Mi nombre es Inspector, Inspector de Hacienda

Parece difícil que una serie tenga como protagonista a un inspector de hacienda. En el imaginario colectivo la figura de estos funcionarios aparece marcada con el estigma de la dolorosa obligación anual que tenemos los ciudadanos de a pie, y su sola mención suele provocar un canguelo creciente, de lo menos recomendable para estas cosas de la identificación con el héroe y demás.
Pero no es imposible: a fin de cuentas, la experiencia dice que algunos de los villanos más peligrosos del mundo real han visto frenada su carrera no por la presión policial, sino por la ímproba labor de un inspector de hacienda. Que se lo digan al señor Capone, que acabó con sus huesos en la cárcel gracias a Don Elliot Ness, quisquilloso inspector de hacienda.
Intentando emular al famoso agente y sus intocables, Desberg y Vrancken han creado la figura de Larry B. Max, un inspector del fisco que se dedica a buscar grandes defraudadores y que protagoniza IR$. Eso sí, más que un laborioso funcionario lo que encontraremos es un emulo de James Bond, guapo, atlético y con una capacidad deductiva sin igual, capaz de deducir la talla del pantalón que usamos con sólo ver nuestra declaración de hacienda.
La idea, aunque rara, podría ser atractiva, pero a poco que vamos pasando las páginas, es evidente Desberg – un guionista de oficio que sin ser brillante suele ser eficaz- acude desde el principio a la fórmula y el truco para poder hacer avanzar una historia casi inexistente. La trama se crea a golpe de efectos sin demasiada conexión y resulta cada vez menos creíble, sin que el mecánico dibujo de Vrancken consiga sacar la serie de la atonía. De hecho, su estilo a medio camino entre Vance, Franq y Renaud –destrozado, todo sea dicho, por el colorista – sólo logra que la comparación del dibujo alcance al guión. Y evidentemente, Desberg no es Van Hamme. Ni siquiera Senté, del que hace poco leíamos un experimento con no pocas conexiones con esta obra (Janitor, un Bond fuera de lugar) pero mucho mejores resultados, fundamentalmente porque Senté y Boucq parten desde el primer momento del homenaje sin ocultarlo.
IR$ ha tenido un gran éxito en Francia, donde lleva ya diez volúmenes que, espero, sean mejores que éste. (0)

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