House of Mistery sí, Creepy no

creepyEs curiosa la elección que ha hecho Planeta DeAgostini de editar un especial de las historias de Bernie Wrightson para House of Mistery. Curiosa por acertada: los Showcases que está editando DC recopilando la serie original recuerdan dolorosamente en cada número que el modelo de los cómics de horror de la EC nunca fue superado. El relanzamiento de la serie a finales de los 60 dirigido por Joe Orlando era un intento de competir con la pujanza y moda de las revistas de género que Warren editaba en los USA, incluso captando algunos de los autores que estaban trabajando en ese momento para Jim Warren en las famosas Creepy o Eerie y fichando a jóvenes autores como Wrightson, Aragonés, Wein o Kaluta. Sin embargo, leídos hoy, hay que reconocer que muchísimas de esas historias han envejecido mal y están a años luz de las de Ingels, Wood, Davis o Krigstein. Es cierto que hay muchas muy destacables, pero dentro del volumen editado por la DC con los 22 primeros números de esta primera etapa son las menos. Recopilar en un sólo volumen las contribuciones de Bernie Wrightson me parece un acierto, una forma excelente de ver el nacimiento de un autor que haría historia en su paso posterior por Warren, pero que ya apuntaba maneras de barroca genialidad deudora de los clásicos de la ilustración. Una edición cuidada de lo mejor de estas series es, sin duda, merecedora de aplauso.
Pero exactamente el mismo razonamiento se puede hacer para Creepy. Para muchos de nosotros, la simple mención de este título es una bofetada nostálgica que nos deja casi inconscientes, ensimismados en recuerdos de autores como Frazzetta, Wrightson, Corben, Adams y, por supuesto, los españoles Ortiz, Auraleón, Torrents, etc que dominaron las publicaciones Warren de la época. Una sensación que desaparece de golpe cuando leemos el primer recopilatorio de la colección que ha publicado Dark Horse y que el mes que viene publicará en España Planeta DeAgostini. Una edición casi facsímil que reproduce las revistas fielmente, pero que nos trae la dura realidad de que tampoco Creepy tenía que ver mucho con Tales from the Crypt. Cierto es que, en la extensión de la serie, la nómina de colaboradores fue de lujo, pero considerado cada número de forma aislada, las contribuciones de interés fueron una o dos por número, con muchísima obra de relleno que ha envejecido desastrosamente. Lo ideal hubiera sido actuar igual que en el caso de House of Mistery: hacer volúmenes recopilatorios con las contribuciones de Corben, Wrigthson, Toth, Ortiz (bueno, vale, en el caso de José Ortiz se debería hacer una colección aparte, que este hombre se dibujó media producción de Warren), etc. Supongo que la diferencia viene en este caso por la conocida ferocidad de Dark Horse en la venta de derechos, que da muchísimas menos opciones que DC. Una lástima, porque la verdad es que ediciones monográficas de las colaboraciones de diferentes autores en Warren serían una verdadera delicia, pero los recopilatorios de Dark Horse suponen un desembolso excesivo para las pocas historietas realmente destacables que hay en cada volumen. Y eso que la edición de PDA es muchísimo más barata que la americana…

Perseguidores

perseguidorCharlie Parker vivió rápido y murió pronto, demasiado pronto. Escuchar Ornithology o su magistral versión de‘Round Midnight sigue siendo un placer indescriptible (quizás, sólo quizás, superado por su dueto con Miles Davis en A Night in Tunisia). Único. Cortázar hizo de Bird literatura vibrante, que trasladaba las notas del saxo a palabras en uno de los mejores cuentos de la historia de la Literatura, con mayúscula. Clint Eastwood demostró que podía dirigir con el pulso de los mejores clásicos cuando lo llevó al cine. Sólo quedaba que el dibujo, que alguien de la historieta se fijara en él. No ha podido ser. Pero casi. Las ilustraciones de José Muñoz para la edición que acaba de publicar del cuento de Cortázar son tan hermosas como la música de Parker.
No se lo pierdan.

Arlerí

Una mujer desnuda y en lo oscuro

tiene una claridad que nos alumbra

de modo que si ocurre un desconsuelo

un apagón o una noche sin luna

es conveniente y hasta imprescindible

tener a mano una mujer desnuda.

arleriNo sé si estas palabras de Mario Benedetti estaban en la mente de Edmon Baudoin cuando se planteó hacer Arlerí, pero cada uno de esos versos tiene mucho que ver con esta apasionada declaración de amor a las mujeres que firma el dibujante. Su elegante trazo funciona como el verso de un poema, arrastrando sugerencias y evocando sensaciones. Se dibuja a sí mismo anciano, para hablar de sus amores ya olvidadas las pasiones, entablando diálogo con su último enamoramiento, una joven desnuda que alumbra su largo monólogo y actúa de contrapunto para que el autor se conteste e indague en sí mismo. Diálogos que nacen de una aparente espontaneidad que pronto se perderá, rompiendo la línea que une la ficción para entrar directamente en el discurso del autor, que a su vez romperá los límites de la historieta y de la página para invitar al lector a que entre en esta confesión sobre los propios amores.
Ideas sobre el amor, el sexo y la pasión, sobre la mujer y el hombre en un relato donde esa particular forma de entender la poesía visual va evolucionando a medida que los límites entre la ficción y la realidad se diluyen. Las estrofas finales de este largo poema visual, muestran esa bella metáfora de los personajes dibujándose a sí mismos, quizás dotándose de una vida que el autor les niega.
Baudoin es un poeta visual, quizás afectado de excesos de autocontemplación, no lo niego, pero… ¿acaso no lo es la poesía? Lo importante en Baudoin es, como cuando leemos un poema, dejarnos llevar por el ritmo, por la entonación de las palabras y por la música de los versos. Es abrirse sin miedo ni prejuicios para sentir libremente, dejando que la sensibilidad nos invada sin pasar por las limitaciones de la razón. Él lo consigue con esas cuidadas alegorías y figuras, con esos trazos y acuarelas de violentos estallidos de color. Quizás no tiene la fluidez narrativa de otros autores, pero pocas veces encontraremos tanta carga emocional en un dibujo como en Baudoin. Suficiente como para empujarnos a sus reflexiones y dejarnos atrapar en este maelstrom de sensaciones. Arlerí es la historia de unos amores, pasionales y humanos, pero también es una invitación a reflexionar sobre lo que sentimos al ver una mujer. Cualquiera, nuestra novia, amante, la que deseamos o la que odiamos. (3)

Presentación de El hijo, de Mario Torrecillas y Tyto Alba

El miércoles 16 de diciembre, a las 18:30h, en la sala de actos Farreras Valentí del Hospital Clínic de
Barcelona (Carrer Villarroel, 170. Barcelona. Planta 3ª entre escaleras 9 y 11) se presentará EL HIJO una novela gráfica de Mario Torrecillas y Tyto Alba. El Doctor Manuel Valdés, director del Instituto Clínic de Neurociencias, charlará con los autores durante la presentación sobre el pasado y el presente de la psiquiatría.

El Gran Vázquez

Ya se puede ver el reportaje emitido por la 2 dedicado al rodaje de El Gran Vázquez, la adaptación de la biografía de Manuel Vázquez que dirige Óscar Aibar y protagoniza Santiago Segura.
Hace un par de semanas me pude acercar al rodaje, y debo reconocer que tuve dos momentos de esos que no se olvidan. Primero, pasear por el set de rodaje donde se reproducía la editorial Bruguera. Pasar por las mesas y ver “originales” a medio acabar de Peñarroya, Vázquez, Ibáñez… no puedo describirlo. Fue una sensación de viaje al pasado maravillosa. La segunda, estar justo en el momento en que se rodaba la escena del timo más famoso de Vázquez, el de la muerte de su padre. Casi me saltan las lágrimas de la emoción…
Se respira mucho cariño en la adaptación, desde la labor de Óscar Aibar, el director (que trabajó como guionista en Bruguera) a la interpretación de Segura, que realmente parece Vázquez (el hijo del dibujante, asesor en la película, me comentaba que había pasado momentos muy extraños porque era volver a encontrarse con su padre…).
Una película a esperar…

mene4ndez

Presentación de Pinocchio

El jueves 17 de diciembre a las 20h, se presentará en la librería Continuarà Còmics de Barcelona la obra (Via Laiteana 29) Pinocchio de Winshluss, ganadora del Premio al Mejor Álbum del Festival de la Bande Dessinée de Angoulême de 2009. El acto tendrá lugar correrá a cargo del autor, Winshluss, y de su editor Josep Maria Berenguer.

Sobre el Museo del Cómic

Resulta curioso que las primeras críticas sobre el anuncio del futuro Museo del Cómic y de la Ilustración de Catalunya sean hacia la frase que indica que será un lugar para “difundir el legado de los dibujantes catalanes desde el siglo XIX hasta la actualidad”. ¿Qué problema hay? ¿No se puede hacer un museo de lo que sea para preservar valores culturales locales? Estoy bastante en contra de los nacionalismos de cualquier color (ya sea catalán o español, me da igual, cuestión de ideología personal y de repelús a las fronteras), pero entiendo perfectamente que existan propuestas para defender la cultura propia. Es más, me parece obligatorio defender cualquier cultura por aparentemente minoritaria que esta parezca (incluyendo la lengua, por supuesto, por encima de torticeras manipulaciones partidistas). Así que una propuesta de museo para preservar la obra de los artistas catalanes me parece interesante y necesaria (tanto como una murciana, asturiana, valenciana, madrileña, etc).
Sin embargo, en este caso, me parece que esa consideración por parte de la Generalitat entra en colisión con el proyecto inicial que se barajaba. El Museo del Cómic y de la Ilustración nace de un ambicioso proyecto, impulsado por Carles Santamaría como cabeza visible, que va mucho más allá de una simple propuesta expositiva y conservadora: es un proyecto que quiere ser dinámico y participativo, no sólo como lugar expositivo, sino como generador e impulsor de investigación y difusión de la historieta. Un centro que debería convertirse en referente europeo (y mundial) de la divulgación e investigación sobre el tebeo. Y eso, desde luego, va mucho más allá de las fronteras de Cataluña, España o Europa. Un centro de este estilo nace con ambición internacional, con el objetivo de tener entre sus paredes obras de los autores más importantes del mundo.
No se está hablando de un cementerio de obras, sino de un lugar desde donde se impulsará y recuperará la historieta clásica, donde se investigará la historieta moderna, donde los estudiosos y los autores podrán encontrar un lugar de trabajo.
Y eso, me temo, no admite visiones limitantes. Si el futuro museo es un lugar para poder ver la obra de los autores catalanes del XIX a la actualidad, será un lugar a visitar y admirar, desde luego. Pero se habrá perdido la oportunidad de tener el centro de referencia sobre historieta más importante del mundo.
No es poco lo que se juega.

Amor limpio sin amor limpio

Martin Veyron ha rizado el rizo: conseguir hacer la segunda parte de Amor limpio sin hacer la segunda parte de Amor limpio y, además, quejarse de lo que le encasilló ese tebeo. Este hombre no ha perdido ni un ápice de su mala leche con el tiempo. De hecho, se le ha agriado todavía más y consigue un tebeo delirante, provocador y divertidísimo. Blessure d’amour propre, se llama el tebeo. Que lo publique alguien, please.

¡Abajo los experimentos!

Hay que admitirlo: muchos de nosotros estamos profundamente enfermos, contagiados de esa morbosa afección que considera que la calidad está asociada a la experimentación y la vanguardia. Necesitamos imperiosamente encontrar cosas nuevas, sorprendernos a cada paso para considerar que una obra merece nuestra atención o tiene valores suficientes como para ser destacada. Es, dejénme decir algo en mi defensa, una patología lógica, producto del abuso desconsiderado de las lecturas. Al final se produce una especie de tedio trascendental que confunde términos exigiendo una nueva pirueta más alta, más retorcida, más complicada para sacarnos de nuestro hastío. Aunque también se podría decir, por qué no, que cuando ya no existen criterios objetivos de lo que es bueno y malo, cuando el arte ya no responde a una definición académica, sólo queda asirse a la sorpresa. Y claro, la sorpresa se convierte en criterio de calidad, olvidando que tan válido es el asombro por lo nuevo como la admiración por la obra realizada desde el correcto uso de los elementos, sin innovaciones, vanguardias ni experimentaciones. Es complejo no caer en el error de anteponer uno u otro criterio, desde luego: la espuma de tortilla de patata de Adriá es sorprendente y remueve los cimientos de las texturas que asociamos a los alimentos, pero lo es por complementariedad y herencia. La sorpresa viene de la comparación entre la textura conocida y el sabor conocido en una textura atípica, pero para su existencia necesitaba de la clásica y familiar tortilla de patatas. Sin una no existiría la otra.
Pasa lo mismo en historieta: nos maravillamos por las innovaciones y atrevimientos de Peeters y Vizuete (por poner dos ejemplos cercanos, a tiro de ratón) porque comparamos con aquellos que no se atreven a cruzar el cercado de lo establecido. El problema es que, automáticamente, asignamos el papel de héroes a unos y de sumisos a los otros, olvidando que nadie obliga a coger la pastilla roja o azul, que no estamos en Matrix y que, en el fondo, ambas opciones permiten llegar a resultados de excelencia. Optamos por imponer nuestro aburrimiento como regla de nuestro criterio. Y es injusto.
pupilaPero afortunadamente la medicina existe, se llama simplicidad, síntesis, sencillez… Una cura de humildad que nos recuerde que la necesidad real de la experimentación no es sacarnos del tedio, sino descubrir nuevas fronteras. Si alguno de los presentes necesita una dosis importante y rápida de ese remedio mágico, que no dude en comprarse el primer volumen de la edición integral de Gil Pupila, de Maurice Tillieux. Una obra maestra del tebeo francobelga, con una perfecta aplicación de las normas sin estridencias ni sorpresas, pero con una efectividad demoledora. Historias de género policiaco pasadas por el tamiz de la historieta francobelga, con su dosis de humor y un equilibrio perfecto entre la aventura juvenil y el guiño adulto. Una serie a reivindicar, de un autor prácticamente desconocido por estos lares pese a que la serie se publicara en la recordada revista Strong o tuviera un pequeño recorrido en álbum en edición de Casals. La amplísima y extensa introducción permite poner en escena a un autor que absorbió estilos (Hergé, Caniff, Jijé, Franquin, Morris…) para crear un estilo tan indeterminado como personal, a medio camino entre el realismo de Jijé y la caricatura de Franquin que se complementa con unas historias de construcción exquisita y que casi definieron por sí mismas una forma de entender el género (y si no, que se lo digan a Dodier). Perderse por las páginas de este integral de bella factura es recuperar el gusto por el tebeo que basa su calidad en la perfecta integración de lo sencillo, que va mucho más allá del simple oficio de artesano –tan habitual en el medio- para encontrar una buena historia contada con precisión y acierto, que basa su genialidad en lo invisible, en el buen argumento, por supuesto, pero también en la perfección del encuadre, del ritmo, de la puesta en escena. Que no es moco de pavo, oigan. Eso sí tirón de orejas a la traducción de la obra, pelín forzada en algunos momentos.
Compra obligada aunque no sea de aplicación lo dicho al principio.

¡Vivan los experimentos!

Hay quien dice que la casualidad no existe, que es el destino que nos juega malas pasadas. Quién sabe. Servidor prefiere pensar en ese romántico universo de caos azaroso que describe la física, que permite que con apenas unas horas de diferencia lea dos obras aparentemente tan distantes y distintas como Paquidermo de Frederick Peeters y El experimento, de Juaco Vizuete. paquidermonUna, la del suizo, que narra una aventura en los años 50 a medio camino entre el onirismo y las películas de espías de serie B de la guerra fría; otra, la del español, que se lanza sin red a la piscina de las referencias de la cultura (pop)ular de los lectores infantiles de los años 70. Premisas que, seguramente, las adjetivarían a priori como muy diferentes, pero que gracias a una lectura contigua en el tiempo desarrollan una particular relación entre ellas, retroalimentándose en el efecto sobre el lector (por lo menos en uno, el que esto escribe) y compartiendo finalmente mensaje único: la sutil relación entre ficción y realidad, ese tejido inconsciente que nos lleva de los sueños imaginados a las realidades vividas. Lo hacen, además, desde un juego de simbolismos consciente, en el que ambos autores dejan en el lector la responsabilidad de una interpretación que, obligatoriamente, será personal y aceptará con dificultad la traslación a otro lector. Sin embargo, ese universo simbólico que desarrollan resulta tener características propias en cada caso, ambas desde una perspectiva que nace en el imaginario colectivo de cada época considerada pero desde consideraciones alejadas. Peeters se centra en la década de los 50, en esa época de guerra fría donde los rusos (ergo los malos malosos en la interpretación mediática dominante en Occidente) estaban a la vuelta de la esquina dispuestos a comprar todos los secretos. Un escenario en el que la protagonista vivirá una experiencia onírica de clara raigambre freudiana, con símbolos y alegorías de obvia inspiración sexual (la vagina, el coito, la maternidad, el adulterio, entrar en un mundo distinto a través de una vagina…) que se codean sin problemas con otros de interpretación más clásica (la muerte, la vejez, el paquidermo reiterativo en su obra…) en un conjunto de evidente inspiración psicoanalítica. Onirismo como referente de análisis que se entremezcla con la realidad en una propuesta que no por previsible deja de ser atractiva, sobre todo por la ventaja añadida que lo gráfico aporta a lo simbólico en tanto impacto visual. Frente a la descriptiva literaria, el simbolismo representado gráficamente actúa de forma inmediata, sin la necesaria intervención de una interpretación que traduzca las palabras a concepto. Un atajo perceptual que evita las defensas de la razón y permite que el dibujo ataque desde un nivel subconsciente para propagar sus efectos con rapidez.
experimentoPero Vizuete, si bien hace uso también de un cierto onirismo, cambia a Freud por Lévi-Strauss, los sueños por los mitos, por una mitología nacidos desde la cultura popular y representados a través de su última acepción, el género superheroico. Tres fantásticos seres reconocibles, que reescriben el clásico de Kirby y Lee en forma de experimento de reclusión que bebe sin prejuicios de las nuevas fuentes mediáticas de la cultura popular moderna, de Gran Hermano y J.J.Abrams. Expresado todo como en un experimento de narrativa fragmentaria, heredero de la naturaleza episódica de los tebeos de antaño, de cuando no existía el “decompressive storytelling” y en ocho páginas se podía contar una historia, pero aderezada con una síncopa propia de la histeria televisiva de hoy. Y así, con esos mimbres, Juaco teje una estructura que le permite ir deslizando todas esas dudas que el género provoca al lector en sus primeros contactos. El sexo, la personalidad real de los villanos, el enfrentamiento con el exterior como referente de todos los males… Un recorrido que parte de la representación canónica en puesta en escena para lanzar sus dudas como elementos simbólicos, que resumen el comportamiento de los personajes en ese miedo cerval a lo que hay fuera, a unas afueras que más que geográficas son psicológicas: la frontera entre la ficción y la realidad, entre la imaginación infantil contaminada de los pensamientos adultos –el omnipresente sexo- y una realidad a la que ese Peter Pan interno se niega a acudir, cómodo y seguro en su reclusión interior. Y, de nuevo, el contraste final entre lo imaginario y lo real, un jarro de agua fría que traslada la épica de lo imposible a las miserias de lo cotidiano que no deja de ser, en el fondo, una exploración mundana de las condiciones de la creación, de ese entorno del creador que siempre consigue trasladarse a la creación por fantástica que este sea.
En ambos casos experimentación conceptual en lo argumental, ahondando en este caso en las posibilidades evocativas del simbolismo de representación dibujada, pero desde un planteamiento clásico en lo gráfico (en la superficie, hay muchas propuestas en el trabajo de Vizuete que tiene poco de clásico y mucho de Clowes).
Nuevas propuestas, nuevas ideas. Algo que siempre se agradece en el menú.

Noche Crash

El viernes 11 de diciembre, en el centro cívico Aldabe de Vitoria (Portal de Arriaga, 1-A) se celebra la Noche Crash. A partir de las 21:30h, se presentarán los premiados del Concurso de Cómic para jóvenes Crash 09. Habrá música, una pequeña exposición de los premiados y cinco dibujantes realizarán en vivo y en directo un manga. La presentación estará animada por la Asociación Tenkai.

Ganadores de los Premios de Expocómic 2009

– Mejor Obra Nacional: El Juego de la luna (Enrique Bonet y Jose Luis Munuera; Astiberri)
– Mejor Guionista Nacional: Enrique Bonet (El Juego de la luna; Astiberri)
– Mejor Dibujante Nacional: Rafa Sandoval y Roger Bonet (El Increíble Hercules: Invasión Sagrada; Panini Comics)
– Mejor Obra Internacional: Los Muertos Vivientes 8: Creados para sufrir (Robert Kirkman y Charlie Adlard; Planeta DeAgostini)
– Mejor Autor revelación: Salva Espín (WWH: El Día Despues Control de Daños; Hercules, Lobezno Primera Clase; Panini Comics)
– Mejor Fanzine: Adobo 3
– Mejor Comic On Line: Pardillos http://perdidos-comic.blogspot.com/
¡Enhorabuena a los premiados!

Presentación de ‘LACTOgraphies’ en Lleida

El dibujante Ermengol presentará este viernes en Lleida la obra LACTOgraphies, un título publicado por la editorial tinerfeña Ob Stare que recoge 31 poemas visuales sobre la lactancia materna. El acto se desarrollará en la Biblioteca Pública de la localidad y contará con la participación del autor, de M. Àngels Claramunt, presidenta de la Associació Lleidatana pro Lactància Materna ALLETA, y del escritor Xavier García [19:30; Rambla de Catalunya, 37]. La iniciativa cuenta con el respaldo de Canarias Crea, el programa del Gobierno Autónomo para la difusión de la creación isleña en el exterior.
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Novedades de Viaje a Bizancio

Viaje a Bizancio sigue con su fundamental recuperación de clásicos de nuestra historieta, con otra obra de Andrés Martínez de León.
(**)- Los Amigos del Toro o La parte sana de la afición, de Andrés Martínez de León. Prólogo de Manuel Barrero BN. Cartoné. 27,5 cm x 19 cm. 48págs. PVP: 14 Euros
Entre Tinieblas 6: Mi Esposa, Mi Vampiro, de Jordi Bayarri. Color.Rústica.17 cm x 24 cm. 64 pags. PVP: 8 Euros
Venus decapitada, de Sergio Parra. Novela de Ciencia Ficción. Colección Clatter. 410 págs. PVP: 14 Euros

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