Ignorantes

Puede parecer un sinsentido, pero el manga en España sigue siendo un gran desconocido. Y no, no me refiero a la consideración que el público en general tiene del manga, con todos sus prejuicios e inopias, sino al conocimiento que los propios aficionados a la historieta tenemos del tebeo japonés. Es verdad que el manga arrasa en las listas de ventas y que copa las baldas de las librerías especializadas, pero apenas conocemos su historia, sus clásicos y sus obras maestras. Todos podemos citar un buen número de megaéxitos y archifamosos dibujantes japoneses, pero seguimos sin conocer más clásicos que a Osamu Tezuka o Rumiko Takahashi, estamos en la absoluta ignorancia de los autores menos comerciales, del fértil “underground” japonés que nació al amparo de la revista Garo. Nombres como Yoshihiro Tsuge, Shigeru Tamura, Seiichi Hayashi, Machiko Hasegawa, Sanpei Sato o Shigeru MIzuki siguen siendo ilustres desconocidos para el lector español. Aunque tampoco comencemos a fustigarnos demasiado rápido: aunque el refrán marque aquello de que “mal de muchos, consuelo de tontos”, la realidad es que las lagunas sobre el tebeo japonés son comunes en todo occidente. Afortunadamente, poco a poco se van dando pequeños pasos que, con suerte, veremos algún día por estos lares.
Vaya como anticipo el comentario de dos tebeos, muy diferentes entre sí, pero que coinciden en su origen en la generación Garo: El hombre sin talento, de Yoshiharu Tsuge y Red-Colored Elegy, de Seiichi Hayashi.
La obra de Tsuge, todo un clásico del gekiga, cuenta la historia del mangaka Sukezô Sukekawa, un autor de éxito que decide apartarse del mundo para dedicarse al arte del Suiseki, una disciplina que busca la belleza de las piedras naturales. En un pequeño puesto al lado del rio, Sukezô intenta vender las piedras que encuentra a unos turistas que lo ignoran. Es despreciado por su familia, que no entiende por qué tienen que vivir en la indigencia, por una sociedad que no entiende sus deseos e incluso por sí mismo, que se considera un fracasado. Un tebeo con gran cantidad de elementos autobiográficos (Tsuge padece depresión crónica y dejó el manga para abrir una tienda de cámaras fotográficas usadas) que supone una profunda reflexión sobre el arte, la creación y su inclusión en una sociedad de consumo. No hay juicios, sólo preguntas que van dejándose apenas esbozadas: ¿dónde está el arte en la industria? ¿es posible que exista arte dentro del entramado industrial?¿qué es lo que crea el artista? Sukezô/Tsuge rechazan de plano lo comercial, intentan desesperadamente encontrar la manera de ganar dinero de las formas más extravagantes, obviando siempre la forma más sencilla: dejarse llevar por la industria. Intentos vanos que el artista irá asumiendo como fracasos uno tras otro, como algo más que obstáculos en el camino. Son puertas que se van cerrando en su intento de poder vivir de aquello que le pide su corazón. Y con cada puerta, una esperanza que, en el fondo sabe imposible porque duda hasta de su propio arte. La elección del suiseki no es casual: ¿cuál es la tarea del artista en la elección de una piedra? El artista elige una forma caprichosa de la naturaleza pero, ¿hasta qué punto es él creador de algo? No es más que un mero intermediario entre las fuerzas de la naturaleza y un comprador, un simple interpretador que no aporta más que una idea a lo que ya está hecho. ¿Es el arte eso? ¿Realmente existe pues el arte?
Con la parsimonia habitual de la narración oriental, Tsuge nos introduce en un camino depresivo sin retorno, una visión pesimista y cruel que no admite que ilusiones y anhelos puedan tener un final feliz. Sentimientos que envuelven también al lector y que se contagian, obligando a una reflexión profunda sobre el propio sentido de la vida. Una obra maestra (5)
Por su parte Red-Colored Elegy de Seiichi Hayashi rompe por completo tanto en forma y fondo con la obra de Tsuge. Hayashi compone un poema visual sobre el amor, compuesto de pequeñas píldoras de cotidianeidad que van desgranando la esencia del amor. La historia de Ichiro y Sachiko, escrita entre 1970 y 1971, nace de una variada unión de influencias, que van desde los planteamientos realistas de la nouvelle vague francesa hasta la tradición de los haikus, combinándose en una forma distinta de poesía visual, en la que la página aporta un ritmo especial para unos dibujos apenas esbozados, en los que los personajes parecen apenas unos trazos livianos, de rostros sin rasgos que dejan toda la expresividad en el lenguaje de los cuerpos, obligados a narrar con sus posturas, con sus ademanes, haciendo que sus miembros formen líneas que llevan la vista como en un poema gráfico, en un hipnótico movimiento que nos hablará de la incomprensión de sus padres, de las dificultades de una joven pareja y, sobre todo, del amor, de su presencia en cada acto diario, desde un desayuno a un enfado, de una sonrisa al sexo. Pero es que, además, Hayashi se permite juegos con los referentes visuales de su época, incluyendo imágenes de animación, de publicidad, anclajes con la realidad que parecen elementos oníricos dentro de la existencia de los protagonistas. Una bellísima obra, delicada e insinuante, de sensibilidad exquisita. (4)

Dos obras soberbias que nos demuestran hasta qué punto somos ignorantes de las maravillas que el manga esconde para el público occidental. A ver si alguna editorial española se atreve con estas dos o con la deliciosa NonNonBa de Shigeru Mizuki.
Enlaces:
Avance de Red-Colored Elegy 

Más revistas desde latinoamérica

Y más revistas para descargar desde latinoamérica, una excelente oportunidad para conocer cuál es la realidad que se vive en países como Chile, Bolivia o Colombia, verdaderos desconocidos del mundo del tebeo en nuestro país.

Desde Bolivia, segundo número de PachamamaZombie:

Desde Chile, cuarto número de Blanco experimental

Desde Colombia, Vinagreta Garbo

Y, por supuesto, Corderitopatacomics desde Barcelona:

¿Qué sabes de editores de tebeos?

Curiosidad veraniega donde las haya: Mauro Entrialgo ha preparado un minipasatiempo de preguntas sobre editores de tebeos españoles para el videojuego Buzz! de la PS3. Para jugar, se puede acceder desde el propio juego, con toda la parafernalia propia o de él (sección “Mybuzz”, apartado “Cultura general”, subapartado “Cómics y diseño gráfico”) o bien de una forma más sencilla desde cualquier navegador, desde la web de MyBuzz.

Regreso al futuro

Si hay un autor que no deja de sorprenderme continuamente con sus propuestas narrativas, ése es Alex Robinson. Me acaba de llegar su última obra publicada en los USA, Too Cool to Be Forgotten y me vuelvo a quedar maravillado por la habilidad de este autor para buscar nuevas ideas y nuevas formas de expresar sus historias. En muchos casos, sus préstamos son sutiles variaciones de recursos pictóricos o de otras artes, pero siempre con una frescura e integración en la narración tan perfecta que sorprende casi como un hallazgo nuevo. En su nueva obra, Robinson entra en un terreno bien conocido, el del retorno al pasado que permita variar el futuro, una especie de revisión de Regreso al futuro de Zemeckis o, más bien, de versión americana de Barrio Lejano, esta vez en clave de fumador empedernido que debe buscar el primer momento en que cató un cigarrillo para poder dejar en el futuro su vicio. Una anécdota sencilla, que Robinson plantea directamente como una especie de largo sueño inducido por hipnosis que poco a poco se va convirtiendo en un sentimiento tan real que sustituye a la realidad. Y, a partir de ahí, una excelente y profunda reflexión sobre pasado y presente, sobre aquellas oportunidades que dejamos pasar y que nunca volverán. Un continuo de futuribles imposibles que Robinson maneja con pulso firme, sabiendo dosificar humor y reflexión a partes iguales, dejando que la historia fluya con naturalidad y consiguiendo que el lector llegue a asumirla como posible. Lentamente, aquella premisa inicial quedará sólo como una excusa para la verdadera intención del autor, que sobrepasará ese momento iniciático tabaquil para entrar en una situación mucho más compleja, de reivindicación de momentos robados.
A medida que avanza la obra, es verdad que existen muchos puntos de coincidencia con la obra de Taniguchi, sobre todo los derivados del planteamiento de un protagonista adulto en el cuerpo de un adolescente, pero no dejan de tener cierta lógica al partir de dos premisas argumentales tan similares. Sin embargo, el humor con que carga Robinson en muchos momentos sus planteamientos, cierta angustia vital más propia del underground americano y, sobre todo, el planteamiento narrativo, las separa como dos obras que, aunque similares, son valiosas cada una en su terreno. Sin llegar al nivel de su anterior obra, Estafados, Robinson demuestra un envidiable nivel medio de calidad y, sobre todo, un interés continuado por la investigación narrativa, de la que encontraremos momentos brillantes en este libro.
A ver si Astiberri (supongo) lo publica pronto en España (3).