Clásicos del Humor

pitagorinEl comienzo de curso está siendo un poco complicado y mi empacho de boloñesa (que ya me gustaría que fuese debido a los excesos con la pasta, y no con los futuros planes de estudio) está haciendo que me retrase en todo, como por ejemplo con las reseñas de la colección de Clásicos del Humor, que ha entrado en una etapa simplemente imprescindible. Tras varios volúmenes dedicados a personajes de los 70 y 80 con los que servidor, debo reconocer, no conecta demasiado (aunque entre ellos se encontrara esa joya del tebeo infantil que es el Pulgarcito de Jan), los dos últimos hacen un pequeños pupurrí de personajes absolutamente delicioso. La semana pasada, los personajes más inocentones llenaron un volumen de magisterio historietístico, con Vázquez a la cabeza y dos genialidades como La Abuelita Paz y el surrealista pero vitriólico Ángel Siseñor. Sin embargo, personalmente creo que ese volumen pasará a la historia del tebeo gracias a la inclusión de casi todas las planchas de la monumental La adormilada vida de Morfeo Pérez, de Conti, una especie de versión berlanguiana de Little Nemo interpretada a modo de Walter Mitty patrio. Indispensable.
Y ojito que el de esta semana no se queda atrás: personajes frustrados que representan con exactitud y a la par imaginación la compleja personalidad del españolito que vivía el final de la postguerra y el comienzo del desarrollismo. Personajes como Don Berrinche, Golondrino Pérez o Pepe el hincha son lo mejorcito de la factoría Bruguera.
Libros obligatorios que tienen como único apartado negativo la ya conocida baja calidad de impresión (que, me parece, ha bajado mucho en los últimos volúmenes) y uno de más difícil solución todavía: las pocas páginas incluidas.
¡Señor Guiral! ¡Dejarnos así, con la miel en los labios y arrebatárnosla sin miramientos no se lo perdonaré nunca! (bueno, aceptaría como penitencia una segunda colección de clásicos…)

PD: sólo quedan dos volúmenes… ¡pero qué dos volúmenes! Doña Tula, Casildo, La terrible Fifí, Apolino Tarúguez… Una despedida por todo lo alto.

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