Ilusiones

Hay una escena en la imprescindible Los 400 golpes, de François Truffaut que siempre me ha parecido hipnótica, cuando Antoine Doinel entra en la atracción de la centrifugadora y comienza a dar vueltas y moverse ajeno a las leyes de la gravedad. Durante esos escasos minutos, Antoine sale de este mundo y vive una fantasía propia, una ilusión que le abstrae de la dura realidad que vive, reflejada en sus ojos, en su rostro. No son necesarias las palabras: la mirada nos los dice todo. Curiosamente, esa ilusión, esa fantasía perdida o encontrada, forma parte de dos obras muy diferentes que aparecen simultáneamente: El duveauúltimo gran viaje de Olivier Duveau, de Jali y La Laguna, de Lilli Carré. En ambos asistiremos desde perspectivas radicalmente contrarias al impacto de la búsqueda de un sueño, de una utopía. Por su parte, Jali vuelve a demostrar que es un creador de fábulas maravilloso, que teje sus historias con los hilos de las fantasías infantiles que todavía atesoramos. Acompañando a Olivier Duveau en su último viaje, somos polizones en esa apasionada aventura por encontrar esa estrella imposible, astro o mujer, qué más da, que da fuerzas al corazón para seguir latiendo cada minuto. Jali crea sus páginas a modo de pequeños poemas que van engarzándose en una historia más grande, escenas que juegan con la definición de melancolía romántica con la misma facilidad que con la de arrebato novelesco. Hay que detenerse en cada página para extraer esa lírica oculta en cada composición, que automáticamente nos traerá ecos de Antoine de Saint-Exupery y obligará al lector a sentir esa ilusión denodada, esa estrella polar que sabemos estará siempre ahí para guiarnos. Jali consigue con facilidad increíble tocar sentimientos y sensaciones para provocar un estado especial en el lector. Ese estado de abstracción que nos aísla del mundo como la atracción de feria en la que se introducía Antoine Doinel. Y allí, en esa burbuja, nos dejamos llevar completamente por esta fábula maravillosa y hermosa. Un tebeo delicioso que, por desgracia, tiene sorprendentes problemas de reproducción para la calidad a la que nos tiene acostumbrados Astiberri. Un cierto desenfoque, falta de contraste en muchas páginas… que hacen que la experiencia lectora no sea completa. Una verdadera lástima, porque esta obra se merece ser disfrutada al 100% (3+).

lagunaLilli Carré también nos habla de los sueños y de las ensoñaciones, de esas ilusiones infantiles que creamos y seguimos y que algún día pueden ser realidad. En La laguna desarrolla una historia que nos habla de un extraño monstruo que canta a la luna. Un monstruo de la laguna negra reconvertido en compañero invisible de juegos que será el eje de una reflexión a medio camino entre lo mágico y lo inquietante. Hay esbozos de del universo endogámico de Burns, pero accediendo a él tangencialmente: permanece la inquietud, pero no llega a producir ese escalofrío en la columna que desasosiega. La autora sabe moverse en un delicado juego en el que la inquietud y la tranquilidad se van alternando, movidos por la curiosidad y el misterio. Lanza así su mensaje de paradoja, en el que las fantasías infantiles sólo son parte de la realidad de los adultos, mientras que es negada a la pequeña Zoey. La nostalgia de la infancia es expresada a través de una metáfora tan inteligente como hermosa: la añoranza de los monstruos de la niñez. Esos que buscábamos horrorizados debajo de la cama cuando éramos tiernos infantes y que ahora desearíamos encontrar, esperando hallar junto a ellos el niño que fuimos. Cada adulto interpretará ese monstruo de una manera completamente distinta, como diferentes eran las ilusiones de la infancia., pero todos lo buscarán y se sentirán seducidos e hipnotizados por su melodía. La aséptica puesta en escena deudora de Burns encuentra puntos de escape a través de un delicado juego de simbolismos en los que la música, los sonidos, la canción del monstruo, actuarán de peculiar eje sinestésico. En una curiosa sustitución de sentidos, lo visual dejará paso a lo auditivo, marcando la cadencia de la lectura y el ritmo visual: un repiquetear de dedos, una canción, un metrónomo… Un álbum muy destacable de una autora a la que hay que seguir muy de cerca a partir de ahora. (3+)

Dos álbumes recomendabilísimos. No se los pierdan.

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