Zombis variados

¡Qué dura es la vida del seguidor del género zombi! En plena recuperación del género por la insistencia cinematográfica y televisiva (¿que no han visto todavía Dead Set?), el tebeo se hace eco de la euforia zombi con maravillas como Los muertos vivientes que hacen soñar con grandes obras de género. Pero la lectura de las últimas novedades nos devuelve a nuestro sofá a golpe de cruda realidad transformada en tebeos infumables o, simplemente, normalitos. Hago rápido recuento de novedades zombis tebeísticas: la primera, BlackGas, de Warren Ellis y Max Fiumara (Glénat). Truño importante que intenta esconderse tras imágenes impactantes (madre que se come a su hijo, hijo que se come a su padre, nada como la familia que comparte los manjares del día …) pero que lo que oculta es una falta de ideas, de sentido y de respeto al lector. Personajes idiotizados y una trama que es tan sólo un contenedor para esas escenas políticamente incorrectas que tanto le gustan a los E**is (póngase en lugar del *una n o una l, qué más da…). Más peligroso que un zombi. Única recomendación, huir.
Por su parte, Zombie: Simon Garth (Panini) reúne en un único volumen dos series que intentaban revitalizar el mito zombie al marvel way cortesía de Kyle Holtz, con la ayuda de Mike Raitch y Eric Powell. Por lo menos el último permitía albergar alguna esperanza (el aval de El Bruto no podía ser mejor), pero los resultados finales son, de nuevo, olvidables. Holtz se olvida del género completamente y hace una especie de versión zombi de La cosa del pantano (a la que se parece hasta gráficamente, tanto en el diseño del personaje como en el intento –infructuoso- de parecerse a Bernie Wrightson) que se queda en terreno de nadie. Si uno está muy generoso, la primera miniserie se puede leer con algún bostezo, pero la segunda sólo tiene utilidad en caso de mesas cojeantes y demás parches de bricolaje. Para olvidar.

zombies

Ahora, que si queremos realmente leer un bodrio de dimensiones galácticas, nada como meterse entre pecho y espalda XXxombies, de Rick Remender y Kieron Dwyer (Planeta DeAgostini). Remender intenta seguir un cauce más paródico llevando los zombies al cine porno (como si no se hubiera hecho ya), logrando tan sólo un seguido de chistes escatológicos sin gracia. Dwyer es un buen dibujante que en este naufragio se defiende a duras penas y puede resultar suficiente para aquellos que se contenten con los despliegues mamarios (discretitos, eso sí, que son tebeos), pero como se caiga en la tentación de leer más de tres páginas seguidos, el riesgo de embolia cerebral es altísimo, aviso. Nuestras neuronas no están preparadas para semejante agresión continuada.
Dejo para el final el único que deja una impresión un poco más decente: Biomega, de Tsutomu Nihei (Panini). Un tebeo que remeda descaradamente el argumento y formas de la saga Resident Evil pero que, por lo menos, se deja leer. Autor de indudable potencia gráfica, Nihei maneja con soltura los hilos de una trama que, si bien es totalmente previsible, por lo menos entretiene. Vistos los anteriores ejemplos, el manga de Nihei es todo un soplo de frescura, pero no deja de ser un tebeo correctito sin más que, por lo menos, cubre las necesidades de los lectores de este género sin insultarlos.
Todos calificados con (0) redondos, hechos con compás y rotring del 0.8 excepto Biomega de Nihei que llegaría al aprobado (1).