21st Century Deception

Tras el cierre en falso de 20th Century Boys, reconozco que esperaba como agua de Mayo la publicación de los dos volúmenes de 21st Century Boys, una supuesta miniserie que, en realidad, debía aportar el verdadero final a la larga obra de Naoki Urasawa. Tras casi tres años fascinado por la increíble capacidad narrativa y creadora de este autor, los últimos volúmenes de esta larga historia me dejaron completamente descolocado. Con el referente previo de Monster, era muy consciente de la extraordinaria capacidad de Urasawa para extender la narración sin perder nunca un ápice de tensión dramática. Lo que en otros autores japoneses se suele traducir en aburrida repetición de estructuras y argumentos hasta la extenuación, en Urasawa suele ser una inspirada e inteligente apertura de nuevos caminos e ideas. Es evidente que está alargando la historia, pero conseguía amagar su intención tras una compleja estructura de personajes y un argumento de líneas paralelas que le permitía saltar de una a otra, explorar determinados aspectos de la trama, etc. La lectura de 20th Century Boys me pareció subyugante: cada nuevo giro del guión te dejaba clavado a la silla, con nuevas sorpresas, nuevas ideas y un tratamiento formal extraordinario. Urasawa es un narrador nato, que mueve los hilos de la historia con una precisión milimétrica, un tramoyista perfecto para un espectáculo que en el fondo, agradecemos que se eternice.
Sin embargo, a medida que se acercaba el final de la saga, comenzaba a sembrarse la duda. ¿realmente sabía Urasawa hacia dónde se dirigía? En Monster el autor tenía muy claros el principio y el final, lo que dotaba al conjunto de una sólida consistencia, pero en esta nueva obra no parecía tan claro ese final de cabo que atase todo el conjunto. Y, de hecho, lo que era una sensación se transformó en una constatación: el final de 20th Century Boys fue inconsistente y, si se me apura absurdo. Afortunadamente, ese final se acompañó del aviso de que el autor retomaría la serie unos meses después para dar un epílogo real a la historia. Era una nueva tranquilizadora: si Urasawa había perdido las riendas de la narración, un descanso podía ayudarle a retomar con más bríos la historia y cerrarla de forma coherente.
Y llegó el ansiado 21st Century Boys, un epílogo que, tras pasar la última página, me ha dejado completa y absolutamente decepcionado. El cierre en falso se mejora levemente, es indudable, pero con un final que en modo alguno está a la altura de la macrosaga. Urasawa ha intentado escenificar un gigantesco “efecto mariposa” temporal, jugando con la clásica estructura de relato de Stephen King y llevándola mucho más allá, pero sin llegar a conseguir cerrar el círculo de una forma perfecta.
Que no se me malinterprete: 20th Century Boys y 21st Century Boys conforman una serie brillante en su conjunto, pero que deja una sensación agridulce tras pasar la última página. La expectativa continuada que va generando en cada volumen queda desvirtuada por un final que sabe a poco, incluso difícil de seguir tras el baile de personajes del último tercio de la obra. Pese a que la serie tiene un 80% de desarrollo brillantísimo, en algunos momentos memorable, ese último 20% es el que queda en nuestra memoria y que hace que se minusvalore injustamente el juicio final.
Servidor se queda con los excelentes buenos momentos de lectura que he tenido con esta serie y con el increíble pulso narrativo de Urasawa. Intentaré borrar lo más rápido de mi memoria esta decepción final para esperar con ansia la publicación de Pluto.

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