tebeo, pero es un tebeo recomendable. Antes de que me empecéis a recomendar a psicólogos, psiquiatras o residencias de reposo e incluso reclusión, dejad que me explique:
A poco que una lea los tebeos de Battle Pope, se dará cuenta que el estreno de Kirkman y Moore es un debut con todos los tics del que comienza, un tebeo con apariencia comercial pero que siendo un fanzine hecho con muchísima buena voluntad y, todavía, muy pocos fundamentos. Se podría intentar decir que Kirkman ya deja entrever cualidades innatas para el guión y que Moore demuestra buenas hechuras en el apartado gráfico, pero la realidad es que esta delirante versión del apocalipsis con un Papa hipermusculizado, camorrista y putero no deja de ser una gamberrada adolescente.
A poco que se intente analizar seriamente el tebeo, se te cae de las manos, es cierto. Sin embargo, Battle Pope tiene “algo” que lo hace realmente divertido. Es quizás esa mezcla de gamberrismo desmadrado irreverente, de falta absoluta de ambiciones y de -hasta cierto punto- ingenuidad de planteamientos lo que le impregna de un tufillo a serie Z de lo más atractivo. Es un tebeo que apuesta desde el primer momento por reírse de sí mismo, en un sanísimo ejercicio de incredulidad que, indudablemente, contagia al lector.
La continua carga contra la religión, brutal, podría caer fácilmente en la ya manida “ecuación Ennis” de la provocación facilona con aires de intelectualidad cínica, pero Kirkman deja claro desde el principio que no hay un objetivo profundo tras sus invectivas. Su Papa se tira a todo bicho viviente, va acompañado de un Jesucristo de opereta y se dedica a cargarse demonios de la forma más gore posible porque, simplemente, es un gamberro. Y se nota que Moore y Kirkman se lo pasan en grande sin más interés que ese, divertirse cual niños de la manera más escatológica y bestia posible. Un juego infantil al que invitan al lector a participar, con una llamada tan simple como efectiva y a la que se responde con evidente facilidad. Sabes desde el primer momento lo que estás leyendo y la sinceridad de la propuesta no engaña: sólo tienes que dejarte llevar y reírte con las burradas planteadas, sin más.
Y eso, desde luego, lo logran.
Eso sí, absoluta y totalmente desaconsejado a los espíritus sensibles que se escandalicen con facilidad. Y si son católicos practicantes, menos. (1)

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