¡Manga! (II)

Más tranquilo por saber que el mundo ya tiene luz y guía que nos llevará por el buen camino, sigo leyendo mangas:
Hace años que descubrí el particularísimo mundo de Tori Miki. Un autor con un humor peculiar que es comparado con Gary Larson o los Monty Python, pero que personalmente me parece que entronca más con una visión muchísimo más surrealista como la de Bill Plympton o incluso Glen Baxter y que ahora, por fin, llega a España de la mano de IMHO que publica el primer volumen de Intermezzo. Historietas mudas de una página, formadas por una rígida estructura de nueve viñetas cuadradas protagonizadas siempre por el mismo personaje y que no siguen ninguna estructura lógica o razonada. Ejercicios casi de escritura automática que pueden ir desde el surrealismo más incompresible al chiste escatológico pasando por la situación más tierna. No hay término medio para unas historietas que tienen en común únicamente la capacidad de fascinación que producen. Su estilo minimalista y simplista esconde siempre un extraño mecanismo de atracción, me atrevería a calificar de poético, cercano posiblemente a la sencillez y enigmática belleza de los haikus, que muchas veces tiene un ritmo interno propio coherente con esa lectura, pero que en otras se rompe brutalmente con un quiebro deforme y brutal. Un tebeo sorprendente (más sabiendo que es la sección de humor de una conocido revista nipona sobre televisión), del que esperamos ansiosos la nueva entrega… (2+)

Y casi parece obligado hoy hablar de Eagle, de Kaiji Kawaguchi, un manga que relata la carrera presidencial de Kenneth Yamaoka, un senador asiático-americano que decide luchar por la presidencia de los EE.UU. Pese a que el manga es del año 1998 y Yamaoka se disputa la candidatura demócrata con un sosías de Al Gore entusiasmado con internet, las semejanzas con Barack Obama son más que evidentes, lo que sin duda relanza la curiosidad por este tebeo. Una coincidencia que se queda en las apariencias, porque el desarrollo del manga deriva más hacia la descripción de las complejas tramas que se esconden tras las maquinarias electorales. Como ya es habitual en estos casos, el manga parte de una historia vehicular sobre la relación entre el joven periodista japonés Takashi Jo, encargado de seguir la campaña, y el senador, para a partir de ahí mostrar todos las entretelas del proceso electoral. Hay un claro afán didáctico –muy común, de nuevo, en tebeo japonés-, que se mezcla con eficacia con la trama gracias a una narrativa tan eficaz como previsible. Un tebeo entretenido, pero que multiplica su atractivo por la coincidencia temporal con las elecciones americanas, lo que quizás habla más del buen ojo de Glénat a la hora de editarlo que de la propia calidad del manga. En cualquier caso una lectura que no molesta y que incluso puede descubrir algunos aspectos desconocidos del complejo sistema electoral americano (1+).

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