Infidelidades beneficiosas

P. ¿La adaptación es fiel?
Fernando Meirelles. Creo que sí, sobre todo porque no conseguí liberarme del libro. A veces me preguntan si adapto novelas porque no encuentro historias propias, pero para mí Ciudad de Dios, El jardinero fiel y A ciegas [basadas en novelas de Paulo Lins, John le Carré y José Saramago] son propias. Soy un lector compulsivo, y hacer una película me parece una buena excusa para seguir metido en el mundo del libro.
J. S. Tampoco hace falta que una adaptación sea fiel. Incluso demasiada fidelidad no es buena. Es lo que ocurrió con La balsa de piedra [dirigida en 2002 por el francés George Sluizer]. Parece que el autor debería decir que cuanto más fiel mejor, pero hay infidelidades beneficiosas. La película cuenta la misma historia que el libro por otros medios.


Lo anterior es parte de una conversación entre el director Fernando Meirelles y el escritor José Saramago a cuento del estreno de la versión cinematográfica de la (maravillosa) Ensayo sobre la ceguera y refleja bastante bien qué es lo que pienso y espero de Watchmen, la adaptación de Zack Snyder.
Desde que se están dando noticias sobre esta película (y más ahora con las primeras impresiones), mi mayor miedo es que Snyder intentase hacer una reflejo “fiel” del tebeo. Un despropósito a todas luces, porque trasladar Watchmen al cine suponiendo que el tebeo es una especie de “storyboard” es no entender para nada qué es la historieta y, mucho menos, qué es Watchmen. Quedarse en la superficialidad de una traslación mimética de las viñetas puede resultar satisfactorio para un fan ávido de merchandising de su tebeo preferido, pero nunca puede realmente traducir el mensaje de Watchmen. Como bien dice Saramago, la riqueza de las adaptaciones está en las infidelidades, en contar la misma historia o basarse en ella para desarrollar un discurso propio en otro medio completamente diferente.
watchmensimpson
Si Snyder quiere adaptar de verdad Watchmen al cine, lo que el viernes deberíamos ver es un juego de rupturas formales cinematográficas, de propuestas clásicas reconvertidas y reinventadas desde el lenguaje del cine a partir de una propuesta argumental sencilla, que se atreva a conjugar en paralelo el análisis del mito del superhéroe (desde una perspectiva de hoy) con la crítica mordaz de la situación política. Para que viéramos de verdad Watchmen en la pantalla, Snyder debería estrujar el lenguaje cinematográfico hasta sus últimas consecuencias, como en su día hicieron Moore, Gibbons y Higgins, llevando al cine su sentido real y sin tener miedo a ser infiel a la literalidad del tebeo, pero no a su espíritu de transgresión formal, dando una versión personal de la historia original aprovechando las posibilidades que le oferta el nuevo medio.
Por eso, con todas sus limitaciones, me gustó la propuesta que los Wachowsky ofrecieron en V de Vendetta, transformando el mensaje de Moore, obligado en un Reino Unido tatcheriano a un discurso actual, próximo al de la sociedad del miedo que planteaba Michael Moore en Bowling for Columbine. Una infidelidad que demostraba que la propuesta de Alan Moore seguía viva y podía seguir generando nuevas lecturas.
Si nos guiamos por las entusiastas primeras impresiones que ya se han publicado en muchas webs, me temo que la película de Snyder puede ser un entretenido espectáculo que usa personajes que visten igual que los de Watchmen, pero que no se ha atrevido a romper fronteras. Una opción que, por otra parte, no creo que nunca tuviese Snyder: con el coste de producción de una película de este estilo, es casi imposible que el director tenga libertad para hacer un producto que se salga de los esquemas. Mientras que la DC dejó bastante libertad a los autores (total, en el peor de los casos, seria una serie de pocas ventas y la recuperación de los personajes estaba asegurada), la Warner habrá atado en firme que cualquier veleidad autoral por parte del director, que con los (millones de) dineros no se juega.
Personalmente, lo único que espero ver es un thriller de ciencia-ficción, correcto, bien dirigido y que me entretenga. E intentaré, por todos los medios, borrar de mi memoria durante las casi tres horas que dura la película que existe un tebeo del mismo nombre. Es la única forma de ser justo con la película.

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