Bizarro

¿Está todo dicho en el género de superhéroes? La pregunta no es baladí y, si se me apura es bastante capciosa y admite múltiples respuestas. Uno tiene la tentación de contestar casi en automático con una inmensa afirmación, contundente y categórica… Y sería una respuesta correcta, a tenor de lo que está pasando actualmente en el género: no es difícil encontrar opiniones variadas de lectores antiguamente irredentos que ahora comienzan a abandonar a sus amados superhéroes ante la evidencia de historias sin interés. Aunque también es cierto que algunos podrían ser todavía más malvados y relacionarlo con la dificultad del género para estructurar un discurso adulto, por ejemplo. Y, de nuevo, tendría razón. El problema es que ambas respuestas consideran el género como un armazón férreo que no permite ninguna tolerancia ni sesgo. Es cierto que la industria atenaza de tal manera a los autores que está ahogando al género superheroico en un discurso tan recurrente y autorreferencial que aburre y hastía. Y es cierto que el género tiene una componente adolescente, basada en la representación de conceptos adultos en forma de mensaje moral didáctico, de la que es difícil separarse. Realidades que dificultan la evolución del género y sobre las que Frank Miller (o Mr. Freak Miller como se le llama ya en algunas webs) y Alan Moore lanzaron una losa que ha puesto todavía más difícil su avance. Una afirmación que puede resultar paradójica, pero que es evidente: las obras de estos dos autores suponen, sin duda alguna, el certificado de mayoría de edad de los superhéroes, con lo que se puede calificar como las primeras expresiones plenamente adultas del género, que lo usaban para articular un discurso que se desprendía de todas sus rémoras y lo proyectaba hacia el futuro como nunca antes. Sin embargo, su magistralidad y perfección es tal que han influido de forma muy negativa en aquellos que los siguieron, definiendo una única forma de hacer adulto el género. Desde Moore y Miller, parece que sólo se expresa madurez a través de un determinado y específico tipo argumental , muy bien definido por Jorge Carrión como la Edad Oscura, demostrando en el fondo un terrible complejo de inferioridad del que apenas se ha escapado desde hace veinte años.
Un reduccionismo al que hay que añadir el del fandom, que sólo entiende el género desde unos planteamientos estéticos y formales definidos (y también, evidentemente, argumentales), estrangulando todavía más las posibilidades de crecimiento al imponer sobre los editores unas condiciones que trasladan a los autores en una infinita espiral degenerativa.
biarroAfortunadamente, todos los anteriores argumentos se desmontan y deshacen ante propuestas tan frescas e interesantes como Bizarro Comics, que dejan libertad absoluta a autores que no son habituales de los superhéroes para desarrollar historias con ellos. Una opción que tiene muchos puntos a matizar previamente: sería prejuicioso pensar que es una visión ajena al género, ya que la realidad marca que cualquier autor norteamericano ha vivido y mamado estos tebeos en su infancia. Es decir, conoce perfectamente las claves del género, a sus personajes y sus situaciones. La diferencia positiva es que no están “contaminados” por una industria (desde editores a fandom, pasando por los mismos autores) que establece unas gruesas cadenas de esclavitud conceptual. Un punto de partida perfecto para demostrar que sí se pueden decir cosas con este género y que se pueden desarrollar discursos en su seno que van mucho más allá del concepto de la labor del héroe o del enfrentamiento entre el bien y el mal, que pueden hacer uso de los muchísimos matices y características de los superhéroes para explotar caminos que, simplemente, ni siquiera se han planteado.
Aunque a primera vista, uno puede tener la sensación de estar ante un inmenso “Superheroiza lo que puedas”, una especie de indigesto cúmulo de parodias que pueden generar alguna sonrisa pero que agotan a los diez minutos de lectura, la realidad es bien distinta. Es cierto que muchos autores han optado por la parodia más facilona (coincidiendo, salvo excepciones, en ser lo menos interesante de Bizarro Cómics), pero la gran mayoría ha optado por realizar historias con los superhéroes que se desmarcan de las claves habituales, aportando un balón de oxígeno necesario y la constatación documental y fehaciente de que es posible ir más allá con el género. Sirvan como ejemplo los geniales revivals pulps que batmandupuyTony Millionaire plantea para Batman; las aproximaciones de Craig Thompson a personajes como Green Lantern o The Spectre estudiando aquellos momentos que nunca aparecen en los tebeos; las divertidísimas reescrituras que Dave Cooper hace de Wonder Woman, primero como heroína de a pie de un centro comercial y después con un enfrentamiento a murte con Supergirl por el amor de un nerd; las sugerentes propuestas de Ivan Brunetti; la delirante opereta que montan Paul Grist y Hunt Emerson; la elegante aproximación a Deadman de Paul de Filippo y Derek Kirk Kim; la humanización de los superhéroes que plantea Jessica Abel; las delirantes y geniales versiones de Kyle Baker (sólo por su historieta de la niñera de Superman, este libro ya vale la pena); la irreverente cura del complejo de culpa de Batman firmado por Aaron Bergeron y John Kerschbaum y, por supuesto, la glamourización a la francesa de Batman que proponen Dupuy y Berberian. En todos los casos, historias que nacen desde el respeto al género, planteando alternativas que son válidas que ponen en evidencia la terrible falta de ideas que contagia la industria y las brutales anteojeras con las que trabaja, incapaz de ver nada que no esté en una dirección única. Quizás el único pero que se le pueda poner en este sentido es que parten de un juego referencial previo, ya que el mensaje final planteado sólo tiene significado desde el conocimiento anterior del personaje (no siempre, todo sea dicho), como ya pasaba en la propuesta de Peter Bagge para Spider-Man. Un pero menor, ya que la propuesta puede funcionar fuera del universo de DC o Marvel, como se demostró en Project: Superior.
Lo de siempre: no hay género malo, hay autores sin ideas o ejecutivos que cercenan a los que las tienen.
Punto y aparte merece la edición de Planeta, que recopila los dos tomos originales en uno sólo con evidentes defectos de impresión, inaceptables hoy en día (imágenes terriblemente pixeladas) y que, en algunos casos, cambian el sentido de la obra (como el cambio de color de una de las historietas de Millionaire, donde el autor busca un efecto de antigüedad que se desvanece en esta edición). Una verdadera lástima, porque el tebeo es, con todas las asimetrías propias de este tipo de antologías, muy recomendable.

– Avances del primer volumen, Bizarro Comics y del segundo, Bizarro World (en inglés)

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