Presentación de El Nord

El próximo lunes, 09 de marzo, a las 20:00, se presenta en el Cafe del Teatre de Lleida (Roca Labrador nº 4)la novela grafica “EL NORD” de Miquel Angel Berges y Jose M Cazares, obra ganadora como proyecto narrativo del 6º Premio de Narrativa.Premis Lleida 2007. La presentacion ira a cargo del escritor Miquel Pueyo y de los autores.

Rue Tolbiac, París

Siempre me gustó Tardi. Es más, soy admirador confeso (y platónicamente enamorado) de su Adéle Blanc-Sec. Pero debo reconocer que nunca supe leerlo. Hasta hace unos años, leía a Tardi como un especialista en género negro y en la primera guerra mundial, embelesado por el folletín decimonónico de aventuras. Una apreciación razonable, a mi entender, pero que no me permitía conseguir la cuadratura del círculo, el perfecto ensamblaje de todas las piezas que componen la personalidad de este autor. Sin embargo, un buen amigo me comentó una vez que una de las primeras cosas que hizo nada más llegar a París fue pasear por el puente de Tolbiac como homenaje a Tardi. Fetichismo de fan, pensé, pero que quedó grabado en mi subconsciente para aflorar en el siguiente viaje que hice a la capital del Sena. En ese viaje, guardé en mi maleta el mapa de la tolbiacciudad con el que concluye Niebla en el puente de Tolbiac y en el primer rato libre me dirigí a esa barriada, a pasear por las calles por las que transcurría la acción del álbum. Desde el puente, paseé por la Rue de Tolbiac e intenté llegar a la Rue Watt, donde murió Lenantais para descubrir que, por desgracia, nada había sobrevivido ya. El barrio de mala muerte del que hablaba Tardi había sustituido por complejas y modernas instalaciones presididas por la flamante Biblioteca François Miterrand. Un poco decepcionado, seguí andando tranquilamente y llegué a la Plaçe d’Italie, para comenzar un larguísimo paseo de varias horas en los que poco a poco fui descubriendo que todo no estaba perdido, que todo aquello de lo que hablaba el dibujante seguía ahí. Las fachadas podían cambiar, pero el espíritu no. Y Tardi había dibujado algo más que edificios y calles: había retratado la esencia de esos barrios, de sus vecinos. Mientras paseaba, iba descubriendo por fin el mensaje de Tardi en sus álbumes: no nos habla de género negro, de folletines o de guerras. Nos habla de París. Nos inunda de la ciudad, de su belleza y de su vida. Sus historias son lujosas excusas para llevarnos de la mano y mostrarnos esa mezcla de ciudad que ya no existe pero todavía está ahí. Sus composiciones y puestas en escena, tan características, cobran sentido, porque el protagonista de sus historias no es Néstor Burma, Brindavoine o Adéle Blanc-Sec. Es París, es el Sena, son las calles y unos edificios en los que la piedra se torna orgánica, viva, envolviéndolo todo. Las transiciones entre escenas son realmente paseos entre escenarios, en los que Tardi se preocupa de que la elipsis sea sustituida por el caminar entre lugares, en una transición en la que nos podamos detener y contemplar el encanto de la ciudad, ya sea en su decadencia o en su esplendor. Desde el edificio más pomposo y magnificente a la chabola más pobre, todo forma parte de un gigantesco ser vivo único: París.
Cuando regresé de ese viaje, volver a leer Niebla en el puente de Tolbiac fue una experiencia completamente diferente. Tardi se había aliado con otro enamorado de París, Leo Malet (no en vano su proyecto Los misterios de París transcurría en diferentes distritos de la capital) para engatusarnos, para lanzar un canto de sirena en forma de polar clásico. Una adaptación casi canónica de la obra de Malet que ahora leía con ojos completamente diferentes, descubriendo cómo el argumento era tan sólo el andamiaje necesario para que comenzáramos una larga excursión hacia París y sus calles, sus vericuetos, sus luces, su noche y su día, sus sombras… Incluso en ejercicio máximo de sinestesia, sus olores, sus sonidos y sus colores. Todo estaba ahí, en esas viñetas donde los personajes siempre dejan espacio a los fondos, colocándose casi tímidamente en las esquinas de la viñeta, sabedores de que ellos sólo son los acompañantes ocasionales de este largo camino por la ciudad.
Pero que nadie se preocupe, hay muchas formas de leer Niebla en el puente de Tolbiac: quedarse en el contundente relato de Malet y su extraordinaria traslación a las viñetas; dejarse llevar por la experiencia urbana que propone Tardi…
Todas son muy satisfactorias. Un álbum recomendabilísimo que Norma reedita en cuidada edición en cartoné. No dejéis pasar la ocasión (3+).

PD: La maravillosa tecnología permite hacer hoy ese paseo sin moverse de casa. Basta seguir el mapa de Tardi en Google Street View, comenzando en el Puente de Tolbiac.