Nostalgia, arma de destrucción masiva

Estaba yo haciendo ejercicio de recuerdo nostálgico con Mazinger Z cuando me acordé, cosas de la memoria caótica y difusa, de aquella joya de la psicotronia patria que fue Mazinger Z, el robot de las estrellas. Os pongo en antecedentes: aprovechando el furor de las masas infantiles por las aventuras de Koji Kabuto y su robot gigantesco, se estrenó en cine una película de imagen real que tenía por título Mazinger Z, el robot de las estrellas.

Nosotros, tiernos infantes con el pensamiento abducido por puños y pechos -mecánicos, eso sí- volando alegremente contra terribles engendros mecánicos, acudimos en tropel a la llamada de las salas. Y servidor, que recuerda perfectamente que se estrenó en el desaparecido cine Goya de Valencia, se encontró, como el resto de los mazinadictos con un inesperado Mazinger de color rojo de lo más rarito. Una decepción que luego, con el tiempo, supimos que era una adaptación taiwanesa de una serie de robots llamado Mach Baron.
Pero la sorpresa vendría al poco cuando la Editorial Valenciana decidió sacar al mercado una colección de tebeos dedicados a este Mazinger colorado, realizados nada más y nada menos que por José Sanchis, el creador de Pumby.


¡Hasta efectos de sonido tenía la versión de Sanchís!

Mazinger Z tuvo una sorprendente longevidad, con 43 números publicados para los que Sanchís creó todo un elenco de secundarios, como los compañeros mecánicos Rodas III o Adriana-D, que aparecería muy al final de la serie.

Por desgracia, muchos recordarán a Sanchís más por esta serie alucinógena que por su extraordinaria creación, Pumby, uno de los mejores y más imaginativos tebeos infantiles de todos los tiempos. Y sobre todo porque fue un punto de inflexión en su carrera, que le llevará a incorporar esa estética “manga” a toda su producción posterior, llegando a la inclasificable serie de Pumby y los Pumbitrones que se publicaría años más tarde. Una especie de cruce insano entre Pumby, los Powers Rangers, Dragon Ball y Mazinger Z que al final, de puro delirio, tiene hasta cierto atractivo…

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