Más de revistas

Ya puestos a hablar de revistas, nada mejor que hacer un rápido repaso a algunas de las pocas que todavía quedan. Revistas que si bien pueden rememorar formalmente a aquellas de las que hablábamos hace apenas un par de días, forman parte de una realidad bien diferente: su distribución está restringida a las librerías especializadas, con tiradas muy pequeñas; los autores cobran testimonialmente (cuando cobran) por su participación y, tras esa apariencia de acabado profesional encontramos más el espíritu imbatible e ilusionado del fanzine que la propuesta de ambición comercial.
Comienzo por el MALAVIDA 17, que comparte con TMEO, Amaniaco y Cretino el espacio de las revistas de corte satírico, de sana irreverencia más que demostrable en este “Especial Vidas de Santos” que se atreve con Santa Traci Lords, San Sid Vicious (Virgen y mártir) o San José (patrón de los cornudos). Los malavideros siguen fieles a su ideario y excepción hecha del Olimpo de Dioses de Bruguera, no respetan a nada ni a nadie, aportando sal gruesa y un buen rato de risas en estos días de calor. A destacar, como ya es habitual, el buen trabajo de Dionisio Platel, que en momentos recuerda al delirante Boldú.
Por su parte, Dos veces breve llega a su decimoquinta entrega liberándose del yugo de los especiales temáticos y dejando libertad a sus autores, lo que se traduce en uno de los mejores números de esta nueva etapa de la revista. Curioso es, sin embargo, que la coincidencia consiga cierta unidad entre algunas de las historias, que comparten una estructura de final abierto, que deja al lector la tarea de seguir indagando en la historia. Es el caso de la espléndida historia de Álex Romero y Enrique Bonet, una especie de preludio a las pesadillas infantiles o de la versión de la muerte de Paul McCartney de Raúl Ariño. Aunque si tuviera que elegir mis historietas preferidas de este número, tendría que decantarme por la genialidad de Lorenzo Gómez y por la ya clásica seguridad de Fermín Sólis- El primero sintetiza en dos páginas toda su capacidad historietística, con una historia sugerente que se nutre de una brillante composición en la que está cuidada desde la estructura de la página hasta la elección cromática, consiguiendo una doble página excelente. Por su parte, el cacereño no falla y realiza una sorprendente mezcla del Big Man de Mazzucchelli y, me atrevería a decir, el Frankenstein de James Whale. Dos grandes historietas que se acompañan nada más y anda menos que de la vuelta de Luis García, que junto a otro García, Jorge, realizan una dura denuncia de la masacre de tutsis ocurrida a mediados de los 90. Un número muy recomendable.
Y para acabar, el séptimo número de El Manglar, que llega a las cien páginas manteniendo su excelente factura y calidad media de contenidos, aumentando la participación de autores españoles respecto a foráneos. Entre los de aquí, destacan la irreverencia de elfelix y Jorge Parras, que se alía con la divertidísima entrega del Zorgo de Luis Bustos o la curiosa versión de David B que se marca un Lorenzo Gómez en estado de gracia. Por su parte Santiago García se dedica a explorar las posibilidades narrativas de diferentes formatos, jugando con la tira de prensa (con sus correspondientes dominicales) con Pepo Pérez y con una que recuerda a aquellas historietas didácticas que incluían las revistas de los 70, contando la historia de Brunelleschi con un inspirado Javier Olivares. En el lado nacional, sorpresa con David Sánchez, con un estilo tan gélido como extrañamente atractivo. Por su parte, de los foráneos destacar el inicio de la recomendadísma Pascal Brutal de Riad Satouff, a mi entender sobrevalorada pese a que tenga momentos reseñables en una línea excesivamente irregular. Caso aparte es el delirante Mathieu Sapin, siempre delirante con su mezcla de humor absurdo y referentes de cultura popular. A ver si alguien se atreve con su divertidísimo Supermugerman. Ricardo Esteban y Manuel Bartual han conseguido una gran revista, que esperemos que siga apareciendo en las librerías…