Reseñando en más de una línea: El Santuario de Gondwana

Soy fiel seguidor de Sente desde su brillante reinterpretación de la tradición en Jacobs en La Maquinación Voronov. Me gustó su apropiación del estilo de la serie de forma clónica, pero con ciertos atrevimientos que Juillard apoyaba con su mimetismo camaleónico del estilo de Jacobs. Aunque su segunda incursión en la serie me pareció menos interesante que su debut, seguí considerando que existían puntos muy sugerentes, la mayoría derivados precisamente de la ruptura de los cánones de la serie. La humanización de los personajes (de Mortimer en este caso) o el atrevimiento de dotar de un pasado coherente eran coherentes, sin embargo, con el respeto a los cimientos básicos formales.
Esperaba por tanto con muchísimas ganas su tercera contribución a la saga, pero debo reconocer que, quizás por ello, la decepción tras la lectura de El Santuario de Gondwana ha sido todavía más profunda. Sente y Juillard parten de los sucesos del anterior álbum para desarrollar una historia que resulta en un absurdo e ilógico argumento. Un gigantesco “McGuffin” que cuando es revelado se nos muestra como absolutamente desatinado, incoherente y mal desarrollado, que para colmo es planteado con un torpeza narrativa por parte de Sente realmente sorprendente y molesta. Incluso la propia estructura del álbum es partida por una larguísima explicación de las razones de la existencia del Santuario de Gondwana que cortan radicalmente la acción y descolocan al lector que termina sin comprender muy bien qué ha estado leyendo.
Un guión sin pies ni cabeza en el que Juillard parece naufragar, olvidando su elegante forma de seguir el estilo de Jacobs para simplemente cumplir con una evidente desgana. Una verdadera lástima que Sente y Juillard tiren por la ventana todo lo que habían acumulado en los tres álbumes anteriores con este despropósito. Esperemos que la nueva aventura de los personajes prevista para el año que viene, esta vez con Van Hamme a los guiones y René Sterne y Chantal de Spiegeleer a los lápices nos quite este mal sabor de boca. (0)

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