Super Charly

Pues entre Holy Terror y esto, me quedo con Miller de todas, todas… :P
moleroSegún 20 minutos, la nueva apuesta de Telecinco para serie de ficción es Super Charly, una comedia protagonizada por Antonio Molero que parte de la idea de Hancock (¿?) para narrar las aventuras de un cuarentón en paro que descubre que tiene superpoderes. Eso sí, no será el primer papel de superhéroe para el actor, porque dobló a Frozono en Los increíbles.
Que San Eisner nos coja confesados…

Oh, oh… glups.
Newsdays.com: “You’re working on the graphic novel “Holy Terror, Batman”?”
Frank Miller: “Yes. It’s about 40 pages from finished now; it’s 122 pages. [Batman is] fighting al-Qaida.”

Lecturas seriadas

Comienzo el año con una entrada sencillita, que esto del dolce far niente afecta a las neuronas y las deja algo adormiladas, así que , para ponerse en marcha, mejor hablar de series de las que ya en su día algo (y bueno) se ha comentado por aquí. Vayamos por orden de lecturas, que no ordinal o de calidad:
combates4En primer lugar, Clavar Clavos, cuarta y última entrega de Los Combates Cotidianos de Manu Larcenet (Norma). Un volumen que cierra con brillantez y coherencia la serie, atando los flecos que iba dejando sueltos en las anteriores entregas. El juego del costumbrismo que fue virando hacia la introspección personal y a una interesante propuesta de reflexión en paralelo de pasado y presente, representado por la memoria del padre del protagonista y sus problemas para asumir la responsabilidad de la paternidad, llega ahora a un punto de inflexión en cierta medida sorprendente, pero lleno de coherencia y realidad. Es, quizás, un final agrio pese a su aparente felicidad: en el fondo, Larcenet nos manda un mensaje de cierto pesimismo conformista, egoísta, que defiende la felicidad como un terreno personal y cercano, que sólo se puede alcanzar en asepsia total de las influencias del exterior. A lo largo de 64 páginas el autor vuelve a demostrar el buen pulso para administrar silencios y que donde mejor se defiende es en las escenas silenciosas, en largas secuencias mudas donde se cuenta muchísimo más que en los extensos diálogos que jalonan la obra. Diálogos que pueden ser calificados de artificiales, es cierto, pero que forman parte del juego planteado por el autor, que necesita de esos diálogos para expresar su discurso particular. Hay, en ese sentido, una cierta teatralidad (que no impostura o falsedad) que tiene sentido dentro de la propuesta que se presenta al lector, no como una invitación a la reflexión, sino como un ensayo personal sobre la madurez donde no importa la respuesta de la otra parte. Una especie de exorcismo personal, de autocatarsis, que gana fuerza en ese regusto amargo que encontramos al final de la lectura. (3+).
alan3Segundo puesto en las lecturas para una serie que también cierra con mayor brillantes si cabe: La guerra de Alan, de Emmanuel Guibert (Ponent Mon). Tercer volumen de una serie en la que la evolución personal ha sido el eje fundamental, en el que hemos asistido a prácticamente el desarrollo de toda una vida, pero narrada de una manera singular, basándose en un anecdotario biográfico y cronológico, pero centrándose en el crecimiento vital de la personalidad del protagonista. Las imágenes dejarán espacio a la introspección desde la distancia, en un seguido de reflexiones que definen ese contraste entre tolerancia y radicalidad que proporciona la edad, que pese a la inflexibilidad ya de las ideas y opiniones, perdona y transige con errores y oposiciones. Es una actitud que vemos crecer y asentarse, y que en este último volumen tomará mayor protagonismo, asistiendo a un espectáculo único: el moldeado de la personalidad, que cambia y muta según las personas que tenemos a nuestro alrededor, que depende tanto de las grandes como de las pequeñas decisiones. Una aproximación compleja desde la narrativa gráfica que Guibert resuelve con inteligencia, planteando un relato oral en el que la imagen actúa como contrapunto y provocadora del recuerdo. Una especie de gran álbum de fotos que irá despertando la memoria y dando pie a la reflexión, con rápidos cambios y cortas secuencias gráficas que rara vez superarán las dos o tres viñetas. Y sobre todo, el sutil juego con la aparente redundancia entre texto e imagen: cada imagen es narrada por el protagonista, pero encontraremos siempre pequeñas diferencias, apenas unos matices que marcan la distancia entre la realidad y el recuerdo, pero que definen el espacio de la reflexión. Un gran tebeo al que hay que añadir, como siempre, el preciosismo del trazo de Guibert, posiblemente uno de los más elegantes que hay hoy en el tebeo francés, de una síntesis gráfica ejemplar. Uno de los grandes tebeos del año, sin duda (4).
berlin2Berlín, ciudad de humo (Astiberri), es la segunda entrega de esta interesante obra de Jason Lutes, que relata los acontecimientos que llevaron al ascenso de Hitler al poder en Alemania. Una obra que sigue en su (desgraciadamente) lento pero seguro análisis de ese periodo fascinante de la historia europea que fue la República de Weimar y de la que poco puedo añadir a lo que ya dije en su día para el primer volumen (reseña que tenéis al final de esta misma entrada). Cronológicamente, Lutes parte del baño de sangre que supuso la manifestación del 1º de mayo de 1929 para volver a hacer un sugerente retrato de la situación sociopolítica a partir de un reparto coral, en el que va analizando las diferentes capas sociales y cómo la tensión se iba instalando en cada una de ellas, generando un potencial fatal en el que ya no existe retorno. Resulta especialmente destacable cómo Lutes examina esas tensiones sociales a partir de las relaciones interpersonales de sus protagonistas, que van reflejando en lo personal el clima social colectivo y las fracturas que se están creando en la calle. Una obra de cuidada documentación y de obligada lectura para cualquier interesado en la historia contemporánea, que tiene además el aliciente de estudiar además la evolución de Lutes como autor de historieta, fuertemente influenciado por la escuela de línea clara hergiana en sus primeras obras y que, a mi parecer, está poco a poco absorbiendo influencias de otros autores europeos como Juillard. (3)
koma5Y para acabar con esta serie de “series”, la quinta entrega de Koma, de Wazem y Peeters (dibbuks), una serie que sigue pareciéndome de un alto nivel y en el que repetiré los mismos argumentos a favor … y en contra que en anteriores entregas. Originalidad en los argumentos, solidez argumental, perfecta definición de personajes, inmejorable narrativa de Peeters y elegante trazo… Todo son parabienes para esta serie, que sigue luchando con la losa del formato álbum de 48 páginas. Koma es una historia planteada en 276 páginas (6 volúmenes) que debe ser leída de un tirón, sin parones de espera de un año. Es evidente que hay una cierta unidad en el volumen, pero es apenas una leve indicación: la obra sólo tiene verdadero sentido como un todo sin interrupciones. Así que, por desgracia, todavía nos tocará esperar al siguiente álbum para poder leer Koma en todo su previsible esplendor. (2+)
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