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Tras los terremotos mediáticos y de taquilla de Iron Man y The Dark Knight, parece que Wanted, la adaptación del tebeo homónimo de Mark Millar y J.G. Jones está pasando mucho más desapercibida. Vaya por delante que servidor no se acercará ni atado a las salas cinematográficas a ver la película del kazajo Timur Bekmambetov (sobre todo después de haber sufrido en carnes propias ese atentado contra el séptimo arte – y el buen gusto- llamado Guardianes de la noche), pero al menos hay que reconocerle a Millar que independientemente de los resultados en pantalla, su tebeo merece una lectura.
Aunque Millar (a,e, lo que hace una vocal…) es un escritor que se encuadra dentro de esta generación de autores que tienen la tediosa costumbre de con fundir la hipérbole violenta y la pose cínica como sinónimo de lo “cool”, el británico deja normalmente esbozos de calidad en su obra que suelen indicar un potencial muy superior al que muchas veces muestra. Pese a que suele dejarse llevar por los excesos, sus guiones suelen destilar un sutil humor mucho más inteligente (como bien ha demostrado en su etapa en The Authority o el primer arco de Ultimates), que sabe compaginar con encargos que resuelve con oficio y sin excesivas estridencias y proyectos mucho más personales como un Millarworld. Wanted pertenecería a este último caso, donde es de suponer que el guionista se libera de las imposiciones y se encuentra más a gusto, jugando con personajes de su propia creación que no deben respetar ninguna norma previa. Y ahí se nota, como ya pasara en tebeos como Red Son, el actual Kick Ass o incluso en el inicio de Civil War que Millar tiene ideas sugerentes a desarrollar. No siempre llevadas a buen puerto, todo sea dicho, pero que si consiguen superar los primeros escollos dan lugar a un tebeo de lo más entretenido, como ocurre en Wanted. Este mundo de supervillanos que han conseguido por fin vencer a los superhéroes es un atractivo punto de partida que Millar sabe explotar, desarrollando una trama bien urdida que interesará al lector a la par que le permite crear un entorno perfecto para que los excesos queden enmascarados y no molesten. Una historia que le deja manos libres para el juego referencial e incluso algunas propuestas interesantes: en un mundo de supervillanos, ¿quién salva a los malos malosos del más-malo-todavía?¿El supervillano se convierte en superhéroe al salvar a los supervillanos de los otros supervillanos? Una especie de trabalenguas sobre el que no se profundiza, pero que añade al ya de por sí entretenido argumento una irónica segunda lectura. J.G. Jones demuestra ser algo más que un funcional portadista y firma un meritorio trabajo gráfico que redondea el buen sabor de boca que deja la lectura de este tebeo. Está bien hecho, entretiene y el rato de lectura se pasa volando. Más no se puede pedir. Bueno, sí, que Bekmambetov no se acerque a una cámara de cine, pero eso no es problema de Millar. (1+)

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