Adios a El Pequeño País

Lo comentan en clave de humor en ADLO, pero desde luego es un indicativo y una llamada a la reflexión: desde este domingo, el diario EL PAÍS ha suprimido su suplemento infantil El Pequeño País.
pequeno-paisLa desaparición ha sido un poco por sorpresa y con la excusa de la “crisis”, pero deja en evidencia la dificultad que tiene la historieta para niños en este país. Vaya por delante que no tengo claro si la defensa de la presencia de historietas en los periódicos tiene ya sentido. Recluidas a un reducto mínimo, casi por obligación, y en muchísimos casos producto de compra indiscriminada de derechos a sindicatos americanos, con una reproducción marcada por la falta de respeto (he visto tiras deformadas o estiradas para acoplarse sin vergüenza al tamaño del hueco dispuesto), la realidad nos dice que quizás su publicación sólo atiende a criterios de tradición. Es cierto que hay algunos diarios que tienen tiras de producción propia, fuera de lo que es la sección de humor gráfico y opinión, pero por desgracia son los menos y dirigidas a un público adulto. Es paradójico que un medio que ha sido acusado repetida y peyorativamente de infantil, tenga ahora como uno de sus grandes problemas la práctica inexistencia de obras para los lectores más pequeños. Más en prensa, donde lo que se conoce como “suplemento infantil” ha ido degenerando con el tiempo en línea con la falta de consideración que ha tenido este público desde la historieta. Sorprendente, teniendo en cuenta que los suplementos de prensa infantiles han tenido una tradición importantísima en este país (baste recordar hitos como Gente Menuda). Sin embargo, la realidad es tozuda: si comparamos El pequeño país de hace un tres lustros con el actual, el resultado es desalentador. De un suplemento plagado de grandes nombres de la historieta, con producción propia de calidad que incluía a Azpiri, Beroy, Max o Mique Beltrán, entre otros, a un cuadernillo de apenas cuatro páginas con mayoría de series compradas a sindicatos y presencia mínima de autores españoles (como las maravillosas aventuras de Gus o intentos de series propias como la Alicia de Luis Durán). Pero es indudable que los diarios de domingo y su difusión masiva eran una forma excelente de llegar a todos los hogares.
¿Tiene lugar la historieta en prensa hoy? ¿Tienen sentido los suplementos infantiles? Me gustaría responder a las dos preguntas afirmativamente, pero no lo tengo claro.
De momento, descansa en paz, Pequeño País.

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