Los superhéroes en el mundo real

Se suele decir que Watchmen fue la primera aproximación realista al género superheroico, analizando el impacto que tendrían los superpoderes en el mundo real. Una afirmación discutible, pero que se fundamenta sobradamente en la calidad de la obra de Moor y Gibbons y en sus propuestas argumentales.
Sin embargo, leyendo este verano la colección de Superman’s girlfriend Lois Lane, cada vez tengo más claro que la primera incursión de los superhéroes en el realismo fue esta serie.
Antes de que me linchéis, me explico: la serie fue una especie de cruce bastardo entre las colecciones más vendidas de las editoriales, los tebeos de superhéroes y los tebeos románticos. Un intento algo extravagante de intentar atraer lectoras a los mundo machista de los superhéroes de los años cincuenta, pero que visto ahora con la distancia del tiempo, adquiere valores muy interesantes. En primer lugar, puramente historiográficos, con un retrato de los costumbre sociales de la época pasado por un matiz irónico. Los argumentos son, evidentemente, tan machistas como lo era la sociedad de la época, con una mirada paternalista y consentida a la mujer independiente que, pese a todo, dejaba caer de vez en cuando algún (inocente) mensaje “transgresor” para la supremacía masculina, representada con orgullo por el kryptoniano hombre de acero. Y, en segundo lugar, como el primer intento de casar el costumbrismo con el género superheroico: lo que vemos en la serie de Lois Lane es precisamente cómo chirría el género cuando se le saca de sus claves y constantes para trasladarlo a situaciones cotidianas. En lugar de salvar al mundo de los pérfidos villanos que Otto Binder inventaba continuamente, Superman debe lidiar con los celos, los problemas del noviazgo, el ansia de Lois de casarse y formar una pareja estable con hijos… Los asuntos galácticos son cambiados por los domésticos, con no pocas reflexiones acertadas -una de las historias muestra el desespero de Lois al imaginar las dificultades que tendría Superman para casar sus responsabilidades como padre y esposo con las de salvar el mundo- y un humor irónico que nace precisamente del contraste entre lo imaginario y lo real. De hecho, en esos casi cien números de Lois Lane se anticipan mil y una ideas que luego se desarrollarían ya como What if? o Elseworlds, ya como extensiones de la corriente realista que invadió el género o incluso como las que el mismo Morrison usaría en el reciente All Star Superman.
Cierto es que leídas hoy las historias de Lois Lane pueden parecer delirantes, estrafalarias e incluso ridículas, pero si ahondamos en las propuestas, contextualizamos las historias y analizamos los argumentos, es sorprendente hasta qué punto la serie avanzó en décadas muchos de los conceptos que hoy se consideran “modernos”, permitiendo aproximaciones al papel del héroe quizás no tan épicas pero con los pies en el suelo.
Un ejemplo: las dificultades de ser madre de un bebé Superman (o el antecedente de la genial Superman’s Baby Sitter de Kyle Baker). Atentos a la última viñeta, que haría las delicias de Jotacé o de un psicólogo en busca de tesis doctoral… :)
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