El fan

crumbHay veces que estas cosas de escribir sobre tebeos te dan satisfacciones inigualables. En la mayoría de los casos, desde el lado de los lectores, que siempre devuelven mil veces más de lo que tu das como buenamente sabes o puedes. Pero otras vienen de esa vertiente fan que todos tenemos, que por mucho que intentemos ocultarla bajo toneladas de sentido común y raciocinio, sale a la superficie a la que menos te esperes. Y la última ha sido un inesperado regalo de Navidad adelantado. Hace un par de meses, recibía una llamada desde EL PAÍS para mandarme un “encarguillo”, con la dinámica de siempre…
– “Oye que si podrías hacer una entrevista, que hay que hacerla ahora, aunque saldrá dentro de unas semanas”.
– “Sí claro, dime a quién…”.
– “A Robert Crumb”.
Silencio. Recojo la mandíbula del suelo y la pego con Superglue. Compruebo que funciona correctamente, aunque lo que sigue son una serie de gorgoteos inconexos intentando que mi fan interior dejara de pegar botes y chillidos de alegría. Mantengo la apariencia de serenidad. Por teléfono es fácil, mi interlocutor sólo oye la seria voz de un profesor de universidad -algo atragantado, eso sí-. Afortunadamente no puede ver que el fan interior ya ha tomado el control de parte de un brazo y de una pierna, que se mueven ostentosa pero descompasadamente cual baile de San Vito.
La entrevista se realizó telefónicamente unos días después (con el fan interior atado, amordazado y bajo vigilancia extrema) y ha sido una de esas experiencias que uno se guarda para siempre. Al ser para un medio generalista apenas podía entrar en los puntos que a mí más me interesaban del trabajo de Crumb, pero la verdad es que la conversación fue una delicia. Exquisitamente educado, Crumb respondía y se extendía en cada respuesta y mostraba una lucidez demoledora en sus respuestas. Pese a que muchas de las preguntas se las habían hecho ya mil veces, volvía a explicarse detenidamente, reflexionando cada respuesta y dejando abiertas nuevas preguntas, haciendo la entrevista sencilla y fluida. Destilando con acierto ese sentido del humor inteligente y ácido de sus tebeos.
Cuando me di cuenta, llevábamos casi tres cuartos de hora hablando. El doble de lo que se había comentado inicialmente. Si por mi hubiera sido, podrían haber sido horas y horas.
La entrevista publicada es un resumen de lo hablado que, espero, traslade a un lector que no conoce la obra de Crumb las motivaciones y objetivos de su adaptación de El Génesis.
¿El fan interior? Bien gracias. Lleva calladito desde entonces, en una especie de coma orgásmico…

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