Paul

paulPor desgracia, el lector español nunca podrá disfrutar de la sorpresa que para un servidor fue descubrir el debut de Michael Rabagliatti en el relato largo con Paul en el campo. Incluso, si se me apura, puede sufrir cierta decepción por aquello de enfrentarse a un obra más inexperta que Paul tiene un trabajo de verano. Intentaré evitar esa dislocación anacrónica de ediciones recordando aquella edición original de Drawn & Quaterly, grapada, de apenas 30 páginas. La primera impresión era obvia: el canadiense era un alumno aventajado de Dupuy y Berberian, autores con mucho predicamento en la época y que gozaban del merecido éxito de un Mr. Jean en momentos de gloria. Hojeando el tebeo, se notaba ese punto de inconformismo, de búsqueda de estilo propio que genera esa chirriante incoherencia de trazo que suele acompañar a todo autor en formación. Quizás más en este caso, paradójicamente, porque Rabagliatti no era un joven apasionado en su debut, sino un adulto que había decidido ya tardíamente retomar el camino de la historieta. Sin embargo, quizás por esa madurez personal, esas inconsistencias de trazo se acompañaban de unas elecciones narrativas extrañamente acertadas para un novato. El relato, asentado sobre anécdotas personales de la niñez con continuos saltos entre pasado y presente, mostraba una fluidez sorprendente, que desarrollaba sin estridencias un paseo por la infancia en el que la nostalgia, omnipresente, no actuaba como elemento lacrimógeno sentimentaloide, de autocatarsis de treintañero en crisis, sino como germen de reflexiones pausadas sobre el pasado, sobre la relación que existe entre el que fuimos y el que somos.
Comenzaba así un largo camino que, con el tiempo, iría mejorando en estilo y ganando todavía más fuerza, en que Michael y Paul van desarrollando su vida en paralelo, como dos caras de la misma moneda.
Un interesante tebeo que Fulgencio Pimentel publica en una cuidada edición que incluye todas las historias cortas sobre el personaje que Rabagliatti ha ido publicado esporádicamente en distintos medios. Una acertadísima decisión, que permite analizar precisamente esa evolución como autor del canadiense, que ha ido matizando su trazo hasta dotarlo de personalidad propia, deudora de otros, sí, pero con carácter y definición diferenciada. Historias cortas que, además, suponen un complemento perfecto para la saga principal y que añaden escenarios distintos, más anecdóticos si se quiere, pero que terminan de redondear la propuesta que nos hace Rabagliatti. Ahora, a esperar con ganas la aparición de las siguientes entregas, entre las que encontraremos joyas como la reciente Paul goes fishing. (2)

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