Regreso a Atolladero

Es difícil escapar del adjetivo “lynchiano” (en el supuesto que exista) para referirse a la sugerente Tú me has matado, de David Sánchez (Astiberri). Una inmersión sin vuelta atrás en un cóctel de referentes visuales y culturales que reescriben los tópicos de la América profunda en un discurso alucinógeno en espiral descendiente hacia los infiernos de unas comportamientos sociales perturbados cultivados a ritmo de country y rock’n’roll. Un desierto infinito, cual cárcel sin barrotes, se convierte en escenario de situaciones improbables donde religión, sexo, alcohol, racismo y patriotismo se entremezclan en perfecta disolución, mostrando un retrato retorcido de una sociedad de sana imagen “Fitness” y alma enferma. Es una lástima que el adjetivo bizarro no tenga la definición de sus homófonos ingleses o franceses, porque resultaría perfecto para identificar el extraño mundo de rarezas que presenta David Sánchez. Un mundo puramente integrado en el universo de Lynch, sí, pero también en el de Charles Burns y, sobre todo, en el de esa rara avis del tebeo nacional que fue Atolladero Texas, de Miguel Ángel Martin y Óscar Aibar. Casi veinte años después de aquellas historias publicadas en Makoki, David Sánchez transita por lugares comunes y recupera intacto ese espíritu de turbada realidad, con personajes y situaciones que recuerdan poderosamente a las que se vivían en ese lugar olvidado del mundo. Una vuelta a Atolladero a la que David Sánchez aporta nuevas perspectivas, gracias sobre todo a una estructura envolvente y circular que dota al conjunto de una lectura nueva, que abandona el choque de lo extraño para entrar directamente en un panorama aterrador. Si Atolladero Texas lanzaba un mensaje de magnética sorpresa ante un mundo de extrañas reglas que resultaba atrozmente real en ese escenario del desierto americano, Tú me has matado va mucho más allá para resolver que ese mundo no sólo sigue existiendo, sino que es inamovible: un momento congelado en el tiempo que nunca cambiará, una paradoja temporal que existirá siempre que exista el ser humano.
Atentos a este autor. La verdadera sorpresa de este tebeo es que estamos ante la ópera prima de este autor, ilustrador renombrado y valor en alza del neopop mercadotécnico que demuestra en cada página una solidez envidiable e inhabitual en los debutantes. Sus soluciones gráficas, muchas veces basadas en la repetición de patrones de puesta en escena, consigue efectos tan sugerentes como mesméricos al unirse a su peculiar paleta, perfectos para esos diálogos que recuerdan de inmediato a Tarantino.
Un tebeo muy recomendable (3)
Por cierto: se disfruta (si cabe) más con su banda sonora original.

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