Asuntos bien resueltos

A veces, ser debutante sólo tiene inconvenientes: la presión de esa primera vez, del qué dirán, se junta con la ignorancia lógica de la profesión. Ya se dice que la ignorancia es siempre atrevida, pero la realidad es que en los autores de historieta más que atrevida es precavida y temerosa, que mal están las cosas como para dar un paso en falso con resbalón de esos de los que no te levantas más. Pero tiene también una ventaja: no te juegas nada. Algunos dirán que sí, que el futuro profesional, pero decir eso en nuestro país asociado a la historieta es, por desgracia, casi lo mismo que decir nada. Así que, ya puestos, no está de más que ese atrevimiento algo ignorante del debutante se transforme en descaro. Una desvergüenza que, con suerte, dará lugar a una frescura que siempre le viene bien a nuestro tebeo.
Y un ejemplo de lo último es Asuntos Pendientes, de Karles Sellés y Julio Videras, que osan debutar con una historia de vendettas mafiosas, género complicado que siempre se debe afrontar con permiso y velitas a San Coppola. Sólo que en este caso los autores se tiran la manta a la cabeza y deciden volcar todas sus influencias cinematográficas en un pupurrí tan fresco como dinámico: de El Padrino a Los Soprano pasando por Tarantino, De Palma y Scorsese. Cosa Nostra, mafia rusa, corrupción policial y los tópicos del género se barajan en un combinado que puede parecer exagerado, pero que resulta funcionar con sorprendente buen tino, consiguiendo que la lectura del tebeo se pase en un santiamén. Y eso, en un tebeo de género, es el objetivo mínimo a cumplir. Hay, es cierto, típicos errores de principiante en estructura, estilo y composición, pero el tebeo se lee con tanta facilidad que uno los perdona sin demasiado problema. Incluso se le perdona a Sellés que esconda su vibrante y vigoroso dibujo con unos grises que le hacen poca justicia a su calidad.
Ya les gustaría a muchos estrenarse con la seriedad y solvencia que han demostrado estos dos autores. Esperaremos con ganas su siguiente obra. (Y no lo digo porque ya es habitual: Diábolo edita con primor)

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