Zombis a la europea

-“Niños, os lo he dicho muchas veces: no le disparéis al abuelito”
-“Pero papá, si le da igual, está muerto…”

Parece uno de esos chistes de humor negro que tan bien se nos dan por estas latitudes, pero es el comienzo de Los zombis que se comieron el mundo y buen ejemplo del extraño y esperpéntico sentido del humor de Jerry Frissen, guionista que ha encontrado en la parodia un lugar donde se siente bien a gusto. Al igual que en Lucha Libre, su otra serie conocida y que acaba de ser editada en España por Glénat, el belga afincado en los EEUU demuestra aquí su habilidad para componer retorcidos y atípicos mejunjes culturales, que absorben referencias e influencias variadas y dispersas que luego serán casi vomitadas en una riada de ideas sin contención. Si en Lucha Libre encontrábamos un curioso y divertido pastiche que reinterpretaba la lucha libre mexicana en términos de superhéroes reconvertidos al estilo del manga, en esta historia de zombis George Romero es canibalizado por los tebeos franceses de los ochenta. Toma de Robin Campillo y su interesante Les Revenants la idea de unos muertos vueltos a la vida que deben ser integrados en la sociedad, pero luego se atreve a componer un delirante grupo de investigadores/cazadores, claramente inspirados en Jerónimo Puchero, que se dedican con bastante poca fortuna a la resolución de los problemas que los zombis (o no vivos en la jerga políticamente correcta de una sociedad que quiere evitar problemas de integración social) les causan a los vivos. Y a partir de aquí, lo que encontraremos es una carga continuada de irreverencia y mala leche, a veces inspirada, otras demasiado predecible y otras incluso insulsa. La verdad es que irregularidad es el término que mejor definiría la obra, pero la buena labor de Guy Davis, excelente en su tratamiento gráfico con un punto humorístico y los indudables momentos afortunados que tiene el guión de Frissen, sobre todo en su primera mitad, hacen que la obra proporcione un rato de lectura divertido. (1)

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