Solo cinco

Los cinco finalistas del Premio de la Crítica en Francia:
Dieu en personne, de Marc-Antoine Mathieu (Delcourt)
Droit du sol, de Charles Masson (Casterman)
Il était une fois en France T.3 : Honneur et police, de Sylvain Vallée y Fabien Nury (Glénat)
Notre mère la guerre T.1 : Première complainte, de Maël y Kris (Futuropolis)
Rébétiko : la mauvaise herbe, de David Prudhomme (Futuropolis)
El ganador, el 3 de diciembre.
(¡Y qué ganas de leer lo último de Mathieu -una lástima que este autor siga ignorado en España- y de Prudhomme!)

Sevilla

Si están ustedes por Sevilla o tienen posibilidad de acercarse por la capital hispalense, no se pierdan por anda del mundo la exposición central del X Encuentro del Cómic y la ilustración: Sonia Pulido. Separar por colores. Simplemente espectacular. Más de un centenar de originales donde aquellos que conozcan la obra de la ilustradora se sorprenderán por sus limpios lápices, por ese trazo orgánico y cuidado que queda oculto tras sus elegantes colores. Acostumbrado a la peculiar paleta de Sonia Pulido, ver esos dibujos previos ha sido una experiencia maravillosa. Un acercamiento desvergonzado a las intimidades creativas de las ilustradora que permite descubrir nuevas claves para entender su obra. Además, la exposición se acompaña de un catálogo superlativo, que incluye la historieta La muerte y la doncella, realizada especialmente para la exposición.

sonis

Todo un acontecimiento, que define a mi entender una acertada política a la hora de plantear un evento alrededor de la historieta, con actividades que tengan una trascendencia y poso. En ese sentido los Encuentros Sevillanos son modélicos, intentando conjugar las actividades lúdicas, comerciales y de promoción, pero sin olvidar esa otra vertiente cultural que define una perspectiva a mayor plazo y que transforma la visión y opinión sobre la historieta de forma efectiva, desde un respeto que se contagia.
Mi más sinceras felicitaciones a Paco Cerrejón, director de las jornadas, y a su equipo.

Terror

Impresionante el estreno del nuevo número de Tebeosfera, dedicado al terror en los cómics. No se pierdan ni una palabra de los extraordinarios artículos de Jesús Jiménez Varea, Javier Alcázar o Manuel Barrero. Imprescindibles.

ebeosfera

Premios

Cosas del directo: coinciden en las estanterías dos premios que el año pasado disputaron una singular competencia que este año, afortunadamente, se ha transformado en lógica convivencia. Dos premios con sorprendentes similitudes en características supuestamente poco comunes a lo que se espera de estos premios. En ambos casos, una querencia por el género clásico reinterpretado desde dos posiciones bien distintas, pero coincidentes en una perspectiva moderna. En ambos casos, un formato de álbum europeo clásico cuando por todas partes se da por finiquitado, sustituido por el más moderno y políticamente correcto de la novela gráfica.
En el caso de La estación de las flechas, Guillaume Trouillard y Samuel Stento, podría repetir palabra por palabra todo lo que comenté con motivo de la aparición de Fueye, su ilustre predecesora. Esa transición entre una idea apenas esbozada, todavía virgen de todas las trampas que la narración planteara, y el libro final ya publicado es fascinante, magnética. Recuerdo perfectamente miedos similares a los que tenía con la obra de Jorge González: una idea originalísima que corría el peligro de quedarse en una anécdota graciosa si los autores no amarraban correctamente la historia. Y, de nuevo, sorpresa mayúscula ante los resultados finales: Trouillard y Stento despliegan en su obra una imaginación portentosa, que nace del humor absurdo para adentrarse en un western delirante, que bien habría podido firmar el gran Fred. Al igual que Philemon descubría los mundos que escondían las letras de Océano Atlántico, esta discreta familia que decide comprar una familia de indios en conserva para alegrar sus días descubrirá pasmada como su casa esconde nada más y nada menos que todo un escenario de western. Baños convertidos en lagos, pasillos en amplios valles, salones en inmensas extensiones… La lectura se va acelerando y casi sin solución de continuidad nos vamos introduciendo en una inmensa espiral donde es imposible adivinar qué nos sorprenderá en la próxima página. Siniestros funcionarios que intentan extraditar a la familia india, persecuciones por las amplias praderas, fontaneros que arreglan el desagüe de los lagos… el recuerdo de Fred nos ataca a cada página sin suponer la más mínima rémora, al contrario, traducido en inspirador constante que hace todavía más brillante el ejercicio de los autores. Con acierto, dejan que el ritmo se desboque para dejar al lector boquiabierto, contagiado de ese sentido de la maravilla que empapa todo el álbum.
Sólo esto sería ya de por sí razón más que sobrada para recomendar el álbum, pero es que además, los autores se permiten el lujo de experimentar con todo tipo de recursos narrativos que encajan con increíble naturalidad en el relato, desde la publicidad al relato ilustrado, pasando por todo tipo de composiciones que redondean este particular cuento moderno, que no se olvida de dejar un mensaje reflexivo sobre las supuestas bondades del mundo moderno y como la sociedad “del bienestar” ha olvidado la naturaleza. El único punto en contra, la absurda españolización de la acción, que resulta un poco impostada. Una de las sorpresas del año. (3+)
planetaextraCon Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti no existe ese componente de sorpresa, cierto, pero es que tras sus estimables colaboraciones en La Burbuja de Bertold y Gran Lienzo, sólo se pueden esperar cosas buenas de estos autores. Y Planeta Extra sigue perfectamente esa línea de recuperación de una forma de entender el género de ciencia ficción o fantástico que practicaran con éxito guionistas como Carlos Trillo o Ricardo Barreiro en los 80, usándolo como vehículo de un mensaje comprometido y social desde una aproximación costumbrista. Una historia familiar con muchos matices berlanguianos, encajada dentro de un mundo tan contaminado que la humanidad debe abandonarlo conseguirá el contraste perfecto para que Agrimbau desarrolle esa inteligente crítica de la sociedad y sus problemas que ya demostró en obras anteriores. Acompañado de un brillantisimo Ippóliti, que vuelve a demostrar unas impresionantes dotes camaleónicas para transformase ahora en seguidor del Miguelanxo Prado que nos fascinara con historias con las que guarda no pocas conexiones este álbum. Destaca, como ya es habitual, el acertado uso del color, que con esa paleta de rojos y naranjas traslada una atmósfera opresiva y sofocante, que se convierten en un protagonista más de la historia. No se puede evitar cierto regusto de historia “antigua” (¡Ay! Esta sociedad de prisas que transforma en viejo algo que apenas tiene 20 años), pero Agrimbau sigue confirmando que es uno de los guionistas más sugerentes e inteligentes del panorama historietístico, con historias que invitan a la reflexión desde el respeto al género. Se agradece (3).

Nominados para los Premios Expocomic 2009

[Nota de prensa]
Un año más, se han hecho públicos los nominados para los Premios Expocomic 2009, seleccionados entre todas las obras publicadas entre Noviembre de 2008 y Octubre de 2009. Serán los propios aficionados, a través de la web www.expocomic.com, los que decidirán los ganadores que se anunciarán el día 10 de Diciembre. La entrega de premios tendrá lugar el sábado 12 en el Salón.
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Los seleccionados para el premio de la Crítica de la ACBD

Llega el fin de año y el anuncio de los primeros premios, en este caso, los candidatos al premio de la crítica en Francia (sorprende ver Paracuellos a estas alturas, pero bienvenido sea que sea hayan dado cuenta de la calidad de una de las mejores obras de la historia):
Alpha… directions, de Jens Harder, Actes Sud – L’An 2
Blessure d’amour propre, de Martin Veyron, Dargaud
Le Chant du pluvier, der Erwann Surcouf, Joseph Béhé y Amandine Laprun, Delcourt
Dieu en personne, de Marc-Antoine Mathieu, Delcourt
Droit du sol, de Charles Masson, Casterman
Happy Sex, de Zep, Delcourt
Il était une fois en France T3 : Honneur et police, de Sylvain Vallée y Fabien Nury, Glénat
Jolies ténèbres, de Kerascoët y Fabien Vehlmann, Dupuis
Lulu femme nue T1, de Étienne Davodeau, Futuropolis
Notre mère la guerre T1 : Première complainte, de Maël y Kris, Futuropolis
Pachyderme, de Frederick Peeters, Gallimard
Paracuellos, de Carlos Gimenez, AUDIE – Fluide Glacial
Les Passagers du vent T6 : La Petite fille Bois-Caïman T1, de François Bourgeon, 12 bis
Rébétiko : la mauvaise herbe, de David Prudhomme, Futuropolis
Une vie chinoise T1 : Le Temps du père, de Li Kunwu et P. Ôtié, Kana

Miles de fanáticos de Tintin amenazan con boicotear las adaptaciones cinematográficas de Spielberg

Me pasan la siguiente nota de prensa:

Cólera y disgusto de miles de fanáticos de Tintin que amenazan con boicotear las adaptaciones cinematográficas de Spielberg.

Los gestores de Tintin arremeten contra Bob García, autor francés de cinco estudios tintinófilos cortos, y ordenan el embargo-venta de sus bienes.
Recordatorio de los hechos: en 2005 y 2006, la asociación ley 1901 Promocom publicó cinco estudios cortos tintinófilos del escritor Bob García (“Julio Verne y Hergé, de un mito al otro”, “Tintin en Baker Street”, “Tintin en el país de la novela policíaca”, “Hergé, la biblioteca imaginaria”, “Hergé y el 7º arte”), cada uno con tiradas promedio de 500 ejemplares, para que el público más joven conozca mejor a Tintin. Dos de sus obras contienen algunos dibujos de Hergé a título de breve cita gráfica y de conformidad con la convención de Berna de 1974 (ratificada por Francia), para ilustrar el propósito. Las otras obras no contienen ninguno.
Ni Promocom ni Bob García ganaron un céntimo, ni en salario ni en derechos de autor, con sus publicaciones casi confidenciales y autofinanciadas.
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Microrreseña: Takemitsu Zamurai

samuraiTras la aceleración exacerbada de Tekkon Kinkreet, pasar a la pausada armonía de Takemitsu Zamurai tuvo que suponer todo un ejercicio de autocontrol para Taiyou Matsumoto. De las carreras y persecuciones por los escenarios urbanos a la placidez de un paseo por el campo en la época Edo… Tuvo que ser difícil, pero Matsumoto consigue transmitir a la perfección ese conflicto entre la paz interior que busca desesperadamente el ronin Sôichirô Senô y el impulso violento que vive dentro del samurái que propone el guión de Issei Efuku. Lejos de las clásicas obras de samuráis que tradicionalmente nos han llegado, la obra de Matsumoto y Efuku es una compleja mezcla entre el retrato costumbrista y la reflexión sobre una forma de entender la vida que no sabe de héroes ni épicas, sino de campos sembrados y viento en la cara. Un tebeo para disfrutar con la poesía gráfica que propone el dibujante en su delicado trazo y una historia de reflexión calmada pero profunda. Muy recomendable (3)

Novedades de Glénat de Diciembre

De las novedades de Glénat de Diciembre (PDF de novedades en castellano y PDF de novedades en catalán), destacar la nueva entrega de la particular revisión que está haciendo Carlos Portela de Las nuevas aventuras de Esther, el comienzo de la edición de Gringo para los completistas de Carlos Giménez y una recuperación que emocionará a muchos nostálgicos: el Jan Europa de Edmond. Sin olvidar, El hijo, la nueva obra de los autores de la interesante Santo Cristo.

Génesis

La confusión entre autor y obra es inherente a la propia naturaleza del conocimiento humano. Por mucho que intentemos racionalizar que una obra deja de ser de su autor desde el momento que abandona sus manos, asumimos la conexión entre obra y autor como una especie de relación causa-efecto de imposible disolución. A priori, es lógico: la contextualización de una obra se produce a través del momento y vivencias del autor y cualquier análisis intentará desarrollar líneas de evolución entre las obras que anteceden y suceden a la considerada, enriqueciendo la opinión final sin olvidar el respeto a la obra como elemento independiente en sí mismo. Sin embargo, en el caso de autores de gran carisma o fuerte personalidad, esta identificación obra-autor corre el peligro de convertirse en una rémora de imposible eliminación, que puede llegar a fagocitar completamente la obra. Son esos casos donde se presupone el valor de una obra sólo por el nombre del autor o, peor, se cambia el juicio de una obra por los prejuicios que se tenga sobre el autor. Es más, la fuerza de esta influencia del autor sobre la opinión de una obra llega a ser tal que puede tener devastadores efectos retroactivos: cuántas veces nos ha pasado que descubrir la personalidad de un autor nos ha llevado a reconsiderar la valoración que teníamos sobre una obra que, anteriormente, nos había parecido inconmensurable y ahora vemos con todo tipo de aprensiones. Se llega incluso hasta el absurdo de arrasar completamente el trabajo de contextualización que se pueda aportar para analizar la obra. Los ejemplos en la historieta son muchos: desde Al Capp y Milton Caniff a Dave Sim o Frank Miller, autores de obras clave para entender la evolución del noveno arte y que han sido (y son) minusvaloradas muchas veces desde consideraciones que son ajenas a las propias obras y que recaen en la personalidad del autor. Pero seamos claros: la deriva ideológica de Capp o Caniff puede afectar mucho a sus últimas obras pero no invalida ni un ápice los logros de las anteriores. Es obvio que la personalidad de un autor se puede plasmar en sus obras, pero la realidad dicta que no siempre es una plasmación directa. Incluso si supiéramos que no existió tal deriva ideológica, la calidad indiscutible de obras como Li’L Abner o Terry y Los Piratas deberían hacernos olvidar por completo la personalidad del autor a la hora de valorarlas. Extender la admiración por una obra a la automática admiración del autor tiene como resultado profundas decepciones que nos llevan a estos equívocos. Se entra entonces en un problema todavía mayor: la interpretación de la obra, que se debe realizar desde el criterio personal en tanto relación unívoca de descubrimiento, de qué provoca en el lector, se convierte en una suerte de juego de adivinación para intentar desenmascarar al autor y descubrir sus intenciones. La contextualización de relación entre autor y obra, que debería enriquecer el análisis para favorecer el descubrimiento de nuevas claves, deviene en un simple juicio al autor donde la obra no importa.
genesisportadaEl mismo razonamiento se puede aplicar al Génesis de Robert Crumb. Desde el primer momento, y sin estar siquiera publicada, la obra ha generado ríos de opinión que se han basado en la personalidad y trayectoria de su autor. Unos, esperando una parodia destructiva y mordaz que pusiera en ridículo uno de los libros básicos de la doctrina cristiana. Otros, pensando que por la misma razón sería una provocación, una ofensa herética con el único afán de reírse de sus creencias. Incluso muchos pensarían que el señor Crumb pagaba factura por sus muchos años de excesos psicotrópicos y definitivamente perdía el oremus, pasándose al bando de los fundamentalistas religiosos, que ya contaba con importantes miembros dedicados al arte del plumín. En todos los casos, el Génesis de Crumb había sido prejuzgado y sentenciado sin ni siquiera abrir una página. El pecado, ser la obra de uno de los autores más importantes de la historia del tebeo, verdadera fuerza motriz de una forma adulta de entender el tebeo.
Pero lo cierto es que sólo ahora, con el libro en las estanterías, es cuando podemos valorar de verdad la nueva obra de Crumb. Es difícil, pero no imposible: hay que dejarse llevar por la obra sin condicionantes previos, intentando descubrir los sentimientos y sensaciones que nos provoca, que nos llevarán, de forma inexcusable, a interrogarnos sobre las intenciones del autor, consiguiendo un análisis que nazca sin la exclusión del prejuicio.
En mi opinión, dos palabras describen y resumen perfectamente mi opinión sobre El Génesis de Crumb: fascinación y reto.
Fascinación por un texto que forma parte del mayor compendio de leyendas de la historia de la Humanidad, el Antiguo Testamento. El gran desconocido, pasado siempre por un tamiz edulcorante y sintetizador que Crumb ha eliminado con una adaptación literal del texto bíblico, que permite recuperar en todo su esplendor un texto subyugante que aglutina todas las historias que han sido. El Pentateuco reescribe y asimila como propias todas las tradiciones previas, de Babilonia a Egipto pasando por Sumeria, en una especie de inmenso testimonio de la necesidad del hombre por establecer su trascendencia y que resulta de lectura apasionante, capaz de pasar de la épica a lo tosco, de lo místico a lo mundano casi sin solución de continuidad, entremezclando ideas y conceptos a un ritmo apabullante para dotar de ese sentido lógico de causa y efecto a la humanidad. Crumb apenas aporta más que pequeños pero importantes matices: la elección étnica de los personajes, la ambientación cruda y sucia, lejos de las barrocas y preciosistas interpretación de la imaginería religiosa, pero próximas al conocimiento histórico que tenemos. Se centra sólo en el Génesis (¡qué lástima no ver un Éxodo de Crumb!), provocando al lector no en la supuesta sorna del texto bíblico, sino paradójicamente en la continuación de su lectura, que aislada de las consideraciones religiosas se descubre en un arrebatador y dramático texto. Transmite con perfección esa fascinación por un libro que, como dice en la introducción, está en el inconsciente colectivo.

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Y reto, sobre todo reto. La excelencia gráfica de la adaptación de Crumb, el cuidado y preciosista trabajo de dibujo, las complejas pero acertadas elecciones narrativas… A poco que uno vaya pasando las páginas es casi imposible no sentir esa sensación de reto autoimpuesto, de reivindicación del dibujo. Tradicionalmente, la obra de Crumb se analiza desde una consideración casi literaria, que se centra en sus contenidos argumentales, en sus provocadoras propuestas e ideas. Ha generado debates acalorados sobre la droga, la religión, el sexo o la política…, ha sido protagonista de tesis doctorales y de todo tipo de estudios. Se ha repasado su influencia e importancia… pero pocas veces se ha destacado que, además, Crumb es uno de los grandes dibujantes de la historia. Que ha revolucionado no sólo las ideas, sino también concepciones estéticas y narrativas, paradójicamente desde una consideración casi académica del dibujo. El lector descubrirá en esta obra un libro que se perdía muy distinto en su memoria, pero sobre todo descubrirá a Crumb, al gran dibujante Robert Crumb. Ya no es el autor de controvertidas ideas y mensajes provocadores: es el dibujante que traslada a la narración gráfica un texto tan antiguo como la Humanidad. Una elección que le permite asegurarse que cualquiera conoce lo que va a contar y que le deja vía libre para centrarse única y exclusivamente en la traslación: se despoja por completo de la necesidad de expresar sus ideas y se lanza a la plasmación de una historia, apoyándose además en una literalidad que le permite dedicarse única y exclusivamente a lo gráfico y lo narrativo. El riguroso trabajo de documentación gráfica en cada viñeta, que cuida escenarios, vestuario e incluso utensilios (hasta los platos y vasijas cambian de una época a otra); la cuidada expresividad de los personajes, sobre los que descarga un importante trabajo de comunicación gestual con el que Crumb añade su única interpretación personal del texto bíblico, intentando reproducir unos sentimientos inexistentes en el original; la compleja inclusión de las largas enumeraciones generacionales de forma absolutamente natural en la narración gráfica; la estudiada inclusión de los textos y la tipografía dentro del discurso visual de la página (un punto complejísimo, habida cuenta de la densidad de los mismos); el sutil cambio gradual en la representación de Dios, que pasa de lo próximo a lo inalcanzable… Los ejemplos son interminables y hablan de ese espíritu de reto y superación desde la excelencia gráfica de lo que es, sin duda, el mejor trabajo gráfico de Crumb, de una belleza incontestable.

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Fascinación y reto que obran en el lector una respuesta inusitada, que permite entender el éxtasis religioso que provoca su lectura desde una postura de reflexión completamente laica. La rigurosidad documental de la exposición gráfica, frente a la literalidad textual, se unen para conseguir que el lector pueda obtener una lectura completamente distinta del primer libro del Pentateuco, que permite adentrarse en él tanto desde una perspectiva histórica como sociológica y, por supuesto, de reflexión sobre la condición humana, pero sin dejar de lado una indudable componente emotiva ligada a la formación de base cristiana que todos hemos tenido. El Génesis (y, en extensión todo el Antiguo Testamento), seamos creyentes o no, forma parte de nuestro imaginario personal.
El reencuentro que Crumb nos propone es una experiencia única, un primer paso para indagar sobre el sentido de nuestras creencias, a la par que uno de los despliegues gráficos más bellos de la historieta.

Avance de Normapara el primer trimestre de 2010

Norma publica un avance editorial para el primer trimestre del 2010. Mucho continuismo de series en marcha (Authority, La Mazmorra entre las más interesantes) y una sola novedad que me parece fundamental: Hacer ver es mentir, que espero sea la maravillosa obra de Domenique Goblet. Más que nada porque la traducción de Faire semblant c’est mentir sería un poco extraña… (más correcto sería “Fingir es mentir”…). Todo en el PDF

Un regalo de Manuel Caldas

Para servidor, esto es como un regalo de Navidad adelantado:
(****..)- KRAZY + IGNATZ + PUPS: UNA COLECCIÓN DE PLANCHAS EN KOLOR COMPLETAMENTE RESTAURADAS, de George Herriman. 42 págs. Color. Rústica. PVP:13€
El álbum incluye un desplegable reproduciendo en color una plancha de “Krazy Kat” al tamaño en que fue dibujada.

krazy

Desde aquí, mi agradecimiento público a Manuel Caldas por invitarme a prologar esta edición. Es uno de esos sueños que uno piensa que nunca podrían cumplirse… :)

Os dejo la nota de prensa:
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Inside Moebius

insideLa realización de un diario en historieta no es nueva, James Kochalka lleva ya casi diez años haciéndolo. Utilizar la historieta como mecanismo para purgar demonios internos es, de una forma u otra, una práctica bien conocida en el noveno arte, sobre todo desde los inicios del underground americano. Hacer un diario en viñetas con la excusa de haber dejado la marihuana puede ser un interesante ejercicio de sinceridad o un anodino ejemplo de onanismo exhibicionista. Pero si lo firma Moebius… puede ser cualquier cosa.
Inside Moebius parte del citado punto de partida, pero pronto toma un recodo del camino para escapar de los requisitos iniciales autoimpuestos, convirtiéndose en un extraño experimento donde Jean Giraud, Gir y Moebius se enfrentarán a través de sus creaciones y, simultáneamente, consigo mismo, en una especie de infinito diván psicoanalítico donde el autor decide dar rienda suelta a todas sus ideas intentando recuperar la libertad de la escritura automática que ejercitó en El Garaje Hermético. Una obra fundacional, que supone tanto el punto de inflexión reconocible en la transición entre Jean Giraud y Moebius como el detonador de una revolución estética y argumental que convulsionó la historieta europea en los años 70. Cuarenta años después, ya en el siglo XXI, Moebius se desprende de todo artificio estético y se lanza a la misma improvisación armado tan sólo de un Pilot, obligándose a un dibujo rápido y abocetado que no puede ocultar su inmenso magisterio gráfico… pero ya nada es igual. El juego de la escritura automática, de la creación convulsiva, de ruptura argumental casi sincopada, ya no tiene sentido como estímulo creativo. Moebius ya no quiere transformar el mundo a su alrededor: quiere mirarlo y entenderlo. Intenta mantener la apariencia de misticismo y trascendencia, pero sus intereses son mundanos. Aunque trae a todos los personajes para enfrentarse a sí mismo y a su pasado redivivo en forma de nuevo personaje, la realidad es que lo que comienza siendo una impostada reflexión sobre la creación se rompe rápidamente para derivar en un largo discurso sobre la actualidad derivada del 11-S: Bin Laden se entremezcla entre la fantasía para que Moebius pueda desarrollar sus ideas y conceptos sobre el tema. Y, paradójicamente, comienza ahí un interesante tira y afloja donde es posible escrudiñar un poco más allá: en el fondo, Moebius lo que está poniendo sobre la mesa es el alcance del concepto de autor como demiurgo absoluto. Pese a recluirse en su “Desierto B”, ese escenario imponente desértico de horizonte infinito que actúa como nexo de unión de todas sus obras, de rodearse de todas sus creaciones, incluso encerrado en un inexpugnable búnker gráfico, el exterior llama a la puerta de forma indefectible, se entremezcla y subvierte la creación original. Encerrado y atrapado, opta por usar la metáfora psicoanalítica del vuelo como evasión, escapando de esas contaminaciones de la realidad. Se lanza al caos como paradigma de su mente afectada por la marihuana, para descubrir que no es más que un eufemismo que intenta esconder la nostalgia de otra forma de crear, de aquella provocadora ruptura de las líneas argumentales que hoy ya no tiene esa efectividad. Edena ya no es una burbuja de aislamiento donde ignorar el presente.
Pero pese a todos los esfuerzos del dibujante, Inside Moebius logra una paradójica coherencia interna: es una mirada al pasado intentando buscar un sentido a toda una vida. No es coincidencia que, en paralelo con esta experiencia, Moebius haya vuelto al universo de El Garaje Hermético con un Le Chasseur Déprime que actúa de curioso contrapunto.

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A diferencia de la desnudez y minimalismo gráfico de su diario, el Mayor Grubert vuelve con una demostración ostentosa de excelencia gráfica, casi presuntuosa, en la que encontramos una inesperada subversión de términos: lo automático e improvisado queda en Inside Moebius, lo autobiográfico se desliza por todos los resquicios de Le Chasseur Déprime. En la primera Moebius es uno más de los personajes que buscan su Pirandello particular.En la segunda, Grubert en un Giraud depresivo, que vuelve a un universo que ya no tiene encaje en la actualidad. Un discurso que, en ambos casos, se plasma a través de los matices gráficos, de los trazos rápidos y aparentemente no pensados de uno al preciosismo y exquisitez de la otra, en una especie de partida de ping-pong donde se van pasando a Jean Giraud.
El principal problema que se le puede poner a la propuesta de Giraud/Moebius es que la lectura de esta obra sólo tiene sentido desde el conocimiento de su trayectoria vital y artística. Los continuos guiños y referencias adquieren su lectura definitiva –en algunos casos rabiosamente autoparódica- para cualquiera que haya seguido ese tránsito de Blueberry al Incal pasando por Arzak, Jerry Cornelius o Edena, pero puede convertirse en una especie de intrincado criptograma para aquellos que no conozcan su obra.
La edición de Norma, excelente (gran acierto lo de agrupar dos tomos en uno). Esperemos que pronto publique El cazador deprimido (ojito, posiblemente su mejor trabajo gráfico, ahí es nada).

Enlaces:
Entrevista a Moebius 1 2