Sabores, olores y amores

Aprovecho la edición en castellano de El gusto del cloro (Diábolo) para recuperar y ampliar la reseña que hice sobre la edición francesa:
Hay tebeos que logran trascender el papel para que el goce visual se transforme por arte de sinestesia en una experiencia sensitiva. Se podría pensar que semejante hazaña sólo está al alcance de tebeos de rotundidad hiperbólica, de obras maestras que rebosan los límites de la hoja de papel y que cloropresentan páginas de complejo grafismo y arriesgada composición. Pero Bastien Vivès demuestra que este curioso efecto sensorial está sólo al alcance de determinadas sensibilidades. El gusto del cloro es un álbum intimista y sencillo, que cuenta la historia de un joven que debe ir a la piscina como tratamiento de un problema de espalda. Una tranche de vie simple y sencilla que Vives irá transformado con exquisito tacto en la historia de un enamoramiento. Muchos dirán que la anécdota es anodina e intrascendente. Es cierto, es uno de esos álbumes en los que no pasa absolutamente nada, donde aparentemente la idea inicial se alarga sin más. O no, porque a fin de cuentas, eso llamado amor rige nuestras vidas y Vivès lo único que hace es recordarnos la facilidad con la que caemos en él cómo nos obsesiona. Fijándose en los pequeños detalles, en esos signos indefinibles que nos atrapan de la otra persona, en la ilusión de su consecución, en el dolor de su imposibilidad.
Por eso el autor construye el álbum sobre elipsis y silencios, con esas tranquilas y largas miradas que van pasando de la curiosidad a la emoción contenida, de la alegría ilusoria a la realista tristeza. Las citas de la piscina se irán convirtiendo para el joven protagonista en una necesidad, en una ansiosa búsqueda del objeto del deseo y, así, aquella mirada perdida de las primeras veces se irá tornando en un descubrimiento de sensualidad y deseo, siempre contenido por el pudor. Sorprende cómo Vivès relata esas sensaciones y sentimientos a través de esos mínimos gestos y expresiones, narrados con elegancia y delicadeza, con ese grafismo de trazo fino que en práctica ausencia de fondos convierte a la figura humana en protagonista absoluto, omnipresente, acentuada por una composición sencilla, vehículo perfecto para esos momentos donde el protagonista se sumerge en el agua y, con él, escuchamos ese extraño universo sonoro subacuático. El azul verdoso del agua de piscina lo envuelve todo, transmitiendo ese característico fulgor casi mágico, que nos provoca casi instantáneamente la familiar sensación olfativa del cloro. Un entorno de sensaciones que van mucho más allá de lo visual y que Vives consigue hacer llegar al lector hasta conseguir que la lectura de este álbum sea una experiencia de inusual atractivo. Háganse el favor de regalárselo y regalarse con él(3-).

Avance de la obra en la web de la editorial

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