Feria del libro

A los valencianos tebeoadictos: atentos a la Feria del libro usado y de ocasión que se celebra, como es tradición, en la Gran Vía. Este año tiene bastantes más tebeos que en anteriores ediciones y hay cosas muy interesantes, proclamo…

Lecturas semanales

Miren ustedes, hay que ser realistas: esta semana no era semana de tebeos. Entre óscares y wátchmenes, la cosa era para hablar de cine, más que nada porque hay que reconocer que la cosecha ha sido importante en los primeros (brillantes, muy brillantes, Slumdog millionaire, El luchador y la del Sr. Fincher, al que detestaba, pero con el que me estoy reconciliando gracias a sus dos últimas películas) y dubitativa en lo que nos llega la semana que viene (¡Ay! que me parece que la blogosfera tendrá tema único…). Pero pese a todo, la semana ha sido de muchas lecturas, de todo tipo y todo gusto, que incluyen desde animalitos, zombis o superhéroes hasta surrealismo y slice of life. No en ese orden, pero casi, que tampoco es que la cosa sea especialmente importante.
ciudad14Voy con animalitos y destaco con ganas la edición de Ciudad 14, de Gabus y Reutimann (Planeta DeAgostini). Un tebeo singular, por aquello de que en Francia se editó como un experimento de marketing que intentaba recuperar el quiosco con una publicación mensual, en formato cómic-book en blanco y negro y a sólo un euro. Una característica que desaparece en la edición recopilatoria que nos llega, pero que hay que tener en cuenta para entender algunas de sus características. Así, a primeras, destaca la alegría con la que los autores se zambullen en el folletín de toda la vida, usándolo a modo de gigantesco puchero en el caben todos los ingredientes. Sin rubor ni pudor, van echando en su receta steampunk, venganzas, mafias, alienígenas, los animalitos de Disney, amores arrebatados, pasiones imposibles, fantasmas, periodismo de investigación, ouijas y videntes, junglas exóticas, terribles enfermedades, misterios irresolubles… Un batiburrillo exagerado sin límites que, en su jubilosa desvergüenza funciona. Y muy bien, me atrevería a decir, porque al final nos quedamos enganchados a este particularísimo universo que nos proponen Gabus y Reutimann y a la epopeya que tiene que sufrir el misterioso pero adorable personaje del elefante Michel. En lo negativo, cierta confusión narrativa producto del apelotonamiento de ideas, así como ciertos saltos que pueden tener sentido en una edición en entregas pero desorientan un poco la lectura en el formato elegido por Planeta. De momento el experimento funciona y en breve comenzará en Francia la “segunda temporada” de la serie, en la que se supone nos resolverán algunos de los misterios que nos dejaron colgados en este primer volumen. Para pasar un excelente rato de lectura (2).
barks02Siguiendo con animalitos, se edita el segundo volumen de la Biblioteca Carl Barks, en el que avanzamos en el tiempo y vamos encontrando un autor cada vez más formado. Todavía no es el Barks de plenitud, pero comenzamos a entrever atisbos de la genialidad que nos espera, como los que se dan en “El misterio del pantano”. La edición mejora claramente respecto a la anterior al desaparecer casi en su totalidad los terribles colorines degradados phroshoperos (pero no se van, ahí están, para desgracia mía, en las dos mejores historias del volumen), sustituidos por los más lógicos colores planos. Siguen, afortunadamente, los excelentes artículos de Alfons Moliné y se incluye un storyboard de Barks para Mickey Mouse. Compra obligada para los estudiosos de la historieta y más que recomendable para el resto de mortales.
No se vayan todavía, todavía hay más animalitos: Astiberri se lía la manta a la cabeza y no nos da una entrega de las habituales (y esperadas) entregas del noruego Jason, ¡nos da tres! En pocas palabras reúne en un único volumen tres obras de este autor, lo que permite comprobar la existencia de un discurso coherente y constante a lo largo de toda su obra: la reescritura de los mitos de la cultura popular. Así, en Los vivos y los muertos se permite enmendarle la plana a George A. Romero con una historia de zombis canónica que se va diluyendo poco a poco en una apasionada y romántica historia de amor (con particular y extravagante venganza incluida).jason Dime algo, por su parte, es un relato de amores imposibles apasionados que hace uso de las formas del cine mudo, desde la teatralidad exagerada hasta los recursos narrativos. Y para finalizar, Por el mal camino es una delirante nueva versión de Frankenstein en la que Jason se atreve a dar un paso adelante, planteando la historia desde un segundo plano autoreferencial, en el que los dos ayudantes de maquiavélicos científicos (el de Frankenstein y el del científico de Yo maté a Adolf Hitler, en un curioso “crossover” ) discuten sobre sus trabajos tranquilamente en una cafetería mientras fuera se desarrolla toda la acción. Jason juega con las páginas impares y pares para ir contando la acción en paralelo, sin renunciar a su personal obsesión con la reescritura de géneros y mitos clásicos de la cultura popular, esta vez desarrollando de manera atípica la historia que James Whale nos regaló en La novia de Frankenstein. Pese a las diferencias, la unión de las tres obras en un único tomo es la mejor opción para que las coincidencias salgan a relucir, tanto en los aspectos narrativos como temáticos. Podemos apreciar así el perfecto dominio de la elipsis y, sobre todo, de los silencios, piedra fundamental de la arquitectura narrativa de este autor, que elude los diálogos para cargar toda la fuerza en esas viñetas calladas donde, paradójicamente, toda la responsabilidad recae en la puesta en escena. Cuando generalmente en estos casos el protagonismo pasa a la gestualidad facial de los personajes, el hieratismo del dibujo sencillo de Jason le obliga a exprimir al máximo la puesta en escena y el uso de los mínimos recursos faciales que dota a sus personajes. Un tomo excelente que, pese a todo, me hubiera gustado más ver publicado en tres obras independientes. Las puntuaciones de cada parte serían Los vivos y los muertos (2+), Dime algo (2-) , Por el mal camino (3).
muertos8Dejo los animalitos, pero no los zombis, cayendo en la reiteración ya conocida: no se pierdan por nada del mudo la octava entrega de Los muertos vivientes, de Kirkman y Adlard (Planeta DeAgostini). Qué maravilla, oigan, que perfecta descripción de la inutilidad de la violencia, de lo rastrero que puede ser eso que llamamos “el ser humano”. El discurso de Kirkman se va radicalizando sin piedad, en una historia donde la crueldad de la supervivencia saca lo peor del ser humano. Los atavismos animales sustituyen a la razón y la piedad, el compañerismo o la solidaridad son erradicados ante la única llamada de la supervivencia ante todo y sobre todo, como único objetivo posible. Kirkman conjuga un excelente dominio de la acción y del ritmo con un profundo desarrollo psicológico de sus personajes, de lo mejorcito que he visto en mainstream en años, llevando al género de zombis a su cota más alta tras Romero. No se lo pierdan (3+).
Hablando de mainstream, qué bien me lo he pasado releyendo el volumen recopilatorio de La guerra Kree-Skrull que edita Panini. A estas alturas, poco se puede decir de este clásico del género que no se haya dicho ya. Personalmente, debo reconocer que Roy Thomas nunca ha sido santo de mi devoción, pese a la reverencia que se le tiene en el medio. kreeSiempre me ha parecido un guionista limitado que se dedicaba a clonar los aciertos de otros, lo que no evita que obtenga resultados más que aceptables, como es el caso. Trasladando a Los Vengadores el delirio cósmico de Jack Kirby en Los 4F y añadiendo unas gotas del trascendentalismo que había estrenado Kubrick en 2001 (recordemos, estamos a principios de los 70), consiguió un guión de lo más entretenido, que fue amplificado por un Neal Adams en estado de gracia. Como poco se puede decir de él, lo que más me ha interesado en esta enésima relectura es comprobar el profundo cambio que ha tenido la narrativa del género en estos casi cuarenta años que han pasado desde su primera aparición. Acostumbrados ya a la cansina “descompresión narrativa” que nos inunda, los tebeos de la época son una sorprendente acumulación de acción y tramas, que se agolpan a cada viñeta. Thomas lleva en paralelo decenas de ideas (nada de sólo una trama local y otra global como ahora), que se van desarrollando sin dejar respiro al lector: antes de que acabe una batalla campal, ya se ha iniciado la siguiente y se deja preparada la posterior. Y sin olvidar, por supuesto, el desarrollo de relaciones personales entre los personajes, que aprovechan interminables diálogos entre puñetazo y puñetazo (alguna vez alguien estudiará el superpoder último de todos los grandes héroes: ¡la superlocuacidad! ¿A qué velocidad tienen que hablar los superhéroes para poder soltar todo su monólogo a la velocidad de un superpuñetazo?). Eso sí, todo lo anterior en apenas dos o tres páginas. Vamos que para contar lo que ocurre en una página de La guerra Kree-Skrull, algún famoso guionista calvo necesitaría una maxiserie de 80 números… Diversión pura y dura, sin más ánimo que entretener. Lo que se agradece mucho.
riadPara acabar, vuelvo a la gafapastez más clásica de esta página con La vida secreta de los jóvenes, de Riad Sattoif (La Cúpula). El francés ha alcanzado mucho reconocimiento allende los Pirineos por la, a mi entender, fallida Pascal Brutale, un intento de sátira de los chulos de barrio que no llega a cuajar, pero a mí me parece inmensamente superior este particularísimo retrato de la sociedad actual. Sattouf parte de una premisa simple: reflejar anécdotas de la vida real. Esos pequeños episodios absurdos que todos hemos podido contemplar (o, peor, protagonizar) en un supermercado, en la cola de un cine, en el bar o en los lugares más inimaginables. Con un sencillo “Visto y oído en…” Sattouf comienza su testimonio de la vida diaria, planchas de una página que, en forma aislada, mueven a la sonrisa o a la carcajada ante el absurdo, el ridículo ajeno o el tradicional “slapstick”, pero que unidos en un volumen se convierten en un inquietante retrato de la mediocridad humana, casi aterrador, de esos que tras su lectura sólo permiten pensar que la sentencia más piadosa para con la humanidad es su exterminio rápido e indoloro. Ojito con la lectura de este libro porque es una trampa de doble filo: nos reímos con ganas de las miserias ajenas hasta que, casi con seguridad, encontramos una página en la que nos vemos reflejados. De lectura obligada para bajar humos a la ególatra especie humana… (3)
Me quedan como deberes para mañana el iniciático Le petit peintre de Dupuy y Berberian,  el borrón de Tom Neely (prodigioso) y Lina Odena, de Carlos Maiques y un Jorge García que cada vez se confirma más como el discípulo más aventajado de Felipe Hernández Cava.

Pero eso será mañana.