La primera novela gráfica

Ya se sabe que existe un debate sobre quién uso primero el término novela gráfica. Un supuesto honor que se disputan Will Eisner, Steranko, Corben y Gil Kane (sin recordar que en España una década antes ya existían colecciones de “Novelas gráficas para adultos” :) ). El caso es que The Bronze Age of Blogs recupera algunas planchas de His Name is Savage! una de las obras que se supone fue la primera novela gráfica. En los USA, claro.

savage

En cualquier caso, un interesantísimo documento.

Novedades de Abril-Mayo de Dolmen

Primer avance de novedades de Dolmen:
Aprende a dibujar #8: Diseño de personajes, de Varios. Libro. 126 págs. Color y B/N 13,95 euros.
Dampyr: Los Cazadores de Fantamas, de Mauro Boselli y Mauricio Dotti, Majo. Tomo. 288 págs. B/N PVP: 15,00 euros.
Dolmen #162. Revista. 68 págs. Color. 2,95 euros.
(*)- Dylan Dog: El Séptimo Nivel, de Varios. Tomo. 288 pág. B/N PVP: 15,00 euros.
Eros #101, de Varios. Revista. 68 págs. 3,99 euros.
(*)- Gorka: El Viento de Odei, de Carlos Portela, Fernando Iglesias y Sergi Sanjulián. Novela gráfica. 160 págs. B/N. 19,95 euros.
(*)- Liberty Meadows Volumen 2, de Frank Cho. Libro. 144 págs. B/N. 30 euros.

Adios a El Pequeño País

Lo comentan en clave de humor en ADLO, pero desde luego es un indicativo y una llamada a la reflexión: desde este domingo, el diario EL PAÍS ha suprimido su suplemento infantil El Pequeño País.
pequeno-paisLa desaparición ha sido un poco por sorpresa y con la excusa de la “crisis”, pero deja en evidencia la dificultad que tiene la historieta para niños en este país. Vaya por delante que no tengo claro si la defensa de la presencia de historietas en los periódicos tiene ya sentido. Recluidas a un reducto mínimo, casi por obligación, y en muchísimos casos producto de compra indiscriminada de derechos a sindicatos americanos, con una reproducción marcada por la falta de respeto (he visto tiras deformadas o estiradas para acoplarse sin vergüenza al tamaño del hueco dispuesto), la realidad nos dice que quizás su publicación sólo atiende a criterios de tradición. Es cierto que hay algunos diarios que tienen tiras de producción propia, fuera de lo que es la sección de humor gráfico y opinión, pero por desgracia son los menos y dirigidas a un público adulto. Es paradójico que un medio que ha sido acusado repetida y peyorativamente de infantil, tenga ahora como uno de sus grandes problemas la práctica inexistencia de obras para los lectores más pequeños. Más en prensa, donde lo que se conoce como “suplemento infantil” ha ido degenerando con el tiempo en línea con la falta de consideración que ha tenido este público desde la historieta. Sorprendente, teniendo en cuenta que los suplementos de prensa infantiles han tenido una tradición importantísima en este país (baste recordar hitos como Gente Menuda). Sin embargo, la realidad es tozuda: si comparamos El pequeño país de hace un tres lustros con el actual, el resultado es desalentador. De un suplemento plagado de grandes nombres de la historieta, con producción propia de calidad que incluía a Azpiri, Beroy, Max o Mique Beltrán, entre otros, a un cuadernillo de apenas cuatro páginas con mayoría de series compradas a sindicatos y presencia mínima de autores españoles (como las maravillosas aventuras de Gus o intentos de series propias como la Alicia de Luis Durán). Pero es indudable que los diarios de domingo y su difusión masiva eran una forma excelente de llegar a todos los hogares.
¿Tiene lugar la historieta en prensa hoy? ¿Tienen sentido los suplementos infantiles? Me gustaría responder a las dos preguntas afirmativamente, pero no lo tengo claro.
De momento, descansa en paz, Pequeño País.

Descuadernado

Uno de los libros que marcó mi infancia y juventud fue la Antología de cuentos de misterio y terror de López Ibor. Dos volúmenes que corrían por la biblioteca de mi padre y que supusieron mi entrada en el género de terror. Recuerdo haber descubierto cómo cambió la imagen que tenía de muchos autores como Hoffman, Baroja o Azorín, pero también cómo descubrí a poe, Le Fanu, Lovecraft, Bierce… Es posible que mi actual querencia por el género de terror naciera del miedo que pasé leyendo La puerta tapiada, ¿Qué era aquello?, La pata de mono, El wendigo, Agazapado en la puerta, El atáud autómata o El horror de Dunwich. Recuerdo perfectamente los dos tomos al lado de la cama y las muchas horas robadas al sueño, y cómo uno a uno fueron pasando todos los relatos de la antología. Recuerdo, también, el extraño miedo que me infundió El horla, de Guy de Maupassant. Un miedo que se me quedó grabado porque no había nada terrible en el relato a simple vista. Era uno de esos cuentos donde el miedo se crea en nuestra mente ante una presencia indefinible, cercana y parecida a nosotros, quizás recordando que el mayor monstruo siempre está dentro de nuestro corazón.
descuadernadoUna memoria que se despertó cuando Paco Camarasa me comentó que Felipe Hernández Cava estaba adaptando esta obra para su colección “El cuarto oscuro”. “Buena elección”, pensé. La solidez que siempre ha mostrado Cava era una apuesta segura y el trazo quebrado de Sanyú y sus composiciones podían conseguir la agobiante atmósfera del reato de Maupassant.
Sin embargo, el terror, y más ese terror que basa los miedos que infunde en los nuestros propios, sigue caminos extraños. El horla es un relato que retrata el vértigo de la pérdida del yo, de la abducción de nuestro ser por un oscuro ente. Y Cava, en apenas unos párrafos de introducción, consigue que la obra cambie radicalmente su concepción. En ese prólogo, el autor habla del alzheimer que sufrió un ser querido y de cómo su personalidad se fue esfumando con su memoria. Precisamente ese yo al que Maupassant se aferraba desesperadamente en su relato.
Apenas unos párrafos que logran que nuestra perspectiva mude por completo: a medida que pasamos las páginas del El hombre descuadernado (¡precioso título!), editado con mimo por Edicions de Ponent, reconocemos el cuento de Maupassant, nos admiramos de cómo Sanyú transmite el quiebro de la personalidad y el caos con esas composiciones barrocas y excesivas, que parecen rebosar unas viñetas que se antojan como únicos reductos de orden en la desproporción. Ahí está esa sustitución de personalidades, la estructura de diario del original… Pero también están las palabras de Cava. No le ha hecho falta reinterpretar la obra para llevarla a su terreno: sólo darnos unos pocos matices que nos martillearán durante toda la lectura transformándola en algo todavía más terrorífico. El horror siempre tiene en la realidad una válvula de escape. Sabemos que lo que leemos es fantasía y que cuando cerremos el libro, todo volverá a la normalidad. Sin embargo, la introducción de Cava consigue que ya no exista salida: sabemos que lo que leemos tiene nombre, es real. No estamos asistiendo a un espectáculo imaginativo de un autor. Somos espectadores del horror de la pérdida del yo que existe y es, que forma parte de nuestra realidad. De ese familiar anciano que ya no nos reconoce, de ese amigo que ya no sabe quién es. La escapatoria se ha cerrado y nos ha dejado encerrados… en la realidad.
Impresionante la terna de álbumes que Cava ha conseguido enlazar durante estos últimos meses. (3+)

Dolor

Hay veces que las obras no se crean para ser leídas. Son esas circunstancias donde el dolor o la angustia atenazan tanto al autor que decide exorcizarlos de la única forma que sabe: creando. Delante de una página en blanco, da rienda suelta a sus miedos, a sus sufrimientos. Sin límite ninguno, dejando de lado la preparación, guiones, documentaciones: sólo importa sacar lo que se tiene dentro, desde las entrañas y con fuerza. Gritando a esa página en blanco que quiere acabar con todo y poder dejar atrás el pasado, olvidar con la conciencia tranquila. Son situaciones donde no importa que esas páginas terminen arrugadas en el cubo de la basura, quemadas u olvidadas en un rincón. Son el vehículo de una catarsis privada que sólo necesita un lector, el propio autor.
linthoutEs el caso de Los años del elefante, de Willy Linthout (Ponent Mon).
Recapitulemos un poco: hasta hace apenas unos meses, este autor era un completo desconocido para mí. Cuando la editorial que lo publica en castellano me pidió que hiciese el prólogo, mis primeras indagaciones no aportaron mucho más: un autor belga de gran éxito local con la parodia Urbanus, una longeva serie muy popular en su país, pero completamente desconocida fuera de la Bélgica flamenca. Existían referencias a esta obra en cuestión, que le había aportado mucho reconocimiento y premios, pero apenas nada más. Una situación de ignorancia que, posiblemente, favoreció todavía más el choque que me supondría la lectura de esta obra. Cuando recibí un ejemplar para poder leerlo y realizar el prólogo, el dibujo humorístico, que recordaba a un Margerin ligero, me desvió todavía más de lo que iba a leer. No podía imaginar que al pasar la primera página iba a entrar en una de esas obras de las que hablaba antes, en un desesperado y desgarrador grito de ayuda. Estaba leyendo la confesión de un padre que no entendía el suicidio de su hijo. Un padre que vivía en esa burbuja de felicidad que todos nos creamos alrededor y que, súbitamente, estallaba en mil pedazos. Sin saber qué hacer, sin comprender qué le pasaba a su mundo, Linthout hizo lo único que sabía: dibujarlo. Expresar en un tebeo lo que su mente no podía asumir en un intento último de hacer inteligible eso tan indefinible que es la vida. No hay guión, estructura previa o argumento: sólo hay preguntas y dolor. Dolor omnipresente y la renuncia a aceptar que su hijo ha muerto. Miedo a reconocer que la vida ya no será la misma y obcecado, casi furioso, empeño en encontrarle sentido a lo que no lo tiene. Linthout apenas dibuja, sólo aboceta un lápiz nervioso, que no pasará a tinta y que deja ver todavía más la tensión visceral que le empuja a dibujar. Y el lector, invitado de piedra en una función a puerta cerrada en la que no debería estar, asiste impotente a la autodestrucción de una persona. A cómo se encierra en una concha de sufrimiento que le va alejando de sus amigos, de su trabajo, de su pareja, viviendo tan sólo para un imposible, para un hijo que ya no está.
Se podría hacer un análisis más extenso del tebeo en términos técnicos, pero sería un error. ¿Qué más da? Es cierto que Los años del elefante cae a veces en los excesos y en las carencias, que hay fallos de ritmo, redundancias y mil cosas más. Pero nada de eso importa en un tebeo que está hecho desde la desesperación. Linthout dibuja sin pensar, sólo plasmando sentimientos y emociones y ahí está el valor de este tebeo: en lograr representar como pocas veces antes el desgarro, la desesperación que supone la pérdida de un ser amado. Es posible que aquellos que no han pasado por ese drama vean el tebeo como un exceso, como incomprensible. Pero con toda seguridad, todos los que hayan tenido ese dolor verán parte de él en estas páginas. Y reconocerán que esa tristeza es universal, que afecta a todos por igual y, quizás, en este discurso desesperado, han encontrado algo de paz.
No es un tebeo fácil, ni su lectura agradable. Pero quizás sea necesario leerlo. Porque todos hemos pasado, pasamos y pasaremos por ese dolor.

10 años de Viñetas de Ayer y Hoy

Nuevo número de Viñetas de Ayer y Hoy, la excelente revista teórica dirigida por José Ramón Saiz Viadero y Yexus, que cumple diez años de existencia informando sobre historieta. En este número, se cuenta con colaboraciones de Francisco Gutiérrez Díaz, Mario Crespo, Maribel Fernández Garrido, Graciela Komerovsky, Francisco Valcarce y Esther López Sobrado, con artículos sobre Chumy Chúmez en Santillana del Mar, la relación de Julio Cortázar con las viñetas, el trabajo de Ramón Calderón en La Codorniz y la figura y la obra de ilustradores del pasado como Justo Colongues, Manuel Lledías y María Teresa Uriarte. También se incluyen entrevistas con los dibujantes David Baldeón e Íñigo Ansola.

Clásicos del Humor: Anacleto

anacletoAtentos porque la Semana Santa ha adelantado la salida de la nueva entrega de esta colección, que se corresponde nada más y nada menos que con el turno de Anacleto, agente secreto, de Manuel Vázquez. Poco puedo decir de esta serie que no se haya dicho, una obra maestra que demuestra que Vázquez podía derrochar genialidad en cualquier ámbito, ya fuere el costumbrismo más sarcástico y de humor más negro de La familia Cebolleta al delirio casi surrealista de las aventuras de este imprevisible agente secreto. Antoni Guiral ha optado por una selección que permite comprobar la evolución del personaje y del autor sin renunciar a poder leer las mejores historietas del personaje (incluyendo la indescriptible de la banda del bicarbonato). El único pero que se le puede objetar es que uno se queda con ganas de seguir leyendo más y más aventuras del personaje.
En cuanto a la calidad de reproducción, se mantiene la tónica del anterior tomo: mejora en los bitonos y en el blanco y negro, pero reproducción en color muy irregular, con planchas correctas, otras con los colores no homogéneos y otras (las menos, afortunadamente) desenfocadas.
Teniendo en cuenta que Anacleto sólo tenía unos pocos recopilatorios en Olé y algunos recopilatorios en tapa dura en los años 70, absolutamente inencontrables, un tomo absolutamente imprescindible. (y dentro de tres semanas….¡Las hermanas Gilda!)

Enlaces:
-Las portadas de Anacleto
– Anacleto en Personajes de tebeo
– Anacleto en 13 Rue Bruguera

Zombis variados

¡Qué dura es la vida del seguidor del género zombi! En plena recuperación del género por la insistencia cinematográfica y televisiva (¿que no han visto todavía Dead Set?), el tebeo se hace eco de la euforia zombi con maravillas como Los muertos vivientes que hacen soñar con grandes obras de género. Pero la lectura de las últimas novedades nos devuelve a nuestro sofá a golpe de cruda realidad transformada en tebeos infumables o, simplemente, normalitos. Hago rápido recuento de novedades zombis tebeísticas: la primera, BlackGas, de Warren Ellis y Max Fiumara (Glénat). Truño importante que intenta esconderse tras imágenes impactantes (madre que se come a su hijo, hijo que se come a su padre, nada como la familia que comparte los manjares del día …) pero que lo que oculta es una falta de ideas, de sentido y de respeto al lector. Personajes idiotizados y una trama que es tan sólo un contenedor para esas escenas políticamente incorrectas que tanto le gustan a los E**is (póngase en lugar del *una n o una l, qué más da…). Más peligroso que un zombi. Única recomendación, huir.
Por su parte, Zombie: Simon Garth (Panini) reúne en un único volumen dos series que intentaban revitalizar el mito zombie al marvel way cortesía de Kyle Holtz, con la ayuda de Mike Raitch y Eric Powell. Por lo menos el último permitía albergar alguna esperanza (el aval de El Bruto no podía ser mejor), pero los resultados finales son, de nuevo, olvidables. Holtz se olvida del género completamente y hace una especie de versión zombi de La cosa del pantano (a la que se parece hasta gráficamente, tanto en el diseño del personaje como en el intento –infructuoso- de parecerse a Bernie Wrightson) que se queda en terreno de nadie. Si uno está muy generoso, la primera miniserie se puede leer con algún bostezo, pero la segunda sólo tiene utilidad en caso de mesas cojeantes y demás parches de bricolaje. Para olvidar.

zombies

Ahora, que si queremos realmente leer un bodrio de dimensiones galácticas, nada como meterse entre pecho y espalda XXxombies, de Rick Remender y Kieron Dwyer (Planeta DeAgostini). Remender intenta seguir un cauce más paródico llevando los zombies al cine porno (como si no se hubiera hecho ya), logrando tan sólo un seguido de chistes escatológicos sin gracia. Dwyer es un buen dibujante que en este naufragio se defiende a duras penas y puede resultar suficiente para aquellos que se contenten con los despliegues mamarios (discretitos, eso sí, que son tebeos), pero como se caiga en la tentación de leer más de tres páginas seguidos, el riesgo de embolia cerebral es altísimo, aviso. Nuestras neuronas no están preparadas para semejante agresión continuada.
Dejo para el final el único que deja una impresión un poco más decente: Biomega, de Tsutomu Nihei (Panini). Un tebeo que remeda descaradamente el argumento y formas de la saga Resident Evil pero que, por lo menos, se deja leer. Autor de indudable potencia gráfica, Nihei maneja con soltura los hilos de una trama que, si bien es totalmente previsible, por lo menos entretiene. Vistos los anteriores ejemplos, el manga de Nihei es todo un soplo de frescura, pero no deja de ser un tebeo correctito sin más que, por lo menos, cubre las necesidades de los lectores de este género sin insultarlos.
Todos calificados con (0) redondos, hechos con compás y rotring del 0.8 excepto Biomega de Nihei que llegaría al aprobado (1).

Ilusiones

Hay una escena en la imprescindible Los 400 golpes, de François Truffaut que siempre me ha parecido hipnótica, cuando Antoine Doinel entra en la atracción de la centrifugadora y comienza a dar vueltas y moverse ajeno a las leyes de la gravedad. Durante esos escasos minutos, Antoine sale de este mundo y vive una fantasía propia, una ilusión que le abstrae de la dura realidad que vive, reflejada en sus ojos, en su rostro. No son necesarias las palabras: la mirada nos los dice todo. Curiosamente, esa ilusión, esa fantasía perdida o encontrada, forma parte de dos obras muy diferentes que aparecen simultáneamente: El duveauúltimo gran viaje de Olivier Duveau, de Jali y La Laguna, de Lilli Carré. En ambos asistiremos desde perspectivas radicalmente contrarias al impacto de la búsqueda de un sueño, de una utopía. Por su parte, Jali vuelve a demostrar que es un creador de fábulas maravilloso, que teje sus historias con los hilos de las fantasías infantiles que todavía atesoramos. Acompañando a Olivier Duveau en su último viaje, somos polizones en esa apasionada aventura por encontrar esa estrella imposible, astro o mujer, qué más da, que da fuerzas al corazón para seguir latiendo cada minuto. Jali crea sus páginas a modo de pequeños poemas que van engarzándose en una historia más grande, escenas que juegan con la definición de melancolía romántica con la misma facilidad que con la de arrebato novelesco. Hay que detenerse en cada página para extraer esa lírica oculta en cada composición, que automáticamente nos traerá ecos de Antoine de Saint-Exupery y obligará al lector a sentir esa ilusión denodada, esa estrella polar que sabemos estará siempre ahí para guiarnos. Jali consigue con facilidad increíble tocar sentimientos y sensaciones para provocar un estado especial en el lector. Ese estado de abstracción que nos aísla del mundo como la atracción de feria en la que se introducía Antoine Doinel. Y allí, en esa burbuja, nos dejamos llevar completamente por esta fábula maravillosa y hermosa. Un tebeo delicioso que, por desgracia, tiene sorprendentes problemas de reproducción para la calidad a la que nos tiene acostumbrados Astiberri. Un cierto desenfoque, falta de contraste en muchas páginas… que hacen que la experiencia lectora no sea completa. Una verdadera lástima, porque esta obra se merece ser disfrutada al 100% (3+).

lagunaLilli Carré también nos habla de los sueños y de las ensoñaciones, de esas ilusiones infantiles que creamos y seguimos y que algún día pueden ser realidad. En La laguna desarrolla una historia que nos habla de un extraño monstruo que canta a la luna. Un monstruo de la laguna negra reconvertido en compañero invisible de juegos que será el eje de una reflexión a medio camino entre lo mágico y lo inquietante. Hay esbozos de del universo endogámico de Burns, pero accediendo a él tangencialmente: permanece la inquietud, pero no llega a producir ese escalofrío en la columna que desasosiega. La autora sabe moverse en un delicado juego en el que la inquietud y la tranquilidad se van alternando, movidos por la curiosidad y el misterio. Lanza así su mensaje de paradoja, en el que las fantasías infantiles sólo son parte de la realidad de los adultos, mientras que es negada a la pequeña Zoey. La nostalgia de la infancia es expresada a través de una metáfora tan inteligente como hermosa: la añoranza de los monstruos de la niñez. Esos que buscábamos horrorizados debajo de la cama cuando éramos tiernos infantes y que ahora desearíamos encontrar, esperando hallar junto a ellos el niño que fuimos. Cada adulto interpretará ese monstruo de una manera completamente distinta, como diferentes eran las ilusiones de la infancia., pero todos lo buscarán y se sentirán seducidos e hipnotizados por su melodía. La aséptica puesta en escena deudora de Burns encuentra puntos de escape a través de un delicado juego de simbolismos en los que la música, los sonidos, la canción del monstruo, actuarán de peculiar eje sinestésico. En una curiosa sustitución de sentidos, lo visual dejará paso a lo auditivo, marcando la cadencia de la lectura y el ritmo visual: un repiquetear de dedos, una canción, un metrónomo… Un álbum muy destacable de una autora a la que hay que seguir muy de cerca a partir de ahora. (3+)

Dos álbumes recomendabilísimos. No se los pierdan.

Wikio

Me informan desde Wikio que La Cárcel aparecerá en el puesto 65 de su ranking mensual de blogs a partir del domingo (por si alguien le interesa cómo queda, pinchad aquí). Si eso significa más visitas es malo, comienzo a tener problemas serios de tráfico otra vez… Me temo que en breve tendré que repensar el tema de la publicidad…

La crisis

crisisAcostumbrados a que “el mundo del tebeo siempre ha estado en crisis”, la actual crisis económica en la que estamos envueltos ha sido en cierto modo ninguneada por la industria del tebeo. Pero la realidad está siendo muy inquietante. Pese a que siempre se ha dicho que el lector de tebeos antes si quitaría la comida de la boca que sus tebeos, la realidad está mostrando que la euforia que vivía el tebeo era real y que se debía fundamentalmente a los lectores esporádicos que se acercaban al tebeo. Con la crisis, las ventas se reducen de nuevo a la minoría de coleccionistas de siempre, que no pueden aguantar, ni de lejos, la actual estructura empresarial editorial. El aviso lo lanza Joan Navarro en su blog: cierre de librerías, caída de ventas en torno al 25% durante el primer trimestre del año…. Y estamos hablando de una editorial saneada que tiene verdaderos bombazos de ventas como Naruto o Esther. Pero si miramos más allá la cosa es grave: cierto es que las editoriales minúsculas pueden adaptarse mejor a esta crisis. Son estructuras unipersonales que, en muchos casos, tienen en la edición una actividad secundaria. ¿Pero qué pasa con las grandes editoriales? Sobre todo aquellas que se han abocado a una peligrosa dinámica de dependencia de un gran número de novedades para poder sobrevivir…
Por desgracia, en tiempos de crisis, los tiburones suelen campar a sus anchas y nos encontramos ante una situación que puede ser muy preocupante: en un escenario de editoriales ahogadas por las pérdidas, los grandes grupos pueden dedicarse a comprar empresas como quien se pasea por una sección de saldos, generando una peligrosísima concentración monopolística. Esos grandes grupos (Planeta, Panini, Random House, RBA…) pueden aguantar el impacto de largas crisis, de varios años de duración, pero el resto de editoriales, simplemente, no.
Navarro da en el clavo: ¿qué pasará a partir de Junio? El Salón y el día del libro insuflarán oxígeno a las editoriales, pero… ¿y después? No olvidemos que el eslabón más débil de la cadena, las librerías, han entrado en una situación crítica. Muchas de ellas dependían para sus ganancias de unas ventas de merchandising que, directamente, se han esfumado, generando una perspectiva que sólo contempla el cierre a corto plazo del negocio. Si las librerías siguen cerrando al ritmo actual (de nuevo, con el peligro del monopolio, aunque en mucho menor medida), el circuito de distribución puede quedar peligrosamente tocado. Cierto es que las grandes cadenas como FNAC o Casa del libro acumulan ya un porcentaje espectacular de las ventas, pero las librerías especializadas son el pulmón del sector, el principal punto de distribución. Si comienzan a cerrar, se verán todos afectados: las distribuidoras, las editoriales grandes y pequeñas.
¿Soluciones? Por desgracia, los EREs y demás están a la vuelta de la esquina. La imaginación empresarial es limitadísima y no aplica jamás la fábula de la cigarra y la hormiga, pero puede ser el momento para ensayar nuevas vías de distribución y de edición, desde la apertura de nuevos espacios a la búsqueda de formatos más baratos. Quizás es el momento de probar con “ediciones de bolsillo” económicas que favorezcan que los lectores puedan acceder a entretenimiento barato. No en vano se dice que en tiempos de crisis, las editoriales de libro de bolsillo sobreviven mucho mejor. Ya llegará el momento de recuperar esas ediciones de calidad que tanto nos gustan a los coleccionistas.
Ahora hay que sobrevivir. Sería patético haber llegado donde hemos llegado, a que el tebeo se abra a un mercado que nunca antes tuvo, para morir antes de llegar. Sería un Ícaro que llegó a ver el sol y cayó achicharrado antes siquiera de poder disfrutar de su visión.

Scott McCloud en el 27 Saló del Còmic de Barcelona

[Nota de prensa]
El 27º SALÓN DEL CÓMIC contará con la participación de un autor y teórico
del cómic de renombre internacional como es Scott McCloud. Este dibujante y
teórico norteamericano (Massachussets, 1960) se inició en el mundo del cómic
en 1984 creando la serie de culto Zot!, publicada por Eclipse Comics hasta
1990 y que editará en España Astiberri coincidiendo con el Salón del Cómic.
Su labor como teórico del cómic le ha valido el reconocimiento tanto de los
lectores como de los propios profesionales del medio. Continue Reading →

Bases del II Premio Internacional de Cómic PlanetaDeAgostini

Desde Planeta me envían las bases de la segunda convocatoria del Premio Internacional de Cómic instaurado por esta editorial:
Editorial Planeta DeAgostini, S.A., con el fin de seguir promoviendo la internacionalización de proyectos de historieta de alto nivel gráfico y narrativo, convoca su Segundo Premio Internacional de Cómic Planeta DeAgostini, cuya convocatoria se regirá de acuerdo a las siguientes bases:
Continue Reading →

Contextualizar

A raíz de los comentarios sobre los chistes de humor gráfico “políticamente incorrectos” que colgaba ayer, se ha desatado un interesante debate en el que, de nuevo, es la contextualización histórica la clave. Hasta tal punto que Javier y yo caíamos en nuestra propia trampa al no hacer una correcta situación de la viñeta en la que un bracero cubano se casa con una cerda judía.
En efecto, como bien me indica Antonio Martín: “el problema radica en que la imagen está absolutamente descontextualizada, por causa de que Iván Tubau TAMPOCO la contextualizó, ni siquiera se moletó en poner el pie de texto que llevaba el chiste. […] se trata de un chiste de Sileno, humorista político español, que se publicó en la revista de humor satírico Gedeón el día 27 de mayo de 1897 (ANTES de la debacle del 98) con el título “Matrimonio morganático” y con sel siguiente pie de la viñeta: “Por fin se casa la Nieves ó vayánse ustedes á la venta del… Grajo”
La cosa va de que al progresar la revuelta insurreccional e independentista cubana, los caricaturistas hispanos se lanzaron, cada vez más, a criticar la ayuda en la sombra (y no tan en la sombra) que los Estados Unidos estaban dando a los insurrectos, al tiempo que señalaban cómo estos estaban dispuestos a todo, a cualquier cosa, con tal de conseguir sus dineros y lograr la independencia. Por ello, en este chiste, Sileno representa al típico mambí cubano como un oportunista que por dinero está dispuesto a cualquier cosa. […]Los caricaturistas gráficos españoles, ya desde unos años antes a 1898, caracterizaban a los norteamericanos bien como el Tío Sam o bien como cerdos, […] por lo que creo que la referencia o interpretación es que el negro cubano insurrecto se está desposando con los Estados Unidos, representado por el animal porcino (aunque esto no es definitivo pues encuentro otra referencia en la que se escribe que: “el levantamiento insurreccional está representado por el cerdo, al que acompaña los Estados Unidos)”
Queda por comprender a qué hace referencia la estrella y la clave numérica 41 x 14.”

He resumido un poco su largo mensaje, pero es evidente que, de nuevo, la contextualización histórica es la única forma de entender el chiste. Sacado de su contexto histórico es chiste parece claramente antisemita, pero si se comienza a analizar, es un exponente de la situación sociopolítica, en este caso de la previa a la guerra hispano-americana que desembocó en la “catástrofe del 98” y la pérdida de las colonias.
Sirva como ejemplo de la representación del pueblo americano como cerdos, y que iría en esta línea de interpretación, esta viñeta de Madrid Cómico del 9 de abril de 1898, en la que el Tío Sam actúa de Herodes sacrificando a España/Cristo ante la multitud (viñeta sacada del interesantísimo blog Cartones).

chiste

El humor gráfico de esa época está fuertemente cargado de simbologías de todo tipo, por lo que cualquier análisis apresurado como el que hice aquí es, con seguridad, erróneo. Hay que profundizar y analizar con lupa la coyuntura en el que se creó para poder entenderlo. Es posible que la estrella de David se refiera a la financiación judía de los americanos, quién sabe, en una referencia que puede ser considerada como antisemita, pero dentro de un ambiente prebélico donde la radicalización de las posturas deja de lado ya muchas consideraciones y se atacaba con fuerza a cualquier representación del “enemigo”.