Repaso al 2009 (II): La crisis, pasado, presente y ¿futuro?

¿Cómo ha afectado la crisis al sector del tebeo en España? Una pregunta de imposible respuesta habida cuenta del ya crónico hermetismo y secretismo con que se mueve la industria del tebeo en nuestro país. Aunque existía una especie de mantra oficial que cantaba con alegría que el sector del libro ha escapado a la crisis, la realidad ha sido cabezota y las voces oficiales hablan de bajadas de ventas de un 10% durante el 2009 que, muy probablemente, sean mayores. Sin embargo, en el sector del tebeo apenas se sabe nada. Son conocidos los problemas de algunas editoriales y es palpable la espectacular bajada de novedades (que puede rondar el 30%), pero todo lo demás proviene de conversaciones, tertulias y chismorreos. Hay coincidencia entre los libreros, por ejemplo, en la espectacular bajada de ventas del manga. El motor del sector ha sufrido un parón brusco que tendría lógica: el manga no responde a los criterios de venta habituales del coleccionista de tebeos, sino al del lector ocasional, y la más que probable reducción del disponible para gastos del público adolescente (principal consumidor del manga en nuestro país) se traduce en el abandono de las series que compraban. Sin embargo, en momentos de crisis uno de los grandes problemas del sector, la dependencia absoluta del coleccionista, se revela como una fortaleza: sabido es que los coleccionistas de tebeos antes dejamos de comer que de comprar su ración mensual de adicción. El problema es si ese grupo de esforzados coleccionistas (y, en particular, el grupo más fiel, el comprador de superhéroes), es capaz de aguantar todo un sector. Con un gran número de librerías dependientes del merchandising (que, en general, hay coincidencia también en su brutal disminución de ventas) y de las novedades de manga, el golpe puede ser demoledor. Todavía queda la campaña navideña para ver si algunas pueden sobrevivir hasta el salón del cómic, el gran balón de oxígeno del año, pero es indudable que las librerías lo están pasando muy mal. Un actor de la industria que resulta ser clave en época de crisis y con un sector replegado sobre las ventas de librería especializada. Es cierto que el formato de novela gráfica parece aguantar con fuerza el tirón fuera de este canal de distribución, pero puede verse afectado de forma similar al resto del sector de libro.
Una situación que se ve agravado por la crónica desunión del sector, que hasta el momento ha sido incapaz de articular una respuesta conjunta. Queda la esperanza abierta en el último Set de Cómic, con propuestas tangibles que pueden significar que, por primera vez, el sector actúa como tal y no como un gallinero mal avenido.
El problema es que, justo en mitad de esta delicada situación, aparece con fuerza un tema casi tabú en el mundo del tebeo: la distribución digital de contenidos. El e-book parece arrancar con fuerza (en Amazon ya se venden más libros electrónicos que físicos) y por estos lares la discusión sigue en términos carpetovetónicos, intentando que las antiguas estructuras sobrevivan al huracán digital. Lo que parece bastante improbable: llegan nuevos tiempos y los cambios tecnológicos llevarán consigo cambios socioeconómicos, entre los que, posiblemente, encontremos la práctica desaparición de las librerías generalistas, sustituidas por grandes emporios de distribución digital (empresas de telefonía, etc). El libro impreso no desaparecerá, es obvio, pero quedará restringido a un sector minoritario. ¿Cómo afectará al cómic? Es difícil mirar al futuro, pero de momento el mundo del tebeo cuenta con la ventaja de que los reproductores de e-book tienen una mala calidad de reproducción de imágenes y ausencia de color (aunque la reproducción de manga en blanco y negro es casi perfecta). Una ventaja que desaparecerá en poco tiempo: la velocidad de evolución tecnológica romperá la barrera entre la reproducción impresa y en tinta electrónica en muy poco tiempo. La poca implantación del e-book, que también se ve como una ventaja, tiene también fecha de caducidad: la implantación del libro de texto electrónico. Un futuro muy cercano que implicará que todo estudiante tendrá un e-book y, por tanto, su acceso será casi universal. En ese momento, la distribución de cómics digitales será una realidad. El problema, como siempre, el modelo de negocio, que evidentemente, nos guste o no, no pasará por la librería especializada, sino por grandes portales de distribución de contenidos. La librería especializada tendrá que especializarse precisamente en la búsqueda de ese coleccionista que no quiere la novedad del mes (que tendrá a su disposición en los portales), sino ediciones de lujo de gran calidad o buscar tebeos antiguos (¡vuelve el stock!) o merchandising asociado a sus series preferidas. Quizás es el momento de aprovechar la crisis para preparar ese futuro digital que vendrá sí o sí.

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