El slice of life del siglo XXI

scottDefinir Scott Pilgrim implica aceptar que es posible combinar en igualdad de condiciones el manga, los videojuegos, el slice of life, el cine de acción, las series americanas de TV para adolescentes descerebrados y el toque inteligente de sitcom humorística (con el referente claro de Friends o la excelente Cómo conocí a vuestra madre). No parece fácil, más que nada por lo inmiscible de algunos de los elementos y la dificultad de equiparar lenguajes: el videojuego es una cultura profundamente interactiva que precisa de una intervención que es imposible en historieta y parece complicado mezclar los intereses de los treintañeros con los de los adolescentes, por poner sólo dos ejemplos. Sin embargo, Brian Lee O’Malley logra una fusión de todos ellos aplicando como único aglutinante descaro y frescura en cantidades industriales. Sin prejuicios ni preconcepciones, cuenta esta historia de grupo de amigos y sus relaciones sentimentales centrándose en la figura del atolondrado Scott Pilgrim, que para conseguir el amor de ramona deberá enfrentarse a las iras de sus siete novios anteriores. Eso sí, traduciendo “enfrentamiento” por una lucha al modo de los videojuegos en la que se incorporan desde las batallas épicas a lo Dragon Ball al encuentro de ítems mágicos en la mejor tradición de los juegos de Nintendo. Todo asimilado dentro de la narración con absoluta naturalidad, asumiendo que en un momento se puede estar discutiendo sobre chicas y al otro reconvertido en luchador de alto nivel. La estética del manga y el uso de muchos de sus recursos actúa tan sólo de referente formal: sus contenidos tienen más que ver con el “slice of life” tradicional americano, tanto en el tratamiento de los personajes como en el de las situaciones, pero sin miedo a romper esquemas ni costumbres preestablecidas.
El único problema que encuentro a la serie, reconozco, es particular: Scott Pilgrim es un producto generacional, tanto en su forma como su fondo. Es una apuesta decidida por lanzar un mensaje que cohesiona todos los referentes obligados y reconocibles para la generación que vive ahora su veintena, pero en la que me resulta difícil entrar. Esas vivencias y esas referencias son ajenas a mí, supongo que la diferencia de edad ya es un abismo irreversible, y la única vía de enganche con la serie es esa desvergüenza formal que sí que me ha sorprendido y agradado, hasta el punto de hacerlo entretenido pese a la distancia generacional.
En cualquier caso, es evidente que ha llegado el slice of life del siglo XXI. (1+)