Mal dadas

Hablábamos de debutantes y seguimos con ellos, esta vez con Leandro Alzate, al que conocíamos por Mal dadas, una historia serializada en Humo en la que destacaba por su delicadeza, con un estilo gráfico de línea finísima, elegante, que proporcionaba una sensación de liviandad y discreción. Una historieta que se viste de largo para su publicación en álbum.
Alzate aborda un tema tan complicado como la rebeldía adolescente desde la perspectiva del propio adolescente. Una opción difícil: evita la visión escorzada del adulto, siempre sometida a unos condicionantes sociales que se han enquistado y que prejuzgan al joven según los comportamientos de la generación anterior; pero también es una opción peligrosa, que llegar al acartonamiento en el tópico si el autor cae en la trampa de componer a sus personajes desde el recuerdo de su propia juventud, por cercana que ésta sea.
Y es ahí donde el autor, pese a su bisoñez (relativa, ya que es un llegado tardío a la historieta) en el mundo del tebeo, demuestra arrestos suficientes como para comandar la historia con mano firme por un camino intermedio que le permite tanto la visión de un lado como la reflexión del otro. Se construye así esta historia de pandilla de barrio periférico, una ficción social, si se quiere, que intenta seguir a la joven Jessica en esas primeras decisiones de adulto, que nacen de la duda, el inevitable error y el atrevimiento. Un argumento sencillo, pero que Alzate aprovecha para llenarlo de segundos planos, de ideas lanzadas sobre la situación actual del adolescente o sobre la ciudad como elemento omnipresente.
Mientras leemos, comprobamos que Mal dadas es también un lienzo en blanco de experimentación, donde el autor busca su personalidad y su lenguaje propio. Cada página es una prueba, un ensayo. Ya en el estilo -allá a lápiz, aquí a tinta, ahí digital-, ya en las formas, preguntándose y respondiéndose con composiciones y puestas en escenas, con juegos de elipsis y con transiciones directas, acelerando y retardando el ritmo. Un testimonio apasionante para el aficionado de pro, pero que puede restar en algunos momentos ritmo a la obra en su conjunto, transmitiendo cierta sensación de irregularidad, de saltos, heredada obviamente de su origen como entregas en revista. Imperfecciones que no impiden que el autor obtenga un discurso gráfico personal, en el que toda la historia se impregna de una asepsia necesaria para la equidistancia entre el adolescente protagonista y el adulto lector.
Un prometedor debut de un autor que tendremos que seguir.

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