Muertos vivientes en la carretera

Leído el noveno volumen de Los muertos vivientes (que, evidentemente, nada más salir se ha saltado la inmensa lista de espera que se está generando entre pañal y pañal) y no puedo más que reafirmar mi absoluta pasión por esta serie. Kirkman realiza un retrato brutal del ser humano, donde la humanidad se ve reducida a la nada, enterrada por instintos de supervivencia casi animales, que no saben de amistades, familia o bondades, sólo responden a un mandato: sobrevivir. Kirkman no se permite ni la más mínima piedad hacia sus personajes, una consideración que no existiría en ese mundo apocalíptico donde la muerte es la única presencia omnipresente. Había encontrado ciertas concomitancias, pero en este volumen me parecen evidentes las relaciones con la demoledora visión de una sociedad en extinción que Cormac McCarthy narra en la magistral La Carretera (que, todo sea dicho, conecta directamente con El lobo solitario y su cachorro de Kojima y Koike, pero ése es otro tema).
Entre tanto aprovechamiento interesado de la “moda zombi” que vivimos, Kirkman da una lección de utilización del género como vehículo de profunda reflexión. Posiblemente una de las mejores expresiones que ha tenido este género desde Romero.
Un tebeo excelente, no os lo perdáis. (4)

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