Microrreseña: Un zoo en invierno

Es una verdadera lástima que la última obra de Jiro Taniguchi, Un zoo en invierno, se publique apenas unas semanas después de Una vida errante, la autobiografía de Tatsumi. En otras condiciones, la obra de Taniguchi se analizaría desde la perspectiva de la serena retrospectiva que hace el autor hacía sus primeros días como dibujante de manga, pero la coincidencia temporal y temática con la soberbia obra del fundador del Gekiga hace casi imposible no caer en la tentación de la comparación entre las dos aproximaciones. Sin embargo, las evidentes similitudes temáticas (y alguna conceptual: el uso de un alter ego, “Hamaguchi”, como protagonista) abren paso a tratamientos completamente divergentes. Taniguchi, como ya es habitual en su obra, hace un relato pausado enraizado en el intimismo, narrando sus inseguridades como autor – provenientes de su dedicación casual al manga-, que desaparecerán sólo a través de una relación personal. Si en la obra de Tatsumi la pasión por hacer manga actúa de marco referencial desde el que podemos observar la historia y evolución de la historieta japonesa, en la de Taniguchi una historia de amor y transición entre la juventud y la madurez será el escenario que dejará ver, de fondo, el nacimiento de un autor. Paradójicamente, es más fácil encontrar conexiones, pese a las obvias diferencias geopolíticas y de tono, con obras de Carlos Giménez como Barrio o Los profesionales: la opción más personal, menos centrada en la evolución del medio, obliga a retratar no sólo la vida sentimental del autor, sino las anécdotas del día a día de la vida del estudio de dibujantes donde trabaja Taniguchi/Hamaguchi, eso sí, sin la componente humorística de Giménez.
Un excelente tebeo que no hay que dejar pasar.