Santo Cristo

santoEl atípico escenario de un salón hiperpoblado de novedades patrias puede tener como desagradable efecto secundario que, tras años reclamando con tesón esa misma coyuntura, ahora las obras de producción propia se diluyan entre la ingente cantidad de títulos que abarrotaron las librerías y se queden de lado, olvidadas e ignoradas por los compradores. Los que al final tienen que dar la bendición a una política editorial, vamos. En esa tesitura, sería una lamentable injusticia dejar de lado una obra como Santo Cristo, de Mario Torrecillas, Tyto Alba y Pablo H., que aborda el problema de la vida en los barrios marginales desde una perspectiva cercana: un barrio obrero de Barcelona en un momento tan crítico como las primeras etapas de la transición. Una temática en apariencia trillada (a fin de cuentas, es la temática base de la historieta “chunga”de los 70 y ha sido desarrollada por la generación de autores ligada a El Víbora, como Jaime Martín), pero que los autores abordan desde una perspectiva más descontextualizada temporalmente que a que aportaban aquellas historias –casi de actualidad-, buscando una reflexión a posteriori que, ahí sí, es novedosa. Pese al planteamiento de ficción inicial, es evidente que en la vida de los personajes hay componentes si no autobiográficos, de referencia cercana a los autores, lo que favorece una construcción que sabe moverse entre lo personal y un cierto distanciamiento que favorece la entrada del lector y la aportación de vivencias similares. Una juego entre lector y autores que refuerza la experiencia de lectura, dotándolo de una componente privada que hará de cada acercamiento a Santo Cristo un ejercicio distinto.
Un atractivo argumental que se potencia por un valiente y en ciertos momentos transgresor planteamiento narrativo. Los autores huyen del modelo tradicional “underground” para darle mayor importancia al entorno urbano, que en ocasiones se alza como vehículo propio de la historia, más importante que las propias personas que protagonizan las historias. Hay una elección de puesta en escena donde voluntariamente los personajes quedan escorzados y fuera de plano, dejando que sea el barrio y las calles, los edificios, los que parezcan mantener el diálogo. Una atrevida opción, acompañada de un trazo elegante y atractivo, que refuerza un discurso sobre la situación de los barrios obreros, masas que engullen a los individuos por encima de sus penalidades y que marca precisamente la diferenciación frente a otras obras previas, pero que también en muchas ocasiones es causa de ciertas confusiones narrativas. Hay episodios donde es difícil saber qué está pasando o quiénes son los personajes que dirigen la acción, ralentizando la lectura y rompiendo el ritmo natural. Un problema que es agravado (u originado) por una deficiente reproducción en muchas páginas. Sorprende que una editorial tan cuidadosa con sus ediciones como Glénat haya dejado pasar una obra donde en muchas de sus páginas no se ve nada, aparentemente empastado. Ya sea causa de los autores o de la imprenta, es labor del editor hacer notar que esas páginas rompen y dificultan la lectura.
Una lástima, porque en general y pese a los problemas narrativos –que no dejan de ser un error perdonable, un exceso de valentía por parte de los autores-, el álbum deja un excelente sabor de boca que, con seguridad, hubiera sido mucho mayor de no haber tenido estos errores de impresión. (2)

Enlaces:
Web de la obra con avance.